El retrato y las pinceladas
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20 feb. 2013 20:01H
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A juzgar por su presentación parlamentaria del lunes, nadie diría que Jon Darpón es del PNV. O que es socialista. Muy probablemente, su discurso lo suscribiría hasta el PP. Logros de la sanidad en un País Vasco que fue, es y será referente inexcusable del Sistema Nacional de Salud. Porque mientras otras autonomías debaten lo inútil, los vascos gestionan, innovan y progresan. Y mantienen el liderazgo a base de grandes dosis de sentido común que alcanza a los representantes sanitarios de todas las formaciones políticas.

Jon Darpón.

En cualquier otro escenario, la puesta de largo de un nuevo consejero, tras un cambio de signo político en el Gobierno, hubiera despertado gran confrontación a raíz del inevitable discurso rompedor con lo realizado hasta el momento. Pero no es el caso del País Vasco. El modelo propio e identificable parece primar sobre los perfiles y caracteres personales. Y cada consejero llega, aporta su visión, deja algún que otro legado y se marcha, dejando un poquito mejor de lo que lo recibió un sistema que es la admiración del sector y que nadie se atreve a utilizar en su solo provecho.

Darpón sabe todas estas cosas y muchas más. Más que un hombre de la casa, es un profesional del sistema, un genuino de Osakidetza, que ha pasado por Cruces, Txagorritxu, Basurto y, claro está, por el mismo Servicio Vasco de Salud, como director de Asistencia Sanitaria con Gabriel Inclán de consejero. Su conocimiento, su experiencia le van a permitir abrir puertas y reducir desconfianzas. Los adversarios políticos lo tienen complicado con el nuevo consejero porque, de entrada, no le pueden juzgar como oponente, sino más bien como experto conocedor del sistema, al que obligadamente, se le debe un respeto intelectual para conocer a fondo su proyecto.

Así que Darpón habló con naturalidad en sede parlamentaria, de cuestiones poco menos que incuestionables: concentrar servicios de alta especialización, mantener el carácter público y universal de la sanidad vasca, gestionar con prudencia y eficacia ante la crisis y cuidar la comunicación y la empatía con el paciente. El sentido común, y por qué no decirlo, el agradecimiento y hasta el reconocimiento personal, le llevaron a referirse al gran legado de su antecesor, Rafael Bengoa: el giro hacia la cronicidad que está dando el País Vasco. Y dijo lo esperado: que mantendrá y, en la medida de lo posible, tratará de mejorar el modelo, integrando con mayor decisión los niveles asistenciales e implicando más a la atención primaria en el control del paciente crónico.

Osakidetza lleva años siendo un servicio de salud admirado e imitado. La crisis, que ha comprometido el prestigio de sistemas igualmente valorados, como el catalán, no parece haberle afectado. Y con Jon Darpón al frente, la historia tiene todos los visos de seguir por el mismo camino.

Rafael Bengoa

Mucho antes de llegar al Gobierno vasco de la mano de Patxi López, el prestigio de Rafael Bengoa estaba a prueba de miserias políticas. Y ha salido de la Administración con mayor reconocimiento aún del que tenía, y el tiempo lo dirá, pero como posible padre de uno de los cambios de modelo asistencial más audaces de los últimos tiempos: el giro hacia la cronicidad. Pues bien, si no le bastara con todo esto, su condición de asesor del presidente Obama le ha situado directamente en los aledaños del estrellato. Esta semana lo hemos vuelto a comprobar, con su renombrada y aludida participación en un foro sobre gestión sanitaria en Madrid y por un perfil elogioso en El Periódico de Cataluña. No cabe duda: Bengoa está (sigue) de moda.

Cosme Naveda      

Camino de convertirse, si no lo es ya, en uno de los presidentes históricos de la OMC –condición que alcanzan no pocos prohombres de nuestras corporaciones-, Cosme Naveda explica a Diario Ya por qué en muchas elecciones de colegios provinciales no hay otra candidatura, como acaba de ocurrir en Vizcaya para que él siga siendo presidente: “En general, cuando los colegiados perciben que su Colegio es comprometido, dinámico, accesible, participativo, no es habitual que haya candidaturas opositoras a la existente”. Demasiada pompa para el que, no sin acierto, también se apellida Pomposo.


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