19 nov 2018 | Actualizado: 18:10
Dom 29 marzo. 12.33H
* Juan José Sánchez Luque es presidente del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de la Provincia de Málaga

El 22 de marzo comenzó una nueva etapa en Andalucía. El Gobierno que finalmente se constituya tiene por delante un reto, desde el obligado diálogo, para transformar el ámbito sanitario, más allá de la mejora lógica que todo sistema requiere periódicamente.

Ha llegado el momento para que el nuevo o la nueva consejera de Salud asuma la transformación que merece la sanidad en Andalucía.

El deterioro sufrido en los últimos años, no puede dejarnos impasibles y se hace necesaria una reforma que incluya la partida presupuestaria que posibilite la implantación de medidas que nos haga sentir a los profesionales, y sobre todo, a los usuarios que el declive ha llegado a su final. Es hora de recuperar el sentido ascendente que nunca se debió perder en la prestación de los servicios sanitarios.

Para ello, la Consejería tiene en el tablero las piezas fundamentales para ganar la partida: profesionales bien formados que son deseados por países europeos y acuden a Andalucía para ficharlos, como si de equipos de fútbol se tratase, principalmente a las jóvenes promesas. Son médicos formados con dinero público en nuestra Comunidad.

Junto a ello, los datos evidencian como en torno al 50 por ciento o 60 por ciento, o incluso porcentajes superiores de médicos, se van a jubilar en los próximos 10-15 años en numerosas especialidades.

Estamos en un cruce de caminos peligroso que requiere estabilizar las plantillas de profesionales para que no hagan las maletas y evitar el vacío de un recambio generacional evidente.

Sobre este tablero hay que diseñar las estrategias oportunas para dar jaque mate a la crisis.

Las jugadas deben trazarse con un giro que considere las premisas del desarrollo de iniciativas que planteen modelos de unidades de gestión clínica que no sean meros espacios de autogestión virtual, sino reales. Los profesionales deben asumir el papel que merecen y los directivos con cargos intermedios han de tener márgenes para la gestión eficiente.

¿Cómo puede hablarse actualmente de unidades de autogestión, cuando sus directores no tienen margen de autoridad ni para contratar a un profesional sustituto un solo día?

¿Cómo puede ofertarse una OPE y un concurso de traslado con tan escaso número de plazas?

¿Cómo puede hablarse de accesibilidad cuando las citas de revisión con numerosos especialistas tienen las agendas cerradas o dan citas de varios meses para poder recoger pruebas complementarias?

¿Dónde han quedado los procesos asistenciales más allá de servir de instrumentos para cumplir los objetivos que plantea la Administración?

¿Dónde ha quedado el espíritu de la reforma de la década los ochenta en Atención Primaria?

¿Cómo se plantean fusiones absurdas de hospitales que rompen la marca de prestigio de décadas de trabajo de los centros sanitarios?

Muchos interrogantes, que tienen respuestas, pero que requieren presupuestos finalistas, sin echar balones fuera y donde todas las piezas (más allá de que sean peones o reyes) diseñen jugadas con el engranaje necesario para lograr el jaque mate a la crisis.

Es posible y sin interrogantes. La apuesta por valorar los méritos, el prestigio, la vocación, la dedicación, el trabajo, los conocimientos y en suma el talento posibilitará vencer la adversidad.

Entre todos podemos con los ciudadanos si sumamos esfuerzos con los partidos mayoritarios en un gran pacto con sentido de Estado y un Ministerio de Sanidad fuerte que ejerza el liderazgo compartido con los consejeros autonómicos sin competencias absurdas.

Ahora toca mover ficha. ¡Jueguen bien! Andalucía lo merece y los profesionales volvemos a estar dispuestos a recuperar la ilusión para contribuir a lograrlo.