Los mosquitos son los transmisores de esta enfermedad. (Imagen de Envato).
La
encefalitis japonesa no tendrá vacunas disponibles en la gran
compra centralizada que acaba de formalizar el Ministerio de Sanidad después de que
el lote quedara desierto.
Esta patología es una de las
principales causas de encefalitis vírica en Asia, según explica la Organización Mundial de la Salud. Está
provocada por un flavivirus transmitido por mosquitos, perteneciente al mismo género que los virus del
dengue, Zika, fiebre amarilla y Nilo Occidental. El primer caso documentado de encefalitis japonesa vírica se registró en 1871 en Japón.
La
incidencia anual de la enfermedad clínica varía de forma notable entre países endémicos e incluso dentro de ellos, alcanzando durante los brotes 10 casos por cada 100 000 habitantes o más. Según un estudio basado en revisión de la literatura y modelización, cada año se producen en el mundo alrededor de
100.000 casos clínicos de encefalitis japonesa, de los que aproximadamente
25.000 terminan en fallecimiento.
La enfermedad
afecta principalmente a niños. En los países donde el virus es endémico, la mayoría de los adultos desarrollan inmunidad natural tras haberse infectado en la infancia, aunque puede afectar a personas de cualquier edad.
Síntomas de la encefalitis japonesa
La mayoría de las infecciones son leves, con fiebre y dolor de cabeza, o incluso cursan sin síntomas aparentes. Sin embargo, aproximadamente
1 de cada 250 progresa a una enfermedad clínica grave. El periodo de incubación oscila entre 4 y 14 días.
En los niños, los primeros síntomas pueden incluir
dolor gastrointestinal y vómitos. Los cuadros graves se caracterizan por una rápida aparición de fiebre alta, dolor de cabeza, rigidez de nuca, desorientación, coma, convulsiones, parálisis espástica y, finalmente, muerte.
La tasa de letalidad puede alcanzar hasta el 30% en personas con síntomas.
Entre quienes sobreviven,
entre el 20% y el 30% sufren secuelas permanentes cognitivas, conductuales o neurológicas, como convulsiones, pérdida de audición o visión, problemas de habla, lenguaje, memoria y comunicación, o debilidad en las extremidades.
Transmisión de la encefalitis japonesa
Veinticuatro países de Asia Sudoriental y del Pacífico Occidental presentan riesgo de transmisión, según estimaciones de la OMS, lo que incluye a más de 3000 millones de personas. El virus se transmite a los humanos a través de la picadura de
mosquitos infectados del género Culex, principalmente Culex tritaeniorhynchus.
Una vez infectados, los seres humanos no desarrollan suficiente viremia como para infectar a otros mosquitos. El virus se mantiene en un ciclo enzoótico entre mosquitos, cerdos y/o aves acuáticas. Por ello, la enfermedad se localiza predominantemente en entornos rurales y periurbanos, donde las personas conviven cerca de estos huéspedes vertebrados, especialmente cerdos domésticos.
En las zonas templadas de Asia,
la transmisión ocurre principalmente durante la estación cálida, con riesgo de grandes epidemias. En regiones tropicales y subtropicales puede haber transmisión todo el año, intensificándose durante la estación de lluvias y el periodo previo a la cosecha en áreas de cultivo de arroz.
Diagnóstico de la encefalitis japonesa
Las personas que viven o han viajado a zonas endémicas y presentan encefalitis se consideran casos sospechosos. El diagnóstico inicial se basa en la
exploración física y una punción lumbar.
La confirmación requiere
pruebas de laboratorio para detectar la infección y descartar otras causas. La OMS recomienda la detección de anticuerpos IgM específicos del virus en una muestra de líquido cefalorraquídeo o suero mediante un ELISA de captura de IgM. Si el resultado es negativo, puede analizarse una muestra en fase de convalecencia. La muestra de líquido cefalorraquídeo es preferible para reducir falsos positivos derivados de infecciones previas o vacunación.
La vigilancia suele ser sindrómica para el síndrome de encefalitis aguda, con pruebas confirmatorias en centros centinela especializados. En países que controlan la enfermedad mediante vacunación, se ha establecido vigilancia basada en casos.
Tratamiento de la encefalitis japonesa
La encefalitis japonesa constituye una
emergencia médica que requiere atención urgente. No existe tratamiento antivírico específico. El abordaje es de apoyo, centrado en estabilizar al paciente y aliviar los síntomas.
Quienes han padecido encefalitis suelen necesitar cuidados a largo plazo y rehabilitación. Las discapacidades permanentes pueden tener repercusiones médicas, educativas, sociales y de derechos humanos. Sin embargo, en muchos países de ingresos bajos y medianos, el acceso a servicios y apoyo es insuficiente. Se recomienda que las personas con discapacidad y sus familias busquen orientación en organizaciones locales y nacionales especializadas, que pueden ofrecer asesoramiento sobre derechos jurídicos, oportunidades económicas e integración social.
Prevención y control de la encefalitis japonesa
En Asia se han logrado
avances significativos en programas de vacunación, y la mayoría de los países endémicos cuentan con estrategias nacionales o específicas. En los últimos años se ha observado una disminución de la incidencia, probablemente relacionada con la vacunación. Gavi apoya campañas de puesta al día y cofinancia la vacuna para inmunización sistemática en países elegibles.
Existen vacunas seguras y eficicaces, y la OMS recomienda implementar medidas de prevención y control contundentes, incluida la inmunización en todas las regiones donde la enfermedad sea una prioridad de salud pública. Incluso con pocos casos confirmados, debe considerarse la vacunación si el entorno es propicio para la transmisión. La introducción debe ir acompañada de campañas puntuales de puesta al día.
Tres tipos de vacunas contra la encefalitis japonesa
Actualmente
se utilizan tres tipos principales de vacunas: varias inactivadas derivadas de células Vero, una vacuna viva atenuada y una vacuna viva recombinante (quimérica). Una vacuna inactivada y las dos vivas están precalificadas por la OMS.
El riesgo para viajeros suele ser bajo, pero se recomienda evitar las picaduras mediante repelentes, ropa de manga larga, serpentines fumigantes y vaporizadores. Quienes vayan a permanecer largos periodos en zonas endémicas deben vacunarse antes de viajar.
En las regiones endémicas hay
poca evidencia de que otras intervenciones distintas de la vacunación humana reduzcan significativamente la carga de la enfermedad. Por ello, la vacunación debe priorizarse frente a la vacunación de cerdos o el control de mosquitos. No obstante, la propagación del virus a nuevas zonas se ha correlacionado con el desarrollo agrícola y el cultivo intensivo de arroz impulsado por programas de riego.
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