Gabriel Bastidas, Alfredo Samaniego y María Velasco.
El término
Chemsex (fusión de chemicals y sex) es un tipo específico de consumo recreativo de sustancias psicoactivas para
facilitar o intensificar la actividad sexual. Aunque es cierto que el consumo de drogas y sexo ha existido siempre, esta práctica se distingue por tres factores:
el uso de sustancias específicas (principalmente mefedrona, metanfetamina y GHB/GBL); su vinculación mayoritaria a
hombres que tienen sexo con hombres (HSH), donde se incluye a personas gays, trans y no binarias; y la
duración prolongada de las sesiones, que pueden extenderse durante varios días.
Tres factores que hacen del Chemsex una realidad a la que se debe hacer frente desde los sistemas sanitarios públicos. Por que sí, la realización de estas prácticas se considera, actualmente
un problema de salud pública, ya que desemboca en la propagación de infecciones de transmisión sexual (ITS). Por ello, diferentes especialistas consultados por
Redacción Médica tienen claro cuáles son las dos armas principales para 'ganar' la batalla a este fenómeno:
más formación reglada a profesionales sanitarios desde el
MIR,
PIR o
EIR y una mayor ideación de estructuras o centros multidisciplinares donde se incluyan a
psicólogos clínicos, enfermeras y médicos para, así, ir 'todos a una'.
Entrevistar al paciente sin juzgar
Según afirma a este medio
Gabriel Bastidas, miembro del Grupo de Trabajo de Negrourología de la
Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), uno de los principales retos a los que se enfrentan los profesionales a la hora de atender a las personas que realizan estas prácticas son
"las barreras de comunicación", provocadas por "la falta de formación". "Es imprescindible que tanto los especialistas adjuntos como los residentes MIR reciban formación específica en
salud sexual,
diversidad LGTBIQ+ y reducción de daños. Necesitamos que los médicos
pierdan el miedo a preguntar sobre sexo y drogas para evitar que el paciente se sienta juzgado o incomprendido, pero desde una visión cercana, respetuosa y profesional", subraya.
Una cercanía que para
María Velasco, presidenta de GeSIDA y especialista en Medicina Interna con formación específica en Enfermedades Infecciosas,
es fundamental. "Es muy habitual que los hombres que tienen sexo con otros hombres se sientan discriminados, y más si realizan estas prácticas. Hay que entrenar a los profesionales para que utilicen
las formas de entrevista adecuadas y, así, generen un entorno bueno de consulta", señala. Es decir, un facultativo, cuando atiende a un ciudadano que puede practicar Chemsex, debe "realizar
una valoración aséptica sin contenido de juicio para evitar en todo momento que la persona se siente juzgada".
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Velasco: "Hay que entrenar a los profesionales para que utilicen las formas de entrevista adecuadas y, así, gener un entorno bueno de consulta"
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De hecho, desde el punto de vista de la internista, otra de las principales 'trabas' que se encuentran los sanitarios es que
"no existen los suficientes recursos coordinados". "Lo ideal sería contar con más centros en los que trabajen psicólogos, médicos y enfermeras, entre otros, para evitar las derivaciones, que es la práctica cotidiana en la mayoría de centros", insiste. A lo que añade que profesionales de ciertas especialidades, como puede ser Psiquiatría, en ocasiones,
"no están especializados en el tema".
Especialización en Chemsex en la sanidad española
Dos ejemplos estructurales en los que sí existe ese abordaje multidisciplinar son los
Centros Sanitarios Sandoval I y I, que son monográficos y de referencia en el diagnóstico y tratamiento de las ITS. En ellos trabaja el psicólogo clínico
Alfredo Samaniego. "Nosotros valoramos, por ejemplo, la conciencia que la persona tiene del problema, si hay deseos de cambio, si hay motivación para ello y qué estrategias ha ido poniendo en marcha previamente, aparte de buscar
cuál es una solución eficaz y cuál no", explica a este medio.
En estos casos, tal y como asegura Samaniego, "son comunes
las emociones de vergüenza y culpa". "Existe mucha homofobia interiorizada, que suele tener un papel central. Muchos viven historias traumáticas y muy complicadas que, en muchos casos, les hacen participar en este tipo de prácticas, que les permiten
gestionar determinados malestares", concreta.
El propio especialista coincide con Velasco en la importancia de "no juzgar" a los pacientes. "La Atención Primaria es clave, así como las clínicas especializadas en ITS, donde estas personas van a hacerse un despistaje. Al final, son
las puertas de entrada, por lo que las entrevistas médico-paciente deben hacerse desde el respeto, pues muchas personas piden ayuda si ven que están en un entorno seguro y pueden contar, sin ser juzgados, que efectivamente
están utilizando ciertas sustancias y acudiendo a ciertas sesiones", detalla el psicólogo clínico.
Hacia un "engranaje multidisciplinar" necesario
Para lograr una atención de calidad y efectiva existe un evidente
"engranaje multidisciplinar" en el que la coordinación interprofesional juega un papel clave. En este proceso de atención, según Bastidas, intervienen
infectólogos, para el manejo de VIH, Hepatitis C e ITS;
psiquiatras y psicólogos, para tratar la dependencia y los problemas de salud mental adyacentes como ansiedad, baja autoestima y soledad;
trabajadores sociales, "fundamentales para abordar los determinantes sociales que rodean en ocasiones a estos consumos"; y
enfermeras, "vitales en la educación para la salud y el seguimiento de tratamientos".
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Bastidas: "En este proceso intervienen infectólogos, psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales y enfermeras"
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Aunque la puerta de entrada es muy variada, como se ha comentado previamente, todos los profesionales deben
estar alerta y saber detectar si la persona que tienen delante forma parte del 'mundo Chemsex'. "La clave para ello es
la normalización de la salud sexual. No debemos esperar a que el paciente lo cuente, debemos preguntar proactivamente ante ITS recurrentes o en localizaciones extragenitales, cambios bruscos en los hábitos de sueño o pérdida de peso inexplicable o solicitud de Profilaxis Post-Exposición (PEP) o interés en la Profilaxis Pre-Exposición (PrEP)", profundiza Bastidas.
En ese momento, en cuanto un profesional detecta estos casos, comienza
un proceso de colaboración sociosantario. El médico de Familia explica cómo se da en el caso de Atención Primaria: "Si el riesgo es principalmente infectólogo, se coordina con Unidades de Enfermedades Infecciosas o Centros de ITS; si hay un trastorno por uso de sustancia grave, se deriva a Centro de Atención a Adicciones (CAS/CAD); y si existe patología dual o crisis de salud mental, a Salud Mental".
Las ONGs y su función como tercer sector
Según advierte, "lo ideal es
que no sea una derivación de salida, sino una comunicación bidireccional donde el médico de Familia siga siendo el referente del paciente (en su caso) y donde el paciente sea parte activa de todo el proceso". Otras personas, en palabras de Samaniego, "acuden a los
recursos comunitarios, es decir, las ONGs, que es lo que se conoce como el tercer sector".
Aun así, desde su consulta, él también puede detectar estos casos. "Yo si estoy con pacientes y veo casos en los que se empieza a presentar sintomatología psicótica, coordino con Salud Mental o con Urgencias Hospitalarias. Si me cuenta que ha tenido una relación desprotegida y en ese momento no estaba tomando la PrEP, pues también puedo hablar con el equipo de Enfermedades Infecciosas. Si veo que el riesgo excede de lo que es las prácticas de Chemsex, puedo hacer también un informe para que lo valore su médico de Atención Primaria", detalla el psicólogo clínico.
Aunque ese tercer sector que mencionaba es "imprescindible". "Debemos tener mucha coordinación con los CAD y las ONGs. Al final, llega el fin de semana y muchos centros públicos cierran", insiste. Un momento en el que "comienzan a usarse
las aplicaciones de geolocalización y la persona afectada puede buscar parejas sexuales". "Muchos se pasan días encadenando parejas y
llega el lunes y no van a trabajar", incide. Por ello, hay que recordar que las prácticas del Chemsex no son en sí mismo "un problema psicológico, pero tampoco únicamente médico".
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Samaniego: "El Chemsex afecta a la vida laboral, a los seres más significativos de una persona y a la salud física"
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"Afectan a la vida laboral, a los seres más significativos de una persona y también a la salud física. En cuanto a salud mental, en muchos casos hay una comorbilidad, ya que son personas con
depresión, sintomatología ansiosa o incluso con ideas suicidas, ya que en algunos casos han tenido intentos de suicidios previos", subraya Samaniego. Así, para que no caigan en las 'garras' del Chemsex, se intenta que las personas que lo practican tengan "la mente ocupada los fines de semana, algo que consiguen las asociaciones al organizar ciertas actividades, por ejemplo".
Sin embargo, no todos los profesionales sanitarios saben
cómo tratar a un paciente con estas características: "Hay muchísimo desconocimiento". Y es que los tres especialistas coinciden en la necesidad de seguir formando en Chemsex.
De la autoformación a la formación reglada
En palabras de Velasco, actualmente, "
hay mucha autoformación, aunque es algo deficitaria". "Es verdad que existe mucha voluntariedad de conocer cómo son estos casos. Además, desde las sociedades científicas, las ONGs y el Ministerio de Sanidad se han creado diferentes cursos", apunta.
Eso sí, para ella no es suficiente.
"No está bien estructurado", achaca. Para la internista, el temario sobre Chemsex debería estar integrado "en el calendario formativo de residentes y profesionales". "Tendríamos que tener la posibilidad de
una actualización docente. Se puede incidir en la formación académica, en diplomas o incluso en títulos propios", añade.
La situación actual sobre este tipo de prácticas, aunque es incierta, preocupa. "Estamos observando un incremento, aunque es difícil cuantificarlo con exactitud debido al infradiagnóstico", explica Bastidas. Un incremento de casos que, tal y como comenta, se debe a múltiples factores como "el uso de
aplicaciones de geolocalización, la alta movilidad, la popularización en ciertos grupos sociales, la infravaloración del riesgo y, afortunadamente, gracias a
una mayor confianza de los pacientes para consultar por estos temas gracias a la reducción del estigma en consulta".
En cuanto a localizaciones, Samaniego explica que el Chemsex puede tener lugar en
viviendas privadas, hoteles, festividades o saunas, entre otos. "En Madrid y Barcelona, por ejemplo, ya está declarado como un problema de salud pública desde 2017, por lo que es algo sobre lo que un sanitario tiene que tener conocimiento", anota.
Oferta formativa, investigación y colaboración en el SNS
El Ministerio de Sanidad, actualmente, cuenta con un grupo de trabajo sobre Chemsex, que está formado por representantes de:
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Divisón de Control de VIH, ITS, Hepatitis Virales y Tuberculosis
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Plan Nacional sobre Drogas
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Planes autonómicos
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Ayuntamientos de Madrid y Barcelona
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Organizaciones de base comunitaria
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Sociedades científicas
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Centros de investigación
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Centros de ITS
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Personas usuarias de Chemsex
En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, hay un grupo de trabajo de la Dirección General de Salud Pública de la Consejería de Sanidad. "Incluye profesionales de distintos ámbitos (Hospitalaria, Emergencias, Primaria, adicciones, ONGs, centros de ITS...)", señala el psicólogo clínico. De hecho, a nivel nacional, un profesional puede consultar la
'Guía del curso de formación online: Abordaje integrado de la salud sexual y los problemas de consumo de drogas en el contexto del chemsex', organizado por la Fundación Estatal, Salud, Infancia y Bienestar Social, y acreditado por la Escuela Nacional de Sanidad del
Instituto de Salud Carlos III.
Un conjunto de recursos que los sanitarios que conforman el
Sistema Nacional de Salud (SNS) pueden aprovechar. En juego, una formación coordinada para hacer frente a un problema de salud pública que, actualmente,
altera la vida de cientos de personas en nuestro país.
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