Redacción Médica
23 de octubre de 2018 | Actualizado: Martes a las 20:30
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Hasta el infinito y más allá

Joaquín García-Estañ López, director del Centro de Estudios en Educación Médica de la Universidad de Murcia
Lunes, 11 de junio de 2018, a las 10:30
Todavía fresco el nombramiento reciente de un gran científico como Ministro de Ciencia, Innovación y Universidades, me pide Redacción Médica que evoque mis años de Presidente de la Conferencia Nacional de Decanos de Medicina en la época en la que se creó el primer Ministerio de Ciencia e Innovación, encargado a Cristina Garmendia.

Aunque originalmente faltaba el término Universidades, el nuevo Ministerio recogió inicialmente las competencias de Ciencia y Educación Universitaria que en la anterior legislatura tenía el Ministerio de Educación y Ciencia, que pasó a llamarse Ministerio de Educación, Política Social y Deporte. No obstante, en abril de 2009, las competencias de Educación Universitaria se traspasaron, de nuevo, al Ministerio de Educación. 

En su primer año, el Departamento contó con dos Secretarías de Estado, la de Investigación, ocupada primero por Carlos Martínez Alonso y luego por Felipe Pétriz, quien fue el anterior Director General de Universidades (luego cambiado a DG de Política Universitaria) con el Secretario de Estado, Márius Rubiralta. Estos dos últimos, ex-rectores de las Universidades de Zaragoza y de Barcelona, respectivamente, fueron nuestros interlocutores principales.


"Es excesivamente imaginativo que el TFG sirva también para TFM"


Fueron tiempos convulsos para nosotros con el inicio de los nuevos Grados “boloñeses” y con el problema del Máster para los Grados en Medicina, fundamentalmente. Recuerdo bien ambos y a ambos. A Pétriz le reconozco habernos recibido multitud de veces, habernos escuchado atentamente y no hacernos ni caso. En sus notas de nuestra peticiones, nos dibujaba cajitas que representaban el Grado y Posgrado. En esta última incluía el máster y el doctorado y ahí quedaba todo.

Por estos pasos hay que pasar y Medicina no es más que nadie para ir directamente al Doctorado. Nosotros le escuchábamos respetuosamente, asintiendo a sus cajitas, y en nuestro turno le decíamos, mire usted (luego terminamos hablándole de tú), es que tenemos 6 años de Grado y los créditos necesarios, 360, para ir directamente al doctorado y de ahí no le sacaba nadie. ¿He dicho que era aragonés? Nosotros también éramos “aragoneses” e insistíamos e insistíamos hasta que propuso solicitar un informe a varios expertos.

Esto ya se sabe, los expertos nos dieron la razón y empezó a dibujar una flechita desde el Grado al Doctorado para nosotros (y los que vinieron detrás). Pero, en estas se fue a Investigación, donde entre otros “logros”, impulsó la reforma del Doctorado.

Y nuestras cajitas fueron retomadas por Rubiralta, al que recuerdo con gran simpatía pues fue él quien dejó el tema prácticamente zanjado, aunque la solución fue excesivamente imaginativa y él no llegó a verla completada. Propuso un Máster en Medicina que sería otorgado a los Graduados en Medicina automáticamente, ya que nosotros demostramos que nuestro Grado incluía competencias del Máster. El tuvo la idea de que ese máster llevara incluída la evaluación de las competencias clínicas, lo que ya se hacía en el Grado, y fuera parte del trabajo fin de máster, junto con el trabajo de investigación.

Como decíamos entonces, Grado con competencias de Máster. Un TFG que era también TFM. Muy imaginativo, demasiado. Pero, esta idea genial (la de la evaluación de las compatencias de habilidades de comunicación y clínicas), se convirtió poco después en el germen de lo que hoy conocemos como la ECOE nacional, en el seno de la Conferencia de Decanos. La solución definitiva, ya se sabe, vino después, con el asunto sencillo de incluir el Grado en la clasificación MECES con el nivel de Máster.


"Ojalá todos los partidos políticos se convenzan de la bondad de incluir Universidades en el Ministerio de Ciencia e Innovación"


Como se comprueba, los asuntos de los Decanos son académicos fundamentalmente. Apoyamos fervientemente la investigación en nuestras Facultades, pero estas competencias quedan fuera del ámbito de los Decanatos, en general, y asignadas a los grupos de investigación y a los Vicerrectorados de Investigación. Me sumo a las voces que ya lo han expresado mejor que yo.

Me parece muy buena idea incluir claramente a las Universidades en el Ministerio junto con Ciencia e Innovación. Pero, por favor, que dure más que con el anterior. Ojalá todos los partidos políticos se convenzan de la bondad de esta medida. También hay que pedir paciencia, no esperen efectos inmediatos, pero si se mantiene será bueno ya que la investigación es un motor fundamental para la mejora de la docencia.

Me gustaría terminar con unas recientes palabras de Mariano Barbacid, a  próposito del tema: “El sistema universitario español, lo dicen todas las estadísticas, es irrelevante en el escenario académico internacional y eso habría que cambiarlo. Hay una frase acertada que una vez se utilizó en un editorial: «gestionar miseria»... si no hay más dinero olvidémoslo, conformémonos con ser un país de segunda división y que investiguen otros”.