21 nov 2018 | Actualizado: 15:10
Por José Ramón González-Juanatey, presidente de la Sociedad Española de Cardiología
Lun 04 noviembre. 19.16H

Presidir la Sociedad Española de Cardiología (SEC) en la situación que está atravesando nuestra sanidad supone una gran responsabilidad, que asumo con el mayor de los compromisos. La reducción del 13,65% del gasto sanitario este último año sitúa a España a la cabeza de Europa, tras Grecia, en el listado de países con mayores recortes en este sector. Asimismo, cada vez observamos un menor uso de los servicios preventivos, un aumento de las barreras al acceso a los servicios sanitarios y el retraso prolongado en la incorporación de nuevas tecnologías más eficaces.

Este desafortunado escenario nos obliga a las sociedades científico-médicas como la SEC a poner en marcha estrategias que garanticen la excelencia del que es, sin duda, el mayor logro social de nuestro país: el sistema sanitario público. Y es que este sistema, alabado internacionalmente por garantizar una asistencia de calidad a todos los pacientes con independencia de su procedencia social y de su nivel socioeconómico, corre peligro si no tomamos medidas urgentes que modifiquen la tendencia actual.

En esa inequívoca defensa del sistema sanitario público, la SEC tiene mucho que decir en cuanto a la forma de atender a los pacientes con enfermedades cardiovasculares. Por ello, ya hemos puesto en marcha Incardio, una iniciativa para determinar los indicadores mínimos de referencia de la calidad asistencial de excelencia en Cardiología con los que que se puedan identificar y corregir las diferencias asistenciales que se dan entre comunidades autónomas, áreas sanitarias y entre hospitales.

Lo que pretendemos con este proyecto es definir, para cada una de las diferentes áreas de la especialidad, parámetros fácilmente registrables que nos permitan ofrecer una información transparente sobre la calidad asistencial a la comunidad científica, a las autoridades sanitarias y a la población en general para que todos podamos comparar resultados e identificar deficiencias y mejoras. La calidad es medible y solo cuantificándola y comparándola con indicadores establecidos y conocidos por todos, con la mayor transparencia posible, puede demostrarse y exigirse el nivel adecuado de excelencia a todos los grupos de profesionales. 

Pero no solo los cardiólogos debemos asumir nuestra responsabilidad como parte del Sistema Nacional de Salud con auditorías continuadas y cumpliendo objetivos que garanticen la calidad de la asistencia, sino que todos los estamentos del sistema sanitario público deben aceptar este compromiso, principalmente los gestores, a quienes debería reclamarse independencia política y profesionalización. Estas dos cualidades corregirían en gran parte las deficiencias organizativas actuales y evitarían procesos experimentales de privatización, donde los pacientes resultarían los primeros perjudicados.

Desde la SEC trabajaremos con el mayor de los esfuerzos para lograr la consecución de estos fines, optimizando día a día los recursos de los que dispongamos para que nuestro sistema sanitario público preserve la excelencia asistencial que merecemos todos los ciudadanos.