22 de mayo de 2017 | Actualizado: Lunes a las 19:30
Domingo, 10 de marzo de 2013, a las 02:25

Por Amelia María Corominas Garcia, presidenta del Colegio de Enfermería de Murcia

 

Espantoso escándalo sanitario en España por primar objetivos económicos por encima de la calidad del servicio. El presidente del Gobierno se ha visto obligado a pedir disculpas ante el Parlamento.

Tal vez dentro de un tiempo leamos un titular similar.

El antecedente lo tenemos en este titular que sí que es real y ha sido publicado en prensa hace unos días: Espantoso escándalo sanitario en Staffordshire, Inglaterra, por primar objetivos económicos por encima de la calidad del servicio. El primer ministro británico, David Cameron, se ha visto obligado a pedir disculpas ante el Parlamento.

Es lógico hacerse preguntas en relación a esto del tipo: ¿cómo se ha producido esto? ¿En España puede ocurrir lo mismo? A la segunda pregunta yo creo tajantemente que sí.

Por un lado, aunque la responsabilidad, la excelente formación, la ética, y la mirada humanista de los profesionales del sistema sanitario hasta ahora mayoritario, el público, consiguen atenuar de momento los devastadores efectos (como ha ocurrido en Staffordshire) que supone para la ciudadanía la excesiva mercantilización de estos servicios de salud, están llegando al límite de su capacidad amortiguadora.

Por otro lado, la  ciudadanía, más allá del ejercicio de su derecho al voto cada cuatro años, todavía no ha encontrado la forma de ejercer su legítima soberanía sobre estos asuntos que tanto atañen a su calidad de vida presente y futura. Además, ya se encarga el Gobierno que detenta el poder de limitar, o suprimir de facto, la legítima participación de los ciudadanos en las decisiones políticas eliminando, por ejemplo, en el caso de la Región de Murcia, mediante la Ley regional de mayo de 2009, 3/2009 de usuarios de sanidad, los consejos de salud de zona.

Los diferentes gobiernos y responsables políticos tampoco favorecen la correcta gestión de los recursos públicos lanzando mensajes negativos (las generalizaciones ideológicas no son argumentativas, son retóricas, injustas y ofensivas) respecto al buen hacer de todo aquello que sea público.  

Eso sí, establecen por decreto fórmulas que permiten a concesiones o empresas privadas hacerse cargo del negocio de lo público pero sin asumir la transferencia de riesgo que esto supone (caso de Ribera Salud y la concesión del hospital de Alzira, participada entre otros por la antigua CAM y Bankia-Bancaja que se retornó a los valencianos, cuando en teoría no se podía hacer así, cuando no les fue rentable y volvió a hacerse con el negocio cuando se renegociaron los precios a su favor pasando de cobrar 234 € por valenciano con derecho a asistencia en dicha zona de salud a cobrar 379 €) generando una transferencia de recursos desde la población hacia la élite financiera. Detrás de todo ello tal vez esté el conocido mecanismo de la puerta giratoria que permite a la élite política al abandonar la política entrar en la élite de las empresas con las que ha tenido relación en su etapa política.

Respecto a la primera pregunta de ¿cómo se ha producido esto? tal vez haya que buscar la respuesta en la Reforma Protestante del siglo XVI. El calvinismo genera una racionalidad que busca como virtud las maneras más adecuadas para conseguir la máxima cantidad de riqueza y vincula enriquecimiento con  la salvación eterna.

Ahí los países PIGS hemos topado con los países como Alemania que nos ven como poco virtuosos. Sus continuos mensajes reprobatorios por desviarnos del camino correcto nos están induciendo a un sentimiento colectivo de culpabilidad cuasi religiosa. Esa racionalidad (que no es racional sino ideológica, pero que siendo ideológica tampoco es desinteresada) creo que subyace a este cambio brusco de políticas que nos están imponiendo desde los países más virtuosos económicamente a los menos. Tal vez no busquemos la salvación por el trabajo, pero sin embargo cuidamos de nuestros hijos, de nuestros desempleados, y de nuestros ancianos cuando lo necesitan. Nuestros sistemas de salud no son comparables, ni nuestras economías, ni nuestras respectivas calidades de vida.

La eterna lucha entre argumento y retórica

Sin embargo, por mucho que intentemos argumentar desde la ciencia o desde las profesiones sanitarias que este modelo (el que ejemplifica Staffordshire) no se ajusta a nuestra realidad ni a nuestras necesidades, chocamos contra un muro ideológico casi de fe contra el que no valen argumentos. Es la eterna lucha entre lo argumentativo y lo retórico donde el que sabe convencer o tiene el poder y los medios, convence. Mientras que el que tiene la razón y los argumentos, pues eso, tiene la razón. Lo de argumentar no es condición necesaria ni suficiente en política.

Por último, como enfermera que soy, además de ciudadana que ve-cómo-todo-aquello-que-tanto-nos-costó-conseguir-se-va-al-garete, madre, hija y futura anciana, quisiera concluir lanzando, desde las contradicciones de mi profesión, un mensaje de esperanza para afrontar las contradicciones de nuestra sociedad.

Las enfermeras somos un colectivo tan antiguo como los cuidados en las cuevas del paleolítico y tan nuevo en los círculos respetables de la universidad como España en los círculos respetables del G-20. No éramos ni mejores ni peores antes de ser 'respetables'. De hecho no creo que en el fondo todavía se nos respete. Eso sí, ya no nos prohíben la entrada. Somos un colectivo poco mercantilista, que todavía sigue siendo humanista y que todavía maneja ciertos valores, añejos y algo pasados de moda, pero por mucho que lo hemos intentado no hemos podido deshacernos de ellos. Tenemos problemas externos e internos somos irrelevantes políticamente, con falta de liderazgo y nuestros líderes adolecen de falta de compromiso con las bases. Las élites en el fondo nos ningunean y no son conscientes del coste de oportunidad que supone hacerlo posponiendo el desarrollo de que ejerzamos un papel más central y un ámbito de práctica más avanzado. 

Nuestras élites, si no son egoístas, carecen de visión o tal vez ya no sepan conectar con sus bases; da igual progresistas que conservadoras.

La situación de la enfermería española es contradictoria: tenemos actualmente a las enfermeras con mayor grado académico y clínico (especialistas EIR de dos años) de la historia, pero eso no se ha conseguido todavía trasladar al mundo laboral ni profesional. Eso es una asignatura pendiente de la profesión y de la sociedad española. Es fácil encontrar enfermeras especialistas con 6 (4+2) años de formación reglada universitaria más especializada (que ahora por ley se homologa también a máster y da acceso directo al doctorado). Eso es alentador y a la vez frustrante.

Los más cercanos al paciente

Tenemos una gran fortaleza numérica pues somos unas 250.000 tituladas en España, y somos los profesionales más cercanos al paciente, somos en general gente que ha visto mucha miseria y muerte y está curada de espantos y de tonterías, por lo que somos humanas, tenemos los pies en la tierra y sabemos trabajar en equipo. Somos polivalentes y relativamente baratas.

Ahora en teoría debería desaparecer el 'techo de cristal' que limitaba nuestro desarrollo profesional tanto en la clínica como en la gestión y en la investigación. Sin embargo la Administración (como legislador y como principal contratador de enfermeras de España) mira para otro lado y silba. No sabe qué hacer con nosotras. No nos aprovecha como el recurso de tremendo valor que somos, nos corresponde ser las profesionales del cuidado, por ejemplo en la atención a la dependencia: dependencia y enfermería van cogidas de la mano; y en la atención a la cronicidad.

La sociedad nos necesita pero no lo sabe. Se equivoca cuando contrata a otros profesionales para que les curen cuando lo que necesita son cuidados de larga duración y tal vez alguna consulta puntual con médicos, dentistas, etc.

Nuestros políticos y gestores se equivocan, se equivocan cuando recortan nuestras plantillas, cuando diseñan estrategias de atención a los pacientes sin contar con nosotras.

Están abocados al fracaso, si merman a los profesionales que están más preparados para prestar la primera atención al paciente, para guiarlo en su salud y en su enfermedad, si no los tienen en cuenta para planificar estrategias, si se los excluye de la gestión de los centros de salud y se disminuyen las gerencias de Enfermería, siendo estos profesionales más eficientes y rentables, el resultado no puede ser otro más que el encontrarnos con un titular como con el que comenzaba estas reflexiones.