20 mar 2019 | Actualizado: 18:40
Todos los que navegamos por el sistema de salud somos conscientes de su situación de inestabilidad y las tempestades de insatisfacción que se producen en el mismo. Cierto que es fuente de mucha bondad para todos a los que cura, mejora o cuida, pero parece que siempre hay a la par quejas sin fin a la que atender. Quejas de ciudadanos, pacientes, profesionales, expertos y de las consejerías de Hacienda sobre lo mucho o lo poco que gastamos, lo que hacemos o lo que no deberíamos hacer.

El sector sanitario público no se va poder a sostener así mucho tiempo, y no hablo ahora de sostenibilidad financiera, tema en el que soy experto, pero que me preocupa ahora menos que la imposible sostenibilidad organizativa que lo empapa. El modelo de Atención Primaria cuestionado por sus propios profesionales, necesita una revolución para adaptarse a nuestro entorno hiperdemandante y de banalidad mezclada con casos complejos, frágiles y sociosanitarios, y el modelo hospitalario exitoso en su parte de factoría quirúrgica y de pruebas (como dice Jordi Varela), está confuso, desnortado y también saturado, sobre todo en invierno, en cuanto a la atención al paciente frágil y sociosanitario.


"Estamos en un punto sin retorno al ser esclavos de nuestro éxito en atraer a la población a nuestros brazos maternales"


Estamos en un punto sin retorno al ser esclavos de nuestro éxito en atraer a la población a nuestros brazos maternales, sin haberles empoderado ni preparado para el mundo, como madre sobreprotectora. No hemos sabido concienciar a grandes sectores de la población y armarlos para la mejora de sus hábitos.

Algunos dirán que son las clases bajas por el mero hecho de serlas las que no mejoran o pueden mejorar sus hábitos, ni alimenticios, físicos y tóxicos. Sin embrago esto se extiende también a la clase media y no hay signos claros de que esté tan relacionado con el poder adquisitivo sólo, sino con la cultura y educación recibidas, y también buscadas por la propia persona.

Incluso a los ciudadanos cultos con alto nivel de información y formación no les ayudamos los propios  profesionales del sector de la salud, con mensajes contradictorios y numerosos bulos. Por ejemplo, en dieta saludable una persona inquieta podrá encontrar en la redes y en plataformas como Netflix un documental de defensores de los carbohidratos y el azúcar, que demonizan la carne, la leche y los huevos como alimentos cancerígenos y productores de montones de enfermedades, mientras que luego puede encontrarse un libro donde demoniza a los carbohidratos como fuente de todas las enfermedades prevalentes actuales, y ensalzan a la grasa animal, carne y pescado, huevos y lacteos como la mejor alimentación.

En cuanto a las vacunas encontrará desde anti-vacunas estrictos, hasta los defensores más acérrimos de cualquier vacuna sin importar su relación coste-beneficio y sus costes de oportunidad.

La población vuelve hoy sus ojos al "doctor". al médico, en busca de ayuda para estas dudas y cualquier problema de salud. No está mal que así sea, después de décadas publicitando que hay que consultar al médico por todo lo hemos conseguido a base de bien. Pero ahora estamos desbordados, la Primaria no aguanta la presión y como expone magníficamente en un post Angel Ruiz Tellez no es cuestión  de seguir bajando los cupos de pacientes sin ninguna otra reflexión y medidas que nos hagan cambiar el escenario. Se requieren cambios radicales, una revolución.

Nuestro primer gran primer error fue el no dar a la población otro referente en salud que no fuera el médico.


"La revolución de Atención Primaria pasa por una revolución de la atención enfermera en Primaria, en los domicilios y en el centro"


Tenemos muchas enfermeras en España sin trabajo, formadas y deseosas de ofrecer a la comunidad sus capacidades. La revolución de Atención Primaria pasa por una revolución de la atención enfermera en Primaria, en los domicilios y en el centro.

Por supuesto que eso necesitará más plantillas y aprendizajes y capacidades específicas, pero hay disponibilidad y ganas en enfermería, y no hay disponibilidad por falta de profesionales en la Medicina, y a veces tampoco ganas de hacer Medicina en el domicilio, con la cantidad de información valiosísima que aporta de hábitos, condiciones de salubridad, cultura, soporte familiar y social, etc..

Y de nuevo citando a Jordi Varela y su libro nuevo libro '5 intensidades de provisión para 1 sanidad más valiosa' (imprescindible para quienes buscamos renovar el sistema de salud), hay que acabar con ese embudo que hace converger todo en el médico de familia, Gran parte del equipo, previo al médico, debe filtrar y muchas veces resolver. La enfermería debe pasar de cuidar sólo a diagnósticar y tratar determinadas condiciones y enfermedades muy frecuentes y claras, sin que ello sea anatema, ni nadie se rasgue las vestiduras, pues eso también es cuidar y lo hacían nuestras madres y abuelas, al menos de los que tenemos más de 50. Y si para ello hay que hacer cambio legales, habrá que hacerlos.

Actividad programada por la tarde


Tampoco es lógico mantener un sector sanitario público donde el 80 por ciento de la actividad se hace en turno de mañana y se deja muy poco para la tarde.

Es realmente insensato y un desperdicio no aprovechar totalmente instalaciones caras y complejas, y mantenerlas tantas horas sin actividad programada. Diseñamos ampliaciones de servicios, bloques quirúrgicos, consultas externas, servicios de diagnóstico, y pruebas especiales, etc., planificando que solo estarán a pleno rendimiento ¡por la mañana! ¡Es realmente increíble!


"Es realmente insensato no aprovechar totalmente instalaciones caras y complejas, y mantenerlas tantas horas sin actividad programada"


Si pusiéramos a trabajar la capacidad instalada en nuestro sistema sanitario público de quirófanos, ecografos, TACs RNM, endoscopias, consultas de especialistas, etc., desaparecería la demora o quedaría reducida a la mínima expresión. Pero seguimos sin poder o querer poner profesionales médicos de tarde, ni cambiamos las leyes para que ponerlos sea fácil. Aquí la enfermería tiene la ventaja de estar acostumbrados al trabajo en turnos.

Si se puede, mejor atención en el domicilio


Otro aspecto a arreglar es la parte de hospitalización médica en los hospitales, con una primera premisa: si puede recibir los cuidados que recibiría en el hospital en casa con la visita de un equipo médico y de enfermería, que esté en casa.

Ante la preponderancia del paciente anciano, complejo, polimedicado, frágil y sociosanitario actual, y que va a seguir así a futuro, el equipo de atención a domicilio junto con la hospitalización a domicilio que debería extenderse de manera universal, deben trabajar para evitar ingresos e ingresar en casa si es necesario.

En esos equipos hay que integrar primero a su médico de familia, que debe estar al tanto de todo y que controlara el proceso, y además geriatras, médicos de cuidados paliativos, enfermeras, trabajadores sociales, enfermeras gestoras de casos y de enlace, nutricionistas, médicos de urgencias, internistas, rehabilitadores y fisioterapeutas cuando se necesiten.

En las plantas el paciente pluripatologico complejo debe estabilizarse y pasar de nuevo a sus domicilios en cuanto sea posible, para de nuevo ser controlado por el médico de familia con la ayuda del potente dispositivo multidisciplinar domiciliario que he descrito. Este núcleo tan potente de profesionales a domicilio o de proximidad multidisciplinar mantendría al paciente lo más sano posible y lo más alejado del hospital mientras no lo necesite por desestabilización aguda.

Queda mucho para esta transformación asistencial enfocada en la complejidad, y no he comentado  la transformación digital que también es necesaria, y que puede ayudar a que todo funcione más fluido, rápida y eficientemente gracias a una historia clínica sociosanitaria común para todos esos profesionales en la propia casa del paciente a través de tablet, videoconferencias cuando se necesiten, pruebas informadas a distancia, ecógrafos portátiles, etc.

Nos espera una revolución, pero nos va a costar mucho más hacerla debido a nuestro régimen jurídico tan rígido mayoritario: la gestión directa pública, que inexcusablemente debe ser reformada para poder introducir flexibilidad y agilidad, para poder cambiar turnos, tareas y funciones adaptarlos a las necesidades de los pacientes, no a la conveniencia y comodidad de los propios colectivos.

Y poder tener capacidad de discriminar la implicación el buen hacer positivamente. De lo contrario veremos como la sanidad privada y otras formas alternativas de gestión se adelantaran en ofrecer a la población lo que necesitan, de hecho en parte ya lo están haciendo.