Redacción Médica
22 de julio de 2018 | Actualizado: Domingo a las 11:10
Martes, 11 de febrero de 2014, a las 11:11

Después de la victoria, la reflexión. El País ha vivido el intento de externalización de la gestión de seis hospitales de la Comunidad de Madrid mostrando la movilización ideológica de los grandes momentos, aquellos en los que siente la responsabilidad y la obligación de marcar el camino del progresismo y la justicia social. Hoy hace una recapitulación para cuadrar el círculo con un reportaje titulado Una sanidad pública… y eficiente. Y le añade en portada un subtítulo que remata su posición al respecto: La presión privatizadora agita el debate de cómo mejorar el sistema.

Es evidente que la sanidad pública tiene muchas virtudes, pero una de ellas no es –nunca lo ha sido- la eficiencia. El periódico de Prisa le da la vuelta a este argumento, compartido por todas las administraciones sanitarias, de cualquier signo político y casi desde la misma configuración del Sistema Nacional de Salud, para sostener, a través de la firma de Jaime Prats, que cuestionar la eficiencia es en realidad sinónimo de privatización: "La gestión privada de la sanidad es más eficiente que la pública. Esta dudosa premisa, junto al argumento, entre otros, de que la mejora del sistema público es un reto hercúleo del que es imposible no salir trasquilado han cimentado ideológicamente una ofensiva destinada a entregar porciones de la sanidad pública española a empresas privadas".

En el reportaje hablan algunos de los más conspicuos consultores de la posición ideológica de El País en materia sanitaria como Marciano Sánchez Bayle o José Manuel Repullo. Afortunadamente, hay otras visiones más cercanas a la realidad, como las de Juan Oliva o Salvador Peiró. Pero el aire del reportaje deja claro que la introducción de medidas flexibilizadoras -fin del modelo estatutario, introducción de incentivos, transparencia, resultados y gestión clínica- que permitan lograr esa eficiencia que supuestamente se persigue topan con infinidad de obstáculos administrativos e ideológicos. Es decir, la rigidez contra la que se lleva luchando desde hace mucho tiempo ya.