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El orgullo de estar colegiado

Juan José Sánchez Luque, Presidente del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de la Provincia de Málaga
Martes, 13 de septiembre de 2016, a las 19:30
Los tiempos han cambiado una barbaridad. Vivimos en una sociedad marcada por las nuevas tecnologías, donde encontramos en nuestro ordenador, Ipad o -ustedes me perdonen el anglicismo- ‘smartphone’ la fuente de conocimiento en lugar de las vetustas bibliotecas donde nos sumergíamos en la búsqueda a veces heroica de encontrar las mejores evidencias científicas.

Nuestra práctica ha mejorado enormemente gracias a la ayuda de las herramientas virtuales e incluso la historia clínica en formato digital nos permite visualizar las imágenes radiológicas a golpe de ratón, logrando que nuestros informes se emitan con letra legible y hasta en un formato marcado por el marketing más atractivo del momento.

Lo que no cambia es que seamos médicos. Eso sí, algunos se empeñan en que nuestros pacientes sean definidos con los términos de usuarios o ciudadanos o hasta clientes. Y es cierto que en ellos se cumplen todas esas definiciones pero detrás de ellas se esconde la vertiente más comercial y más política, si me apuran, de la relación médico-paciente. No debemos permitir que la esencia de nuestra profesión la invistan de un manto que nos impida ver con los ojos de la vocación.

El médico sigue siendo el ser humano del maletín con su fonendoscopio, sus recetas no mágicas -pero marcadas por la confianza- y que intenta ser fiel a un juramento hipocrático que sigue encerrando las claves de la práctica médica si se adapta a la situación actual.

Ya no nos conocemos todos. Hasta la competencia positiva se ha difuminado en la estandarización, las manecillas del reloj tienen límite porque el cansancio -fruto de la nueva medicina definida por una enorme presión asistencial y de resultados- desborda y requiere resituarse para volver a coger aire cada día con el fin de recuperar la homeostasis de nuestros cuerpos.

Con este discurso puedo correr el riesgo de que me tachen de tener una opinión trasnochada. A los médicos en muchas ocasiones nos da pudor expresar lo que sentimos pero a través de esta reflexión quiero hacer un llamamiento al resto de colegas para que enarbolemos con orgullo la bandera de ser médicos.  No es tarea fácil en una sociedad que nos sigue considerando gremiales aunque la realidad sea bien diferente: a poco que lo fuésemos nos evitaría tener muchos de los problemas que permitimos en nuestro quehacer diario. El orgullo bien entendido de ser médicos tendría que aderezarse con el de ser colegiado. Este sí que es un reto difícil de lograr en esta sociedad del siglo XXI.

Los colegios, como garantes del ejercicio profesional de la medicina, tienen que verbalizar ese orgullo e implementarlo en las cabezas y corazones de sus colegiados con sus acciones. No resulta fácil y eso lo sabemos bien los que formamos parte de la organización con responsabilidades en juntas directivas de los colegios de médicos o en la propia OMC. Pero no podemos cejar en intentarlo una y otra vez. Los colegios tenemos espacios y personas que constituyen el escenario para trazar la obra donde los personajes asuman sus roles desde el extremo opuesto al desánimo o una utopía que hay que denostar.

Debemos asumir el liderazgo emocional para lograr transmitir el orgullo que supone ser médico colegiado y ese mensaje, en ocasiones, se echa en falta. No podemos pensar que otros tomarán el mando de dicho liderazgo. Tenemos que ser nosotros, los mismos que en su día decidimos asumir una función dentro de la estructura colegial. No podemos repetir reuniones con los políticos de turno en fotos estériles sin exigir un resultado práctico ni tampoco hacerlo con aquellos que se empeñan en convertir en números el resultado de nuestro trabajo.

Ese liderazgo debe venir desde arriba de la Organización y también desde los propios colegios para que encuentre un camino bidireccional que recupere la impregnación en la importancia de la colegiación y no sólo su obligatoriedad. La OMC, y aquellos que la integramos, tenemos que realizar la siembra de ilusiones para recoger los frutos y volver a lograr que el colegiado sienta con orgullo pertenecer a su Colegio, como ocurría en generaciones anteriores de médicos, aquellas que marcaron la historia de la medicina.