21 nov 2018 | Actualizado: 19:20
Mar 11 marzo. 19.34H
Los años Separ son una iniciativa de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica encaminada a dar relevancia a un tema concreto de la salud respiratoria. 2014 está dedicado al paciente crónico y a las terapias respiratorias domiciliarias (TRD). Estas últimas han estado muy presentes en el acto de presentación pública del año Separ, no solo por su importancia asistencial actual sino por sus interesantes perspectivas de futuro.

Cerca de medio millón de tratamientos están asociados a las TRD. La oxigenoterapia domiciliaria es uno de los servicios más conocidos, pero no es el único. En un escenario marcado por el envejecimiento de la población, el tabaquismo y el infradiagnóstico en algunas patologías como la EPOC, parece evidente que las TRD serán cada vez más utilizadas. Pero no solamente con su actual alcance.

El paciente respiratorio más complejo es también el que demanda un mayor y más completo servicio. De ahí que los profesionales demanden una mayor implicación en la atención a este colectivo; no sólo por parte de los servicios públicos de salud, sino también de las empresas que prestan las TRD. Ahora mismo faltan hospitales para ventilación prolongada, residencias asistidas, cuidados clínicos domiciliarios, entre otros servicios dirigidos al paciente más frecuente. Aquí es donde, ante la dificultad financiera de la sanidad pública, la iniciativa privada puede cubrir una necesidad que termine convirtiéndose en otro feliz ejemplo de colaboración, beneficiosa en primera y fundamental instancia para el paciente.

Hoy parece evidente que las TRD han cambiado la vida de los pacientes y que existe una amplia evidencia científica sobre su eficacia. Mejoran la calidad de vida de los pacientes y evitan hospitalizaciones innecesarias. Una vez que el sistema sanitario parece haber interiorizado esta prestación, es posible ir un poco más allá, para que las empresas asuman nuevas funciones y servicios, que mejoren la atención de los pacientes y contribuyan a perfeccionar la tarea de los profesionales, que son los primeros defensores de este salto cualitativo.

Entretanto, el sector de las TRD, notablemente regulado y concentrado en torno a unas pocas empresas muy cualificadas, atiende con suma expectación a esta demanda clínica. Agrupa a 2.000 profesionales sanitarios y a otros 1.600 empleados, con 800 vehículos, 21 plantas de fabricación de oxígeno, 55 plantas de embotellado de oxígeno medicinal y 235 centros de distribución. Y, a su juicio, el modelo funciona. ¿Quiere esto decir que el sector de las TRD no quiere crecer? No precisamente. Más bien, su temor iría dirigido a la posibilidad de que, ante la persistencia de una situación de crisis e insuficiencia financiera que no termina de remitir, las administraciones públicas puedan tener la tentación de recortar servicios.

Pasaríamos entonces de la paradoja de un crecimiento necesario a un recorte obligado, que nadie, ni pacientes, ni profesionales ni obviamente empresas, querría. Por eso es necesario subrayar que todo cambio que se introduzca en el modelo de las TRD debería ir dirigido a una ampliación de servicios y funciones, que puedan ser asumidos por las empresas. Porque la evidencia de que 600.000 pacientes mejoran gracias a las TRD, con solo el 0,5% del presupuesto total sanitario, obliga a que, en busca de la necesaria sostenibilidad del sistema, esta prestación pueda ser más completa y alcance a más pacientes respiratorios.