César Pascual Fernández. Director de proyectos de Fundación SEDISA
Dom 02 agosto de 2020. 16.25H
Con viento del norte
Sostenía hace unos días que no es momento para simplezas y que los directivos sanitarios hemos de ser capaces entre tanta incertidumbre de generar confianza, con consistencia, con humildad, huyendo de añadir complejidad innecesaria a una situación ya de por si complicada. Pero sobre todo que se espera que como directivos de organizaciones sanitarias post-COVID-19 seamos responsables, huyamos de la mediocridad y no nos dejemos atrapar por la dictadura del día a día y las viejas inercias que intentaran que nuestras organizaciones vuelvan a sus viejos paradigmas.

Pues bien, lo que básicamente es esperable encontrar en esos directivos sanitarios responsable en este periodo son actitudes y/o competencias directivas, alineadas con las habilidades que podemos encontrar (lógicamente, con distinta intensidad) con un perfil más técnico a las que sumen algunas consideraciones más específicas por la propia naturaleza de las organizaciones sanitarias y el momento que nos toca.

Independientemente de las competencias y habilidades que todo buen directivo sanitario debe tener, y sobre las que se ha escrito mucho, considero que en estos momentos algunas de ellas son especialmente importantes en este periodo que afrontamos.

En primer lugar, resulta más crítico que nunca que los directivos sanitarios estén en perfecta sintonía con los valores institucionales que posee su centro. Obviamente, en la medida que hablamos de organizaciones sanitarias del Sistema Nacional de Salud, mayoritariamente públicas (sea cual sea su modelo de gestión; esos valores tienen mucho que ver con la cultura de lo público. Es decir, de estos directivos se supone que han completado el tránsito de asumir e integrar esas referencias intangibles que cada centro sanitario posee con las suyas propias, resituándose personalmente en el nuevo entorno que les ha tocado dirigir en estos momentos. Ello no quiere decir, por supuesto, que hayan de renunciar a su legítimo deseo de potenciar nuevos valores, cuestión siempre bienvenida ante tanta esclerosis institucional.

En segundo lugar, de estos directivos sanitarios responsables se espera que sepan liderar e integrar. En efecto, cabe esperar de ellos que tengan iniciativa, en todos los ámbitos de decisión que les competen, y al mismo tiempo que lideren la organización con la que están comprometidos. Ahora bien, en estos momentos el ejemplo de liderazgo esperable en nuestros directivos sanitarios tiene mucho que ver con los grandes liderazgos en especial algunos elementos determinantes como, por ejemplo, la pasión por el cambio o la entrega sin condicionantes.

Hoy necesitamos directivos sanitarios que sean líderes hacia el interior de la organización, construyendo relaciones flexibles y abiertas, desde amplias estructuras de comunicación no jerarquizadas, que sumen, tanto en la estrategia como en el día a día. Pero también que lideren hacia afuera, hacia sus superiores y hacia la sociedad y el sector sanitario, dispuestos a asumir su importante cuota en el impulso de las reformas necesarias.


"Esperamos de un directivo sanitario una persona que movilice, que consiga resultados, una persona que hace, que emprende, que no sólo que tiene un buen discurso o un buen relato, sino que logra resolver problemas"


Y que lo hagan desde una posición de gestionar la diversidad y la complejidad. En definitiva, como capacidad que agrupa todo el conjunto de capacidades, el liderazgo, esperamos de un directivo sanitario una persona que movilice, que consiga resultados, una persona que hace, que emprende, que no sólo que tiene un buen discurso o un buen relato, sino que logra resolver problemas.

En tercer lugar, se espera de ellos que sean integradores, es decir, que tengan tener una extraordinaria capacidad de comprensión e integración de las necesidades de los diferentes entornos que configuran su organización sanitaria en la toma de decisiones, identificando y anticipándose a los problemas, elaborando propuestas que movilicen e impacten, impulsando la co-creación y, especialmente, orientándose hacia los pacientes.

Los directivos sanitarios además de tener muchas cuestiones que les competen tienen otras muchas que les incumben. Es decir, tienen asuntos en los que tal vez la regulación les impida actuar, porque la competencia le ha sido atribuida a otra institución o se encuentra en otro nivel, pero que son temas que no puede desentenderse. Aquí la capacidad de integrar posiciones (de otros agentes y otras entidades) y actuaciones (públicas y privadas, pues) aparece como un factor crítico en el que se espera sean hábiles y eficaces en su desempeño.

En cuarto lugar, hoy en día esperamos de esos directivos sanitarios responsables que sean innovadores. Hoy los directivos sanitarios no pueden sustraerse al impulso de la innovación, especialmente en el periodo que nos toca ahora. Se espera que aporten nuevas ideas y soluciones a las organizaciones sanitarias, tanto en el terreno organizativo como sobre todo en el de las personas que deben aportar el talento que necesitamos para la transformación que se necesita.

Al mismo tiempo los directivos sanitarios han de contribuir a generar la idea del aprendizaje de forma continua, y han de hacerlo desde el ejemplo. En estos momentos de fuertes retos y transformaciones quien no aspire a incluir nuevas estrategias, cambiar de manera relevante nuestras organizaciones para lograr la mayor eficacia y equidad asistencial, quien desista de experimentar y arriesgar, debería renunciar a aceptar responsabilidades directivas en nuestras organizaciones sanitarias.

Un directivo responsable será innovador en la medida que esté vinculado a la creatividad y al pensamiento crítico y sea una persona comprometida con el aprendizaje continuo, porque el conocimiento se modifica y se transforma y lo hace a una velocidad de vértigo.

En quinto lugar, es esperable que tengan visión estratégica, prioricen y rindan cuentas. Algo que ha dejado patente esta pandemia es la necesidad de que los directivos sanitarios dispongan de una mirada no cortoplacista, porque las soluciones a los grandes retos pocas veces se logran en un tiempo corto, y por ello es imprescindible que sepan dotarse de programas y planes, y tengan en cuenta todos los factores que pueden impactar positiva o negativamente en ellos. Esta visión estratégica, tan menospreciada en algunos momentos de vorágine, supone hoy en día una de las competencias más relevantes a la hora del ejercicio de la función directiva.

Pero además se espera que sean capaces de formular bien los objetivos y las prioridades de acuerdo a la misión de la organización, alineando las metas organizacionales y las expectativas de los ciudadanos, acabando de dar operatividad y temporalidad a programas y planes. En las actuales circunstancias los directivos sanitarios se ven obligados a priorizar constantemente, eligiendo las actuaciones que pueden desarrollarse en cada momento en función de las necesidades más acuciantes o aquellas imprescindibles para poder acometer otras que dependen de las primeras. Elegir, desde presupuestos limitados y escasos, es una actividad difícil que requiere a la vez de audacia y templanza.

La rendición de cuentas es un compromiso que se espera de los directivos sanitarios que podemos considerar transversal ya que tiene que ver también con la comunicación, con la transparencia, con la visión estratégica... Lo realmente importante es que se incorpore, de modo visible, al elenco de responsabilidades que los directivos sanitarios han de tener presente y ejecutar de forma habitual. Hoy en día la publicación interactiva y abierta de resultados es imprescindible y no sería tolerable que un directivo sanitario dejara de apostar claramente por ello.

En sexto lugar que sepan comunicar empáticamente. Siempre se ha esperado de los directivos sanitarios que desarrollen al máximo la capacidad de comunicar de forma efectiva, hacia los profesionales, los ciudadanos y otros grupos de interés, gestionando con transparencia, porque cada día más los empleados públicos y los ciudadanos reclaman más información, de más calidad, mejor proporcionada y accesible. Sin embargo, esta habilidad hoy en día ante las tensiones derivadas por la pandemia y sus derivadas de informaciones inexactas, desconexas y, en muchos casos, sin verificación adquiere una importancia singular.


"La rendición de cuentas es un compromiso que se espera de los directivos sanitarios, que podemos considerar transversal ya que tiene que ver también con la comunicación, con la transparencia, con la visión estratégica..."


Como cada día hay más canales y escenarios de comunicación, al tiempo, los directivos sanitarios disponen de más oportunidades y herramientas que han de conocer más claves para aprovecharlas adecuadamente. Si hasta hace poco tiempo los directivos sanitarios tenían que tener capacidades de comunicación muy diversas en función de los escenarios y canales tradicionales (reuniones de trabajo, comisiones técnicas, actos públicos, medios de comunicación…), hoy han irrumpido, y ya se han hecho imprescindibles, las redes sociales (bien sean personales o institucionales). Pero en todos esos casos las habilidades personales comunicativas son una exigencia imprescindible.

Por último, se espera de los directivos sanitarios responsables en esta época post-COVID que sean ejemplares y estén comprometidos con la transparencia.

Una de las principales expectativas es que los directivos sanitarios sean ejemplares, tanto en su actividad pública como en la privada o particular.

La apuesta firme por la integridad no es una cuestión baladí, al contrario, es una de las más comprometidas. El seguimiento de códigos de conducta y buenas prácticas, se espera que formen parte visible del desempeño de los directivos sanitarios, además de sus competencias profesionales.

La transparencia, más allá de la idea de comunicación personal o institucional, es un instrumento clave para las políticas de integridad. Distintas disposiciones normativas recogen principios y obligaciones a las que se encuentran sujetos todos los responsables públicos entendidos en sentido amplio y, precisamente por las funciones que realizan, a los directivos sanitarios deben ser un modelo de ejemplaridad en su conducta. En este sentido la transparencia supone también un modelo de actuación en el contexto actual, en el que las organizaciones están más expuestas que nunca, donde es muy difícil para la persona media diferir cual es el fake news y las noticias de verdad.

En definitiva, se esperan de los directivos sanitarios en esta era post COVID que actúen con responsabilidad, pero también que dentro de sus competencias y habilidades sean capaces de visibilizar esa responsabilidad fundamentalmente a través de su integridad, su liderazgo, capacidad de innovación e integración, desde una visión estratégica, priorizando, rindiendo cuentas con ejemplaridad y transparencia, comunicando empáticamente. ¿Un espejismo? No, porque ya han demostrado que son capaces.


Nota: Los comentarios que aquí se recogen no reflejan la opinión de SEDISA o cualquier otra organización en la que trabaje, haya trabajado o que haya representado.