JOSÉ LUIS MOZO, CEO DE MOVAGAR TRADING
Mar 28 abril de 2020. 16.20H
Firmas
Se crearán – oigo – comités de expertos, sinónimo de experimentado, que quiere decir persona que ha adquirido conocimientos relevantes en algo concreto a través de experimentos o del uso o práctica prolongados. Cuando repito que los políticos debían retirarse y dejar el trabajo a los profesionales expertos, me refiero, como es natural, a expertos en tratamiento clínico (reiteradamente sintomático por desconocimiento de los demás factores de la infección) y en gestión hospitalaria. Pero ¿me puede decir alguien quién tiene experiencia en el final del confinamiento con este maldito bicho?

Algunos de mis queridos lectores me escriben comentarios que agradezco. No sólo los loores, sino también a los que me ponen a escurrir después de teñirme de verde. Quizá lo más contestado fue afirmar que a mediados de enero convenía iniciar la cuarentena.

Ahora se habla del 'milagro portugués'. He recibido varapalos porque ellos iniciaron el confinamiento al mismo tiempo que España. No necesitan recordármelo. Yo estaba en mi casa de Portugal cuando sucedió y 'huí' el último día en el coche de unos amigos, mientras mi vuelo a Madrid era cancelado.

Cuando un país no llega a un fallecido por diez mil habitantes mientras otro da cinco, la razón no está en las coincidencias sino en las diferencias. En Portugal, la reacción como sociedad ha sido rotundamente monolítica. Gobernantes y gobernados, ciudadanos de a pie y políticos, niños y militares sin graduación, medios, todos han empujado como uno para cerrar el paso a la muerte.

España no puede pedir más al ciudadano, que asume sacrificios e instrucciones, a veces desde el miedo, perdiendo seres queridos, medios de subsistencia, la salud e incluso la vida. Pero desde los influyentes, las cosas no han sido ejemplares. Medios de alta audiencia serviles, acomodando (más que falseando) la información, amparando el vedetismo de políticos con reiterados presencias y mensajes, con oportunismo para alcanzar objetivos sectarios, algunos que (pensando mal) llego a entender, como desacreditar al rival de turno, y otros para los que, por mucho que piense, mi corto entendimiento es incapaz, desde masacrar a los autónomos hasta procurar la quiebra y desaparición de la medicina privada. Respecto a esto último, el gobierno catalán ha tomado medidas unilaterales para amortiguar el impacto singularmente negativo para los contratados o concertados, con aumento del fondo de contingencia y pagos a cuenta iguales a febrero (Diari oficial de la Generalitat de Catalunya del 11.04.20).

De todo ello, los demás se han hecho poquito eco. Yo, como todos los millones de presos a domicilio, cuento los días que puedan quedar hasta mi imaginaria liberación. Tenía esperanzas en el futbol (prioridad política que no lo sería de haber dirigido la crisis profesionales de salud), pero me lo ensombrece un sentido común que me dice que cualquier concentración humana permitida antes de julio sería una imprudencia. Estadios, teatros, cines, bares de copas diversos, esas manifestaciones que tanto nos gustan, centros comerciales, discotecas, hoteles, playas multitudinarias… Todo eso no deberíamos verlo, con suerte, hasta bien entrado el verano.


"Antes que normalizar la vida de calle, hay que normalizar la vida hospitalaria. No podemos afrontar los riesgos del desconfinamiento sin el arsenal hospitalario bien reajustado y rodando"


Y, sobre todo, algo que parece que casi nadie ha advertido: antes que normalizar la vida de calle, hay que normalizar la vida hospitalaria. No podemos afrontar los riesgos del desconfinamiento sin el arsenal hospitalario bien reajustado y rodando, recuperando a las víctimas colaterales desatendidas (infartados, oncológicos, ictus…), superando el desbarajuste que ha creado, principalmente, la dura situación de Madrid, donde el árbol de contagios y muertes no deja ver el bosque de excedentes sin utilización (camas vacías, quirófanos cerrados…) en otras comunidades. Necesitamos reutilizar todos esos medios. Madrid, como primer paso hacia la normalización, va a desmontar el hospital Ifema, aquél cuya rápida instalación fue objeto de merecidos elogios por prensa extranjera.

No juzgo si la medida es oportuna o no, pero hemos de estar preparados para recidivas con hospitales monográficos solo covid19. Tienen que ser de gran tamaño, no importa si son privados o públicos. Además, si se cumplen nuestras mejores ilusiones y el bicho no vuelve, no podemos permitimos el lujo de tenerlos ociosos.

Pero deberán ser destinados a tratamientos y patologías fáciles de retirar y transferir a otros centros, a fin de asegurar una respuesta rápida a esa no deseable pero posible situación de alarma nueva. Y para esto hacen falta expertos profesionales en gestión hospitalaria. Para esto y para dar de una vez remedios a esos trabajadores de la sanidad que, desprotegidos y sin medios, han sido los campeones del sacrificio, con consecuencias muy duras y a veces fatales para ellos mismos, que pronto alcanzarán los cuarenta mil contagiados. Si siguen cayendo, los enfermos van a acabar en el autotratamiento, ¡quizá en la autocirugía!, consultando a un blog.

El desconfinamiento gradual de Andalucía


No puedo cerrar este artículo sin mencionar a Andalucía, la comunidad con mayor población de España, que pretende ser la primera en llevar a cabo el desconfinamiento gradual. Me caben dudas e incluso reticencias por algunas fechas de su agenda, que juzgo en exceso atrevidas, aunque no por su urgencia en la normalización hospitalaria recobrando la actividad habitual para revertir al uso previo: separación sí/no covid19, reactivación de la actividad quirúrgica, lista de espera CMA… (BOJA extraordinario del 23/04/20 pag.77). Ni por su valentía.

Puede que influya la baja tasa de mortandad que han conseguido, 13,5 fallecidos de cada cien mil habitantes cuando la media de España es 50. Si así fuera, ¿a qué espera Murcia con 8,5? Una vez más, el miedo. Miedo a que, de salir algo mal, los lobos se les echen encima. Eso convierte Andalucía no sólo en un desafío, sino en prueba de que hemos aprendido la lección. Todos, porque su valentía puede dar lugar a hallar soluciones que a todos ayuden.

Es el momento de la famosa unión y su solidaridad, a las que el ciudadano ha respondido en bloque mientras que quienes la pregonan dejan mucha incertidumbre por su comportamiento. Todos debemos estar con Andalucía y desear su triunfo en esta apuesta. Y animarlos si algo sale mal. Y ojo a los carroñeros que intenten aprovecharse del posible fracaso. De sus aciertos podemos sacar, de sus errores nada. Como dije en mi primer artículo de esta serie, mal de muchos, además de epidemia, es otra cosa según el refranero popular.