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Colegios de médicos y pseudociencias

Por Juan Abarca Cidón, doctor en Medicina y abogado
Martes, 01 de agosto de 2017, a las 10:10
Estamos en tiempo de asueto. La actividad habitual nos da un periodo de descanso y podemos dedicarnos a pasar más tiempo con nosotros mismos, con la familia, para hacer actividades que habitualmente no hacemos. Tiempo de recapitulación de la actividad recientemente pasada y de reflexión sobre la que viene tras el breve periodo estival. Tiempo de tregua, salvo para la denuncia de aquellos hechos que por su provocación rayen el oprobio y el escarnio. La burla y la deshonra. No puede pasar de todo en vacaciones y permanecer callados.

Y eso es lo que pasa, con la postura, indolente y consentidora, que adoptan algunos colegios de médicos, el de Valencia en particular, en relación con las pseudociencias. Los colegios profesionales son los lugares en los cuales las profesiones liberales encuentran su sitio para autorregularse. Autorregulación que es necesaria y que hace que no haya que esperar a que nadie interponga ninguna denuncia si no que debe de actuar por el simple conocimiento de causa, de oficio. Porque la especificidad de las profesiones liberales impide o hacen necesario que además del derecho natural se implementen mecanismos internos para regular el funcionamiento de la profesión por las consecuencias que la misma pueda tener en los receptores de sus servicios. La ética y la moralidad. El bien y el mal en definitiva.

No hacerlo y permitir que cualquiera - sea médico o no -, pueda operar en el sector sanitario sin ningún tipo de control, sin la existencia de evidencia científica contrastada, por el simple hecho de que nadie haya puesto denuncia, es contrario al fin último de los colegios de médicos; la protección al paciente, y hace cuestionarse qué debe ocurrir en un lugar destinado a que la profesión se ejerza en libertad y seguridad - médica para los pacientes y jurídica para los profesionales -, para que se convierta en una garantía para actuar en contra de los principios éticos y morales que deben regir en una profesión.

Una institución para la impostura y el libertinaje, de burla al resto de médicos que aplican las terapias de la forma que científicamente corresponda aunque se sepa que muchas veces solo van a encontrarse con un efecto paliativo, o a veces, ningún efecto. Entregarse a los milagros es muy sencillo para quien no tiene esa ética, ni es moral, pero una Institución colegial no puede adolecer de esos principios, no puede prestarse a eso, porque pierde sentido su existencia. Si ya no tiene esos principios no merece la pena la colegiación porque no aporta ningún valor.

Publiqué recientemente un artículo en el que destacaba la importancia del efecto del propio cuerpo en contra de las enfermedades. De hecho, ya decía Hipócrates que "las fuerzas naturales que se encuentran dentro de nosotros son las que verdaderamente curan las enfermedades". Un colegio de médicos es un sitio de encuentro para todos los profesionales. Un lugar de formación, de salvaguarda y de protección de la actividad médica. Y seguro que determinadas técnicas homeopáticas o naturistas tienen su sentido, razón y, con las debidas indicaciones y precauciones, hasta su sitio en un colegio de médicos.

Pero no puede valer todo y lo que tiene que hacer por principio cualquier colegio de médicos es condenar y posicionarse en contra de cualquier técnica sin el aval científico adecuado y necesario. A partir de ahí, analizar cada caso para en función de las indicaciones sopesar los efectos individuales antes de admitirla.

Un paciente que está enfermo, puede encontrar consuelo en cualquiera que le venda esperanza. Sea médico o no. Pero el hecho de serlo no da derecho a poder aprovecharlo para utilizar al paciente como "conejillo de indias" en busca de una solución que no es demostrable. Quien en los colegios profesionales no se posicione claramente contra estas prácticas es responsable, primero de dar cobijo a todo tipo de prácticas propias de chamanes y brujos impropias del siglo XXI con las consecuencias que ello tienen sobre los enfermos y segundo, e igual de importante, de deteriorar la imagen que debe de tener la profesión médica de diligencia, seriedad y profesionalidad para toda la sociedad.
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