Nuestro sistema sanitario se deteriora a ojos vista y, a partir de la pandemia covid-19, de forma cada vez más acelerada. No hablamos de problemas puntuales o de un sector concreto; las amenazas para la calidad y seguridad de la asistencia que recibe la ciudadanía crecen por doquier.

El sistema de prestaciones sanitarias y sociales, uno de los pilares de nuestro insuficiente estado de bienestar, hace años que comenzó a rodar por una pendiente cada vez más pronunciada y que parece conducirle a una destrucción segura. Los síntomas y signos de la crisis son percibidos con claridad y alarma crecientes por todo el mundo y han pasado a ocupar un lugar prioritario entre las preocupaciones de la población española.

La espera para obtener una cita de consulta en Atención Primaria y Comunitaria (APyC) es ya absolutamente intolerable como lo es la necesaria para la realización de diversas pruebas diagnósticas, intervenciones quirúrgicas y visitas con especialistas del ámbito hospitalario.

Sobrecarga asistencial y desmotivación de los profesionales sanitarios


La sobrecarga asistencial y desmotivación de los profesionales sanitarios crece como la espuma, sobre todo en el ámbito de la APyC, existen déficits significativos en la dotación de efectivos de varias especialidades médicas y de enfermería y las condiciones laborales y retributivas son percibidas como muy negativas por unos profesionales que, aún de forma minoritaria, emigran a otros países.

No somos pocos los que calificamos esta situación de deterioro como extremadamente grave e incluso irreversible y llevamos tiempo reclamando a los decisores políticos soluciones tácticas y estratégicas a los problemas citados. Pero desgraciadamente sin éxito. Los que manejan los resortes del poder siguen empeñados en mirar para otro lado.

Actualmente, y tras una masiva manifestación ciudadana, estamos asistiendo en Madrid a una prolongada huelga médica protagonizada por los colegas de Medicina de Familia y Pediatría, así como a anuncios de próximas movilizaciones de estos mismos colectivos en distintas partes de España.


"Las movilizaciones profesionales y ciudadanas parecen seguir siendo necesarias como instrumentos para la visualización política y social de los problemas"



En el caso de la huelga madrileña el Gobierno de la Comunidad y hasta el propio Colegio de Médicos han decidido también mirar para otro lado y esperar al agotamiento interno de la movilización profesional. En definitiva, todo parece indicar que el gobierno de la comunidad no está dispuesto a modificar su estrategia política a pesar de los indudables perjuicios que se está causando a la población.

Ante este tipo de situaciones hay que preguntarse cuáles son las propuestas de acción que pueden ser más efectivas para cambiar unas actitudes políticas como las que exhiben diversos gobiernos autonómicos y también el central. La respuesta no es fácil ni única pero las movilizaciones profesionales y ciudadanas parecen seguir siendo necesarias como instrumentos para la visualización política y social de los problemas, más aún cuando el tiempo ha demostrado que la sensibilidad ante ellos y la voluntad negociadora de los gobiernos son nulas o muy escasas.

Es muy posible que se requieran múltiples iniciativas movilizadoras hasta que los deterioros del sistema y sus consecuencias negativas sobre la situación asistencial y de salud de la población sean tan intensos que incidan directamente sobre la estabilidad política y obliguen definitivamente a los gobernantes a dejar de mirar para otro lado y a cumplir con la misión esencial de la acción política que no es otra que la de procurar el mejor bienestar posible a la población.