Claudia Caracena.
Claudia Caracena siempre ha tenido claro que su futuro estaba ligado a las ciencias de la salud. “
A cuidar a las personas”. Lo que no sabía es que el camino iba a ser algo más escarpado de lo esperado, pues a los pocos meses de comenzar los estudios de
Biomedicina se dio cuenta de que esa carrera no era para ella. “No me veía
toda la vida trabajando en un laboratorio ni haciendo lo que estaba viendo”, resume. Decidió cortar por lo sano y cambiarse a Medicina, lo que, lejos de provocarle un sentimiento de culpa, le supuso casi una “
liberación”.
Por supuesto, el de Caracena no es un caso extraordinario. “En los primeros meses conocí a otra gente que tampoco lo tenía claro; al final del primer año creo que
de 40 nos fuimos 10”, expone la murciana, que en la actualidad cursa tercero de Medicina.
En declaraciones a
Redacción Médica, la joven defiende abiertamente el
derecho a equivocarse de carrera y reconoce que tampoco las tenía todas consigo cuando con 18 años se fue a Valladolid para hacerse biomédica, una disciplina orientada al estudio de los procesos biológicos del cuerpo humano para mejorar el
diagnóstico, el tratamiento y la prevención de enfermedades.
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"Hace un tiempo el contacto directo con pacientes me asustaba, pero luego descubrí cómo soy verdaderamente y vi que me había cerrado puertas"
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“Estuve mirando opciones y al final me decidí por
Biomedicina y Terapias Avanzadas -detalla-. Pero es verdad que, de primeras, tampoco sabes muy bien cómo va ese mundo, y cuando empecé a cursar las asignaturas
me di cuenta de todo lo que engloba y de que era algo completamente distinto a lo que había visto en Bachiller”. “No me veía toda la vida trabajando en un laboratorio”, añade.
¿Un año de vida perdido?
A través de sus redes sociales, la joven ha lanzado recientemente un mensaje tranquilizador para todos aquellos que se ven en la misma situación: “Es muy importante que entiendas que equivocarse está bien y huyas de ahí”, defiende. Ella misma reconoce a este periódico que en primera instancia tuvo una “visión pesimista” de lo sucedido, pues se centró en el hecho de que “había perdido un año” de su vida. “Al principio era que sí y de repente era que no, y
empiezas a pensar en si te gustará o no lo que hagas después”. Pero se convenció de que estaba “a tiempo de solucionarlo” y que había otras opciones que
le seguían permitiendo “cuidar” a la gente. “Más que culpa, sentí una liberación porque entendí que no tenía por qué quedarme en esta carrera”.
La respuesta estuvo en la Medicina. “En un principio la había descartado después de hacer la EBAU, pero siempre estuvo ahí”, puntualiza Claudia Caracena, quien tuvo dudas debido a los seis años de formación que exige este grado, así como a la idea de tener
contacto directo con pacientes. “Hace un tiempo,
eso me asustaba; me daba un poco de terror -reconoce-. Pero luego descubrí cómo soy verdaderamente, y vi que me había cerrado puertas”.
Respecto al perfil mayoritario de la gente que se encontró en Biomedicina y Medicina, Caracena incide en que muchos profesores son los mismos, pues hay asignaturas en común; así como en que, a grandes rasgos, los estudiantes de Biomedicina que ha conocido son algo más “
introvertidos”. “Hay gente para todo, pero en una clase había 40 personas y ahora somos 200. Pero creo que he tenido suerte en las dos carreras y que
me he juntado con un grupo muy bueno de gente”, recalca.
Un futuro incierto tras la carrea de Medicina
No todo el horizonte está despejado para esta joven murciana, que, si bien está convencida de hacer el MIR, aún no se ha inclinado definitivamente por ninguna especialidad. “Siempre he dicho que me gusta
Digestivo y Cirugía General, pero también me llaman la atención
Neurología y Gine -explica-. De aquí a un año puede que cambie completamente”. El tiempo dictará sentencia.
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