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7 oct. 2013 0:14H
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Ana Prieto es lo imposible. Ver su irrefrenable actividad pública, sobre todo digital, y añadirle su presencia, tan espontánea y accesible, en el ámbito colegial es como vivir y sobrevivir a un tsunami. Te quedas paralizado, pero ocurre; muy de vez en cuando, pero ocurre.

Y, de momento, permanece, para nuestra dicha: seguirá al frente del Colegio de Farmacéuticos de Lugo otros cuatro años más, en los que añadirá experiencia y conocimiento a esa frescura y ese entusiasmo más propio de las aulas de estudiantes que de los colegios profesionales. Es imposible no fijarte en ella, igual que nos pasaba con Ana López Casero, la ex presidenta de Ciudad Real, un precedente de lo que digo, que no pudimos disfrutar durante todo el tiempo debido: su inquietud y su talento la llevaron rápido hacia otros cometidos más globales.

Así que hay que cuidar a Ana Prieto y a todas las anasprietos que vayan apareciendo y destacando, porque su propósito es toda una heroicidad: cambiar la faz de los colegios profesionales, que no hay manera de modernizarlos ni de inculcarles un espíritu distinto, de atrevimiento y hasta de irreverencia, para defender a los colectivos y servir a la sociedad desde otro prisma y, sobre todo, con otro impacto.

Andan las corporaciones preocupadas por el efecto de la ley de servicios profesionales, cuando en realidad deberían estar aterradas por la imposibilidad congénita que parecen tener para conectar con la realidad social que, se admita o no, les sigue dando una muy beneficiosa cobertura. Los colegios mantienen en la norma la propia esencia de su supervivencia, pero sin la obligatoriedad no llegarían demasiado lejos.

Quizá los farmacéuticos de Lugo tengan una buena razón para seguir, desde el convencimiento, perteneciendo a su Colegio. Porque su presidenta es una líder a la que merece la pena seguir; que tiene claro el valor insustituible de la formación continuada en el día a día del boticario, que se preocupa casi más en escuchar al paciente que a sus compañeros, y que, por encima de todo, asume que el futuro de la farmacia será asistencial o no será.

Prieto es joven pero ya tiene suficiente recorrido para no ser tachada de novata y, por tanto, de idealista. Además de presidir el Colegio de Lugo, es vocal de Unión Profesional de Galicia lo que refuerza su vinculación al mundo de los colectivos liberales. Por si no fuera poco, también es consejera de una de las empresas del Grupo PSN, así que tendrá que estar muy pendiente de las dichosas incompatibilidades.

Pero su mayor hazaña puede que sean esos más de 26.000 tuits que ya ha difundido y que son toda una proclamación de intenciones a favor de las nuevas tecnologías, de la comunicación y, sobre todo, del fin de los prejuicios: Prieto es una farmacéutica comunitaria, hija y nieta de boticarios rurales, convencida de que tiene una voz propia en la sanidad, y lo más importante, quiere y puede hacerse oír. Si encima es presidenta de un Colegio, aunque sea pequeño, podemos estar ante la mecha que encienda de una vez la llama de una nueva era en las corporaciones, con representantes presentables y capaces. En su perfil de twitter, Prieto reproduce la mítica frase de Luther King. Su sueño, es también el de muchos más.


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