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Agosto, vacaciones y gestión de la sanidad

Por Carlos Alberto Arenas, vicepresidente de la Fundación Economía y Salud; miembro del Comité de Innovación y Sostenibilidad de Sedisa y gerente del Área IX Salud en Murcia
Jueves, 10 de agosto de 2017, a las 12:30
En nuestra cultura está muy arraigado irse de vacaciones en verano. Estudiando un poco las costumbres en otros países vemos que hay una gran variedad de períodos vacacionales, y que muchos están más divididos y distribuidos a lo largo del año, pero todos tienen mucha relación con cuando los colegios dan vacaciones a los niños. En Francia por ejemplo hay unos 4 períodos vacacionales escolares, uno en cada estación del año, por lo que no es extraño que se pueda dividir las vacaciones en cuatro períodos y que se pueda vacacionar en octubre, abril o mayo, diciembre y julio agosto.

En muchos países de Europa es así y no digamos en otros países del mundo.
La ventaja de tener las vacaciones más partidas es que probablemente se vivan más intensamente y se aprovechen más… es raro el viaje que dure un mes. Y sí es más frecuente hacer viajes de 7 a 10 días o 15 días como mucho. Tienes más períodos para desconectar del trabajo y recargar pilas, se hacen menos tediosas que un período vacacional único y largo, y también en sanidad mejorarían mucho la capacidad prestacional del sistema de salud en verano si no se concentraran las vacacione tanto en agosto, julio y septiembre.

Porque todos los que trabajamos en el sector salud sabemos que en agosto fundamentalmente, pero extendiéndose también a julio y menos septiembre, la actividad y los recursos disminuyen muchísimo, pero las personas siguen necesitando atención sanitaria. Además ahora al mejorar la situación económica, y haber más personas contratadas en los servicios de salud, se da la circunstancia (positiva por lo que significa) que en muchas categorías y especialidades médicas o de enfermería no se encuentran profesionales disponibles para cubrir vacaciones con lo cual nos encontramos con numerosas dificultades y hace que, como ya dije en una artículo anterior, para mí los que se quedan a trabajar en agosto en los centros sanitarios son auténticos “héroes de verano”.

Muchas vacaciones no se pueden cubrir en médicos de familia lo que hace que los que se quedan tengan que asumir cupos de compañeros. También suelen faltar matronas. Y en el hospital las especialidades que más sufren las ausencias son aquellas donde hay escasez de especialistas y es casi imposible encontrar para el verano como anestesia, radiología… Y, sobre todo, aquellas especialidades médicas en las que sus cargas de trabajo no dependen en gran medida de la actividad programada, como ocurre con las especialidades quirúrgicas, sino que dependen casi totalmente de los ingresos por urgencias, como pasa en especialidades como la Medicina Interna, Neumología y similares, donde aunque sea posible encontrar algún sustituto, desde luego no todos, quedando la plantillas reducidas y en muchos casos los ingresos se mantienen o incluso aumentan, si el centro está en zona turística. Tampoco es bueno para listas de espera sobre todo quirúrgicas, pero también de pruebas y consultas está acumulación de vacaciones en verano que hacen que la actividad programa decaiga mucho y se acumulen las demoras, debido a que estos meses de verano no se pude descargar la lista de espera como en los demás.

En definitiva que acumular tantas vacaciones en verano desde el punto de vista sanitario no es bueno para la salud. Nuestra sociedad debería de modernizarse en la línea de otros países de Europa y escalonar más las vacaciones, para ello los horarios y las vacaciones escolares también deberían “europeizarse” y escalonarse más, esto es fundamental para conciliar la vida laborar con la familiar, y después desde los servicios de salud tomar medidas para fomentar las vacaciones fuera de los clásicos meses de verano: ahora en la mayoría de los servicios de salud se penaliza formalmente tomar las vacaciones fuera del período clásico de verano.

Desde mi punto de vista debería ser al revés, elegir vacaciones fuera del periodo clásico se debería incentivar con, incluso, más días de vacaciones. También sería de justicia valorar y compensar (ya sea con incentivos monetarios o a través de libranzas la) la especial dedicación de los que se quedan trabajando en verano, cuando la carga de trabajo de manera objetiva sea bastante superior a la habitual. Económicamente no tiene por qué resultar más caro si las cargas de trabajo y las contrataciones se distribuyen más homogéneamente a lo largo del año.
Por todo ello últimamente casi siempre me quedo trabajando en verano (agosto) y escalono más las vacaciones para predicar con el ejemplo.
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