Redacción Médica
26 de septiembre de 2018 | Actualizado: Miércoles a las 16:50

Los nuevos antivirales en hepatitis C suponen rentabilidad asegurada para el SNS

Pero la financiación de los fármacos no debe provenir de lo sustraído a otras áreas terapéuticas

Miércoles, 30 de septiembre de 2015, a las 16:14
Eduardo Ortega Socorro. Madrid
Los efectos económicos de los nuevos fármacos de la hepatitis C, antivirales como sofosbuvir, simeprevir o daclatasvir, ya son patentes en el Sistema Nacional de Salud (SNS). Según datos de Cesce, compañía especializada en gestión del riesgo comercial y crediticio, estos productos son en gran medida los responsables de que el gasto farmacéutico hospitalario en España se haya incrementado un 4,5 por ciento.

Casado.

Sin embargo, el elevado coste de estos fármacos no debe poner en duda que invertir en ellos es una apuesta segura para el SNS y sus pacientes. “El concepto de rentabilidad en evaluación económica siempre va vinculado al de eficiencia, que es la relación entre el coste que se invierte y los resultados en salud que se consiguen con la utilización de una intervención sanitaria frente a otra. Para determinar que un fármaco es coste-efectivo o eficiente, hay que hacer una serie de estudios a largo plazo (modelizaciones o simulaciones), que son de una relativa complejidad. Independientemente de la molécula de la que se trate, estos estudios muestran que estos nuevos medicamentos contra la hepatitis C son rentables y eficientes”, asegura Miguel Ángel Casado, director y fundador de Pharmacoeconomics & Outcomes Reseach Iberia  (Porib).

La clave está en las altas tasas de curación logradas por estos fármacos (por encima del 90 por ciento) y que a largo plazo se evitan los mayores males económicos para los sistemas sanitarios: efectos secundarios de la enfermedad a nivel cardiovascular y renal, hospitalizaciones, necesidad de trasplante renal… “Siguiendo este tipo de estudios, en el que participan organismos como el NICE en Inglaterra, se determina que los nuevos antivirales en hepatitis C son eficientes, es decir, que el beneficio que va a obtener a medio, corto y largo plazo va a compensar el coste incremental que yo tengo que invertir”, indica Casado. Sin embargo, también reconoce que  “la pregunta que nos debemos hacer toda la sociedad no es solamente si los nuevos fármacos son rentables o no, que tajantemente lo son, sino también cómo manejamos el presupuesto público para que todos los pacientes con la patología puedan ser tratados”.

En todo caso, la medida a tomar nunca debe ser desviar fondos de otras partidas terapéuticas, considera el farmacoeconomista: “No podemos establecer pacientes de primera y de segunda. Ni los pacientes oncológicos ni los cardiovasculares, por poner dos ejemplos de los que más recursos consumen, deben verse afectados por el uso de otras terapias en otras áreas”.

No a las partidas excepcionales continuas

En términos generales, toda apuesta debe pasar por “garantizar los máximos resultados en salud para todos los pacientes. Gracias a los nuevos antivirales en hepatitis C hemos pasado a tener una respuesta virológica sostenida, una curación, en ensayos clínicos de un 40, 50 por ciento a lograr cotas de entre el 90 y el 95 por ciento”. Considera que no “habría que descartar la posibilidad de utilizar partidas presupuestarias adicionales”, algo que “hasta cierto punto es lo que se está haciendo, a través de esos más de 700 millones que van a cubrir la estrategia nacional. Sin embargo, es una bolsa adicional de dinero. No se pueden hacer partidas presupuestarias excepcionales continuamente”.

De forma similar opina, por ejemplo, respecto a la inmuno-oncología: “De esos fármacos realmente innovadores hay muy pocos disponibles en el abordaje de las principales patologías, y han de estar a disposición de los pacientes, de una u otra forma”.

Por otro lado, Casado considera que el paciente debe pasar a ser un actor todavía más activo en lo relativo a estas cuestiones. “No se le tiene en cuenta lo suficiente y está en el sistema”, lamenta. “Se debe integrar a los pacientes en las decisiones y explicarles cuáles son las consecuencias de tratarse o no. Se trata de un rol en el que no se ha hecho hincapié lo suficiente”.

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