Redacción Médica
22 de julio de 2018 | Actualizado: Sábado a las 20:00

Desfibrilador subcutáneo: protección contra el paro cardiaco súbito sin riesgo de infecciones

Boston Scientific inicia un estudio para evaluar el S-ICD Emblem en prevención primaria

Lunes, 29 de junio de 2015, a las 09:59
Sandra Melgarejo. Milán (Italia)
Cerca del 95 por ciento de las personas que sufren un paro cardiaco súbito muere antes de llegar al hospital. De hecho, esta condición es la causante de más de 350.000 muertes al año en Europa y constituye el primer riesgo mortal para los pacientes con insuficiencia cardiaca. “El coste de cada caso oscila entre los 700.000 y 1,3 millones de euros. La única forma de vencer al paro cardiaco súbito es a través de un desfibrilador”, ha recordado Maria Grazia Bongiorni, profesora de Cardiología en la Universidad de Pisa (Italia), durante un simposio de Boston Scientific celebrado en el marco del congreso Europace EHRA Cardiostim 2015, la reunión oficial de la Asociación Europea de Ritmo Cardiaco (EHRA).

Maria Grazia Bongiorni, Pierre Chauvineau y el periodista italiano Guido Romeo, quien ha presentado la reunión.

Según Bongiorni, los desfibriladores transvenosos consiguen una efectividad del 98 por ciento. Sin embargo, el peligro de infecciones sistémicas o endovasculares puede incrementar la duración y los costes de la hospitalización, y está asociado a la mortalidad de hasta un tercio de los pacientes implantados.

Los dispositivos subcutáneos, como el desfibrilador S-ICD Emblem, igualan la eficacia y, además, reducen este problema. El electrofisiólogo Pier Lambiase, del Reino Unido, ha presentado los datos a dos años de un análisis agrupado del registro Effortless (un registro continuo desarrollado en Europa y Nueva Zelanda) y del estudio de exención de dispositivos en investigación en Estados Unidos (IDE), que revelan que, en comparación con los transvenosos, el desfibrilador subcutáneo muestra el mismo grado de eficacia y reduce la tasa de complicaciones agudas. De hecho, no se produjo ninguna infección vascular, una de las causas de la reducción de la tasa de mortalidad comparada (de un 2,5-5,5 por ciento a un 1,6 por ciento).

Otra complicación relacionada con los dispositivos transvenosos es la fractura de los electrodos, que se insertan a través de una vena y se adhieren a la pared cardiaca. En el caso de los subcutáneos, los electrodos se colocan bajo la piel dejando intacto el corazón y en el análisis no se registraron fallos en este sentido.

No obstante, la primera generación de desfibriladores subcutáneos también tenía desventajas: las baterías duraban menos y no eran compatibles con sistemas de telemonitorización. Sin embargo, la nueva generación, que ya se está implantando tras su aprobación en Europa y Estados Unidos en marzo de este año, tiene una duración prevista de más de siete años –igualando así la de los transvenosos y reduciendo las intervenciones de reemplazo– y es compatible con el sistema de monitorización remota de pacientes Latitude. Además, es un 20 por ciento más fino.

Pacientes candidatos

Pier Lambiase (a la izquierda) y el paciente Graham Harper, que utiliza un desfibrilador S-ICD.

Bongiorni ha indicado que los dispositivos subcutáneos son preferibles a los transvenosos en pacientes en los que no sea accesible el acceso venoso por tener una oclusión vascular, por ejemplo, o que presenten riesgo de complicaciones relacionadas con esta vía de acceso por estar inmunodeprimidos, entre otras razones. Asimismo, recomienda considerar este dispositivo en pacientes jóvenes, que están más expuestos a los riesgos acumulables del fallo de los electrodos transvenosos. En general, son una opción eficaz para la mayoría de los pacientes que no necesiten estimulación cardiaca ni terapia de resincronización.

Pierre Chauvineau, de Boston Scientific, ha anunciado que han iniciado el estudio Untouched para evaluar el S-ICD Emblem como prevención primaria del paro cardiaco súbito en pacientes que no han sufrido ningún evento previo de arritmia, pero tienen riesgo de muerte súbita. Este grupo representa la mayor proporción de personas implantadas con desfibriladores transvenosos en la Unión Europea y en Estados Unidos. Además, la compañía está desarrollando una versión de su desfibrilador subcutáneo compatible con resonancia magnética.