14 nov 2018 | Actualizado: 09:40
La Revista

Javier Cabo: el corazón en sus manos

Como si de un mesías se tratase, por la manos de Javier Cabo han pasado cientos de vidas que han vuelto a renacer

Javier Cabo posa en las escaleras del Instituto de Gestión Sanitaria (INGESA) del Ministerio de Sanidad.
Javier Cabo: el corazón en sus manos
Sábado, 02 de diciembre de 2017, a las 20:00
Jesús Arroyo
Joana Huertas
La experiencia de Javier Cabo en el mundo de la Medicina es infinita, tanto como el número de vidas que ha logrado salvar. Sus manos han sido testigo directo de cientos de trasplantes cardíacos, la mayoría de ellos realizados en niños que necesitaban un corazón para sobrevivir. Aunque no recuerda el número exacto de operaciones quirúrgicas que ha realizado, jamás “olvidaré” aquellos 18 trasplantes a niños de periodo neonatal que realice en California (EEUU)”. Estas 18 vidas fueron la antesala de una larga trayectoria de hitos en la Cirugía española.

Javier Cabo protagonizó el primer trasplante de corazón en edad neonatal en España. Era 1994. “Fue un hecho histórico a nivel nacional porque era el primero que se realizaba en período neonatal. Precisamente, a raíz de este trasplante inicie el programa de trasplantes cardíacos en el Hospital La Paz”, recuerda antes de reconocer con la boca pequeña que aquella hazaña sirvió para salvarle la vida a un bebé.


La sensación de impotencia provocada cuando cuando una vida expira entre tus dedos se ve reconfortada "cuando ves que salen vivos"



23 años después de esa operación, Cabo sigue manteniendo relación con el chico al que rescató de la muerte. “Hay muchos niños con los que estrechas lazos familiares, es decir, los veo todos los años, ya se han hecho mayores. Hay algún abogado, algún ingeniero, pero no hay ninguno que se haya hecho médico”, bromea mientras mira la fotografía que corona su despacho de los 18 bebés a los que realizó su primer trasplante cardíaco.

“Precisamente, en mayo de este año me dieron el premio Christiaan Barnad de longevidad y preservación. En la cumbre que hubo en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, a raíz del 50 aniversario del primer trasplante cardiaco del mundo que tuvo lograr en Sudáfrica, coincidí con uno de esos niños trasplantados. Fue él quien me dio el premio”, reconoce con satisfacción.

No es fácil pensar que la vida de un recién nacido está en tus manos y se puede escapar. Cabo no siempre logra el milagro, “sobre todo cuando se presentan cardíopatías complejas muy severas con una alta mortalidad y desgraciadamente hay casos que no salen como queríamos y mueren”. En estas situaciones su trabajo es el más odiado del mundo. “Cuando un bebé muere en mis manos deseo muchas veces decir: ¡No sigo haciendo esto porque no quiero asumir esta responsabilidad!”.

La sensación de frustración e impotencia provocada cuando una vida expira entre tus dedos se ve reconfortada “cuando ves que salen vivos”. “El chico que me dio el premio está haciendo una vida normal con sus 17 años. Encima ha sido premio de competiciones de trasplantes. Ganó la medalla de oro en atletismo. Su vida es completamente normal y eso es lo que más me consuela”, explica el hombre que desde el momento que le salvó la vida a ese chico, forma parte de cada uno de sus triunfos.

La historia de la cirugía en España también debe recordar a Javier Cabo por ser pionero en la realización del primer implante de corazón artificial a un niño en 2006, siendo este el primer implante en el mundo en el que se asociaba a un pulmón artificial. Cabo recuerda esa operación como si la hubiera realizado ayer: “Era un niño de 5 años que tenía una vida normal y por una gripe, tuvo una miocardíopatía vírica, un fracaso ventricular. Estaba prácticamente muerto. En ese momento se le reanimó, lo trasladaron al hospital, le pusimos en asistencia circulatoria con un ECMO de membrana, pero no salía del estado crítico. Llevaba trabajando bastante tiempo con el tema de los corazones artificiales externos y decidimos implantarle uno en espera de un posible donante. El niño estuvo 8 meses con su corazón externo perfectamente hasta que se le hizo un trasplante cardíaco con un donante totalmente óptimo”.

Milagro

Javier Cabo en su despacho del INGESA. 

Este niño, como tantos otros, se levantó como Lázaro gracias a la sapiencia de este cirujano. Aunque confiesa no creer en la resurrección, si reconoce que “creo en todo un poco”. Quizás esta fe fue la que le movió para decantarse por Medicina en vez de la Arquitectura. Precisamente, fue el trasplante cardíaco realizado por Christiaan Barnard el que lo dejo “impactado”.

“Cuando era pequeño recuerdo cómo entró uno de los profesores en clase gritando que había sucedido un milagro. Nos contó que un médico en Sudáfrica había hecho un trasplante cardíaco a una persona. Nos explicó que era como coger un trozo de corazón, un trozo de carne, y llevarlo a otro sitio para darle vida”, rememora, dudando sobre si ese fue el punto de inflexión definitivo que le llevó a decantarse más por el bisturí que por el compás. 

A partir de ahí, por la vida profesional de Cabo pasaron cientos de profesionales que le ayudaron y le enseñaron todo lo que conoce ahora. “Sobre todo los cirujanos cardíovasculares Aldo Castañeda, de la Universidad de Harvard, Leonard Bailey, de la Universidad de California, y Bill Norwood de la Universidad de Pensilvania en Filadelfia, son las 3 figuras que más me han impactado”, recalca sin olvidar el acento nacional en su currículo con “la figura del padre de la Cirugía Cardíaca a nivel español de congénitos de infantil que es el profesor Francisco Álvarez Díaz, que fue mi jefe de servicio durante muchas épocas, y con el que hoy sigo manteniendo contacto”.

Referentes en salvar vidas

Que España sea el primer país en número de donantes es una “gran satisfacción” porque “eso implica que hay una gestión muy bien hecha dentro de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) e indica también mucho de la cultura española y su solidaridad”. Cabo no habla de oídas, él ha participado con la ONT desde los inicios.

Javier Cabo se confiesa. 

Su trayectoria internacional le ha llevado a conocer in situ la mayoría de sistemas sanitarios presentes en el planeta y en ellos “veo cosas que están mejor y cosas que están peor”. “Lo mejor es la gestión integral de los pacientes crónicos, un ejemplo de eficiencia que cumple a la perfección Estados Unidos”. Bajo su criterio, este sería el espejo sobre el que tendría que mirarse España para mejorar esta área, pero nada más.

“La Atención Primaria en España está bastante bien estructurada. Lo único que mejoraría sería la interoperabilidad entre primaria y especializada, para que los médicos de familia pudiera participar activamente en las sesiones clínicas”, receta Cabo al SNS, que no duda cuando se le pregunta sobre qué es lo primero que hay que mejorar: “La masificación que hay en urgencias”. 

Ritos funerarios

En estos momentos, lo que ocupa gran parte del tiempo de Javier Cabo en lo profesional es “el estudio de la criogenización, con vitrificación, con nanopartículas férricas magnéticas en la criopreservación de corazones, criopreservación de órganos con la idea de poder llegar al momento de crear un banco de órganos”. Estos nombres más propios de un capítulo de ‘Star Trek’ que de la ciencia terrenal hacen referencia al proyecto internacional que busca crear corazones criogenizados, que sirvan de sustitutos de los nuestros en el momento que los necesitamos. 
Corazones criogenizados
Cuando a Javier Cabo se le pide que explique en que consiste la técnica de criogenizar un corazón duda sobre que terminos utilizara para que los mortales podamos entenderlo. "Se extrae el corazón, por ejemplo, de una rata y se congela a 196 grados bajo cero, pero en el momento de la congelación se hace una vitrificación, es decir, una congelación súper rápida. En ese momento se añaden unas proteínas ferromagnéticas, lo que permiten crear una coraza en el corazón y evita que el hielo penetre. Este se descongelaría bajo radiofrecuencia y con un imán se  puede extraer las partículas nano férricas dejando un corazón libre”, relata de forma ‘coloquial’ la receta que se debe seguir para que esta técnica sea factible en un futuro.
En este sentido, según Cabo las personas que deciden criogenizar su cuerpo esperando un mañana sin enfermedades se están sometiendo “a un rito funerario más”. “A día de hoy estas prácticas no son viables. Para que fuera efectiva debería de congelarse el cuerpo antes de que hubiera muerte celular y ahí ya entraríamos en problemas legales referidos a la eutanasia”, afirma.

El mañana siempre ha llamado la atención a este padre de cuatro hijos que nunca ha dejado de formarse en las nuevas y más avanzadas tecnologías sanitarias, como la telemedicina o la medicina personalizada. Esta última es, bajo su criterio, la mayor revolución que vivirá la medicina de forma inmediata.

“Hemos trabajado ya con inteligencia ambiental y con nanotecnología. Hoy en día puedes tener lavabos inteligentes y que solamente con lavarte los dientes, las microgotas de saliva que caen pueden detectar  micropartículas de sangre con las que realizarte un análisis y que los resultados aparezcan reflejados en el espejo”, revela Javier Cabo con total naturalidad porque según él “esto no es que sea ciencia ficción, son realidad que están ocurriendo en estos momentos”.


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