21 de enero de 2018 | Actualizado: Sábado a las 20:00

De las guardias enfermeras en Cardiología a llenar escenarios en recitales

Samir Abu-Tahoun compagina su planilla de turnos en el 12 de Octubre con los compromisos artísticos como escritor
El enfermero madrileño en un momento de la entrevista en uno de los accesos a la Casa de Campo.
Laura Díez
Joana Huertas
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Sábado, 18 de noviembre de 2017, a las 20:00
Su nombre siempre ha provocado extrañeza, pero si algo se puede decir de Samir Abu-Tahoun  (Madrid, 1976) es que trabaja con el corazón. En su faceta profesional porque es enfermero de la planta de Cardiología del madrileño hospital 12 de Octubre. En su faceta artística y personal porque desprende sensibilidad por cada poro y porque cuando se sienta a escribir relatos que luego recita en escenarios tiene el don de señalar directamente al órgano vital de uno u otro modo. Este madrileño de Aluche ha conseguido compaginar sus turnos laborales con actuaciones en recitales junto a su hermano Marwan donde cuelgan el cartel de sold out, y con su segundo libro publicado en la mano recibe a LA REVISTA de Redacción Médica en uno de sus rincones predilectos de la capital española. 

Es allí donde explica que su vocación enfermera apareció cuando tuvo que elegir un destino profesional y tuvo que conjugar su interés por la rama sanitaria con las notas de BUP y COU que le hicieron descartar Medicina. “No pude llegar y acabé en la Enfermería, que con el tiempo he descubierto que se ajusta un poco más a mi manera de ser, a lo que yo entendía por actividad sanitaria”, reconoce. A esa tarea se entrega habitualmente de tarde, con una guardia de noche casi cada semana, periodos muy propicios para coger papel y boli y dejarse llevar por su temprana vocación escritora, aquella que le sorprendió cuando antes de los diez años le llevó a ganar algún que otro concurso literario.

Samir admite con rubor que en un par de ocasiones le han reconocido sus pacientes pese a que no suele contar nada de su faceta artística. Precisamente del trato con ellos ha aprendido que un paciente lo que tiene sobre todo es miedo, algo que hace que todo se mire desde muy abajo. “Les duele la vida, les duele estar mal, les duele la inseguridad de sentirse tan precarios y de no saber si se van a recuperar. Yo trabajo en una planta que además tiene un matiz muy potente, que es el corazón, el órgano rector. Son patologías amenazantes, mortales en ocasiones o muy invalidantes como en los casos de insuficiencia cardiaca avanzada, miocardiopatías dilatadas o trasplantes. Son patologías tan complejas y tan potencialmente mortales que al paciente le ponen en contacto con cosas muy primarias de supervivencia y de sufrimiento muy intenso. A la vez, son muy agradecidos, si algo va bien, van muy bien, pero cuando se estropea el desarrollo y cuando van regular las cosas, se sufre con ellos”, admite.

El escritor charla con La Revista sobre su faceta laboral y artística

El escritor charla con La Revista sobre su faceta laboral y artística.

Pese a una marcada sensibilidad que admite sin tapujos, este enfermero reconoce que a la vez es muy resuelto y no le dan miedo los problemas o enfrentarlos, de manera que no se atasca en el dolor de los demás, sino que responde. “No solo con compasión sino pensando venga, ¿qué podemos hacer para mejorar esta situación? Soy muy activo como enfermero cuando tengo que atajar cosas”, confiesa. Precisamente por esa capacidad de resolución y por sus años de experiencia –a pesar de admitir que no está demasiado actualizado en política sanitaria-, tiene claro cómo mejoraría esa sanidad pública que conoce, y es con más personal. “A veces trabajamos a una velocidad que no permite el contacto profundo con un paciente que quizá lo necesita. En ocasiones tenemos que estar haciendo varias cosas a la vez, en una planta se presenta un situación difícil que tienes que estar atendiéndola la mitad de la tarde y tienes que dejar de hacer otras muchas cosas. Sin que Cardiología sea una de las plantas peor situadas a nivel de personal –porque tenemos telemetrías y debemos estar con mayor vigilancia-, siempre ayuda tener un poco más de personal. He trabajado en una planta de Interna donde íbamos con la lengua fuera, con carros de medicación y volando por el pasillo porque no dábamos abasto, y eso se soluciona, para empezar, con más personal”, reclama.

Inspiración en el hospital

Samir no es un referente para la oficiosa rivalidad entre médicos y enfermeros, puesto que se lleva bien con los primeros y admite que “es una profesión preciosa”, aunque asegura estar “mejor dotado para ser enfermero”, y explica que la rivalidad existe sólo si se trabaja desde el ego. Ha sido trabajando cuando más ha aprovechado para dejarse llevar por la inspiración, aunque no únicamente. “He escrito mucho, mucho, mucho de noche, de guardia en el hospital. Soy un escritor muy anárquico; he escrito en casa, en cualquier lugar donde me ha pillado, he tenido una idea y la he apuntado, en un concierto, sentado en Galileo he cogido notas, y mucho en el hospital. No solo de noche, también de tarde, en algún típico rato libre que la gente aprovecha para merendar, pues a lo mejor yo he estado escribiendo. Si he tenido una idea, la aprovecho. Soy de inspiración anárquica y de escritura así, sorpresiva, de repente siento ganas de escribir y lo hago donde me pille”, explica a esta revista.

Este enfermero admite que no se considera poeta pese a haber escrito poesías y tener sensibilidad poética, puesto que para él un poeta “son palabras mayores”, y cree que la poesía es un “lenguaje muy crudo, muy misterioso, muy potente” y aunque su escritura tenga estos tintes, no se le puede llamar poeta. Para él, el arma principal del escritor es la imaginación, y no compra la idea de que se escriba mejor desde el dolor. “El sufrimiento, la tristeza o los sentimientos negativos ayudan porque te ponen en contacto con cosas muy básicas, muy profundas, con tus contradicciones. Normalmente cuando se sufre es un mensaje que te estás dando a ti mismo y como escritor suelo aprovechar también esos momentos pero no considero que sea estrictamente necesario. Si tienes capacidad empática o imaginativa puedes escribir hasta del dolor estando feliz. Lo que pasa es que la tristeza es fotogénica. La tristeza y la melancolía son más ‘describibles’ y quedan muy bien cuando se hace, y parece que siempre que se habla de ello se está así, pero no, yo independizo mucho lo que escribo de mis emociones”, comenta.

Samir está muy satisfecho de la acogida de su segundo libro, 'Como pudo nadie dejarte escapar'

Samir está muy satisfecho de la acogida de su segundo libro, 'Como pudo nadie dejarte escapar'. 

Dos libros publicados

Escribir, tomada como actividad reflexiva, ha ayudado a Samir a conocerse a sí mismo, a hacer esa reflexión externa con la que ha descubierto contradicciones, pesares, una fuerza interior que en ocasiones no ve y aspectos muy intensos. Fruto de ello son sus dos libros, con títulos tan tentadores como Cosas que he roto, escrito de una manera “más caótica, más larga en el tiempo” y Cómo pudo nadie dejarte escapar, redactado a lo largo del verano y otoño pasados. Pero en todo proceso de escritura siempre debe existir la otra parte, ese receptor del mensaje que te ofrezca su visión y a quien llegue el mensaje. Por eso anima a toda esa gente que en las firmas o recitales le comenta, casi a modo de confesión, que también escribe, pero que les da vergüenza mostrarlo. “Siempre es bueno que te lean, que te den una opinión sobre lo que haces porque siempre vas a obtener un feedback positivo, siempre te van a poder animar o decirte ‘esto creo que no lo has explicado muy bien’. Para mí la principal necesidad escribiendo es decir algo, pero es bonito que alguien escuche ese algo que tienes que decir”, asegura Samir.

El madrileño lamenta las críticas de quienes cargan contra cierta “popularización” de la poesía, con numerosos nombres de poetas jóvenes que en los últimos años han despuntado, principalmente en redes sociales y en editoriales propias creadas para difundir sus textos. En su opinión, hay espacio para todos, y “derecho tiene todo el mundo que quiera escribir lo que le apetezca”, y que sea el receptor quien lo recibe y lo juzgue. “Otra cosa es la opinión personal que yo tenga sobre la calidad literaria de parte de esa poesía”, matiza. Admite que, en parte, hay un apogeo de un movimiento de personajes populares en redes sociales que se han lanzado a escribir y que efectivamente atraen a un público, lo cual no es necesariamente malo. Se está captando a gente muy joven a la que a lo mejor han enganchado por fotos de Instagram o tuits ocurrentes y los están llevando hacia la lectura. Leer siempre es bueno y aunque no sea muy profundo o lo mejor del mundo es bueno favorecer y familiarizar a la gente con la lectura y con la lectura de la poesía. Lo que está trayendo esta marea es más bueno que malo”, defiende el enfermero.

Samir, fruto de dos culturas que es –de padre palestino y madre soriana- se pierde en los grises huyendo de radicalismos, y asegura que tiene una visión más amplia de las cosas por ser una persona mestiza, aunque más orientada a la cultura occidental. Como él dice, “tener el origen diverso me ha ayudado a tener una mentalidad muy amplia de muchas cosas a nivel social, político y personal, y creo que mi sensibilidad también viene dada por eso, te hace como más permeable a un espectro más amplio de cosas”. Sin embargo, su personalidad también está marcada por el inconformismo, que no va perdiendo con el paso de los años, lo que le hace augurar un futuro como “viejo muy protestón”, puesto que “soy muy rebelde, muchas cosas me hacen daño y me llevan a rebelarme y a protestar internamente”.

Marwan, “importantísimo”

Pese a que pueda parecer que sí, lo cierto es que Samir todavía no ha dado ninguna entrevista en la que no se mencione a su hermano, el cantautor Marwan, algo que lleva con cierto honor y con un sorprendente agradecimiento por todas las oportunidades que le ha brindado. “No me importa en absoluto, estoy muy cómodo y muy feliz de mencionar a mi hermano porque es una persona importantísima para mí, si no la más importante de mi vida. Estoy muy ligado a él, lo adoro y estoy contentísimo de que su faceta profesional salga a la luz también en mis entrevistas. Además él me ha ayudado mucho en mi desarrollo artístico, no solo porque ha publicado mi primer libro en su editorial Noviembre Poesía, sino porque siempre me ha animado mucho, me ha estimulado, me ha picado para crear. Sin Marwan yo no sería escritor”, declara, con un complicidad que es mutua y patente también a través de las letras de su hermano.

Samir recita mientras su hermano Marwan pone música con su guitarra en uno de los numerosos recitales que ofrecen a lo largo de la geografía

Samir recita mientras su hermano Marwan pone música con su guitarra en uno de los numerosos recitales que ofrecen a lo largo de la geografía.


Y Marwan ha querido involucrarle en su idea de recitales, donde él con o sin su guitarra y Samir recitando, han llenado recintos emblemáticos –como los madrileños Galileo Galilei o Libertad 8- de toda la geografía nacional durante más de dos noches seguidas y con más de un pase por día. Fue Marwan quien propuso que su hermano “que era el que escribía bien y no él”, colaborara con el Diario de Almería durante cerca de tres años escribiendo con total libertad. Y ambos comparten aficiones comunes como la lectura o los partidos del Barça como culés convencidos que se declaran. “Tengo lo mejor de dos mundos: uno es ser del Barça, que es estupendo, y otro una voluntad más optimista que tenemos los madrileños. El culé tradicional suele ser más pesimista y lo ve todo perdido, y tanto Marwan como yo somos culés optimistas, una raza extraña”, destaca.

"Algunas cosas de las que he roto, aunque dolorosas, están bien rotas, y han ayudado a tomar un mejor camino"



A sus 41 años, a Samir le ha dado tiempo a estudiar Enfermería y aburrirse tras los tres cursos de una Filosofía “demasiado académica” para él. Su necesidad de expresarse creativamente le llevó también a estudiar Arte Dramático, pero vio que “no me sentía un actor natural” y sí un escritor natural. En sus fines de semana libres –que asegura tener aunque no lo parezca- le encanta “vaguear”, pasear con su perro y con su pareja, montar en bici, ver películas o series en casa “tirado en el sofá” y leer. Ahora tiene entre manos Stone Junction, de Jim Dodge –una obra que “no es literatura fácil” de un escritor independiente americano- y asegura que en su reproductor de música suena de todo, “desde rock independiente anglosajón, inglés o americano hasta reggaetón”.

Mientras prepara el proyecto que desde hace tiempo tiene entre manos, que es escribir una novela, asegura, haciendo gala al título de su primer libro, que él también ha roto muchas cosas, tanto de él como de los demás. “Algunas cosas de las que he roto, aunque dolorosas, están bien rotas y me han ayudado a mí o a la persona que tuviera cerca a tomar un mejor camino. De mí, ciertas limitaciones que me impone mi temperamento, ciertos límites que me autoimpongo, he intentado ser una persona más libre. Intento romper los diques que a veces nos ponemos como personas y los patrones por los que estamos cortados, que a veces son patrones familiares o heredados. Hay cosas que están bien rotas”, sentencia el enfermero madrileño.