Una mujer mordiéndose las uñas

Una mujer mordiéndose las uñas Envato

Víricö

"Es como dar un lametón a tu móvil": los 5 trucos de la dermatóloga Ana Molina para dejar de morderse las uñas

La especialista detalla los riesgos para la salud que conlleva la onicofagia y cómo poder evitarla

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Morderse las uñas es, para muchas personas, un gesto tan automático como parpadear. Se hace viendo una serie, en una reunión de trabajo, conduciendo o simplemente cuando los nervios aprietan, y rara vez se le da más importancia que la puramente estética. Sin embargo, detrás de este tic tan extendido se esconde un riesgo higiénico y médico que va mucho más allá de la apariencia de las manos.

La dermatóloga Ana Molina ha querido poner el foco precisamente en esa cara oculta de la onicofagia, el nombre técnico con el que se conoce este hábito. Según explica la especialista en un video publicado en su cuenta de Instagram (@dr.anamolina), el gesto de morderse las uñas "introduce de forma directa en tu organismo una cantidad ingente de gérmenes, virus y bacterias microscópicas que se acumulan en el espacio subungueal", por lo que es necesario prestar especial atención a esta manía.

Lo que se esconde bajo las uñas

Para entender la magnitud del problema, Molina compara el morderse las uñas con dar un "lametón a tu móvil", que resume bien lo que ocurre en realidad cada vez que una persona se lleva los dedos a la boca. Las manos entran en contacto constante con superficies que distan mucho de ser limpias, y buena parte de esa suciedad queda retenida bajo la uña, un espacio que actúa como auténtico reservorio de gérmenes.

La dermatóloga detalla que las manos "entran en contacto continuo con superficies contaminadas como el transporte público, las monedas o los dispositivos digitales a lo largo del día". El problema es que gran parte de esa contaminación resulta invisible a simple vista: no se trata solo de la suciedad evidente, sino de bacterias y virus microscópicos que se acumulan sin que la persona sea consciente de ello.

De hecho, el recorrido de esas bacterias no termina en la boca. Según advierte la especialista, al llevarse los dedos a la boca "traspasas toda esa porquería invisible hacia tu sistema digestivo", lo que puede alterar el equilibrio de la microbiota intestinal y favorecer la aparición de infecciones estomacales recurrentes.

El daño, además, no se limita al aparato digestivo. El hábito de morderse las uñas también tiene consecuencias directas sobre los propios dedos, los dientes y, en los casos más persistentes, la mandíbula, por la presión y el desgaste continuado que genera este gesto repetitivo.

Cinco trucos para dejar de morderse las uñas

Frente a un hábito tan arraigado, la clave no está solo en la fuerza de voluntad, sino en actuar sobre las condiciones que lo favorecen. La especialista propone cinco pautas prácticas para ir reduciendo progresivamente esta conducta:

  • Mantener las uñas cortas. Llevarlas muy cortas y bien limadas, sin picos ni bordes irregulares que inviten a mordisquearlas, es el primer paso básico.
  • Cuidar las cutículas. Hidratar bien cutículas y padrastros reduce la tentación, ya que cuanta más piel suelta hay alrededor de la uña, mayor es el impulso de arrancarla con los dientes.
  • Recurrir a esmaltes amargos. Este tipo de esmaltes, con sabor desagradable, funcionan como un aviso inmediato que interrumpe el gesto en el momento en que se produce.
  • Sustituir el tic por otro hábito. Mantener las manos ocupadas con un anillo giratorio, una pelota antiestrés, un bolígrafo o un chicle sin azúcar ayuda a desviar la conducta hacia algo menos lesivo.
  • Identificar los desencadenantes. Detectar en qué momentos aparece el hábito —viendo series, trabajando, conduciendo, por ansiedad o aburrimiento— es fundamental para poder anticiparse a él.

¿Cuándo consultar con un especialista?

En este sentido, Molina insiste en que "aprender a mantener las manos ocupadas es la mejor inversión para preservar la estabilidad de tu barrera cutánea y tu salud general". Aun así, en la mayoría de los casos se trata de un tic que puede corregirse con constancia y las estrategias adecuadas.

Sin embargo, la dermatóloga recuerda que hay situaciones en las que conviene buscar ayuda profesional: cuando la persona siente que no puede controlar el impulso por sí misma. En esos casos, consultar con un especialista permite abordar el hábito desde una perspectiva más amplia, que puede incluir tanto el componente dermatológico como el emocional que a menudo hay detrás de la onicofagia.