Resonancia magnética.
Radiografía, TAC o resonancia: "Todas te enseñan una imagen del cuerpo, pero no son lo mismo ni tienen la misma función"
El médico José Manuel Felices analiza la velocidad del TAC frente a la precisión de la resonancia y desmiente que exista una prueba mejor que otra
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Radiografía, TAC, resonancia... Casi todo el mundo ha oído estos nombres, y muchos han pasado por alguna de estas pruebas, pero pocos sabrían explicar en qué se diferencian. Todas comparten un mismo objetivo, obtener una imagen del interior del cuerpo, y, sin embargo, cada una funciona de una manera distinta, aporta información diferente y tiene indicaciones muy concretas. Confundirlas es habitual, y entender qué hace cada una ayuda a comprender por qué el médico pide una y no otra.
Precisamente a aclararlo ha dedicado un vídeo publicado en su cuenta de Instagram el médico José Manuel Felices, especialista en Radiodiagnóstico. Con un tono didáctico, el radiólogo repasa las principales técnicas de imagen —desde la simple fotografía hasta la resonancia magnética— y explica sus ventajas y limitaciones. Su punto de partida es tan sencillo como revelador: "Todas te enseñan una imagen del cuerpo, pero no son lo mismo ni tienen la misma función".
De la fotografía a la radiografía
Felices arranca por lo más elemental, la fotografía, para marcar distancias. "Es muy bonita, un arte, pero en medicina sirve para poco", resume. Su utilidad se limita a lo superficial: "Solo enseña lo de fuera; puede servir para lesiones de la piel, pero ya está".
Ahí entra la radiografía, la prueba de imagen por excelencia. El especialista es claro sobre por qué es tan frecuente pese a no ser la más sofisticada: "No es la mejor prueba, pero sí es la más rápida y más accesible". Su gran terreno son los huesos: "Si te has roto algo, es lo primero que te haremos", apunta.
El TAC: rapidez que salva vidas, pero con radiación
El siguiente escalón es la tomografía computarizada, conocida como TC o TAC. Felices recurre a una imagen cotidiana para explicarla: es como hacer muchísimas radiografías y juntarlas "en rodajas del cuerpo, como si fuera pan de molde". El resultado es una herramienta rapidísima y decisiva en urgencias, capaz de mostrar "en segundos hemorragias internas, trombos en el pulmón o infartos cerebrales".
Esa velocidad tiene una contrapartida que el radiólogo no oculta: "Es rapidísima, salva vidas, pero usa mucha radiación, hay que usarla con cabeza". De ahí que el orden de las pruebas dependa de la urgencia. "A veces no se hace la primera y se empieza por la radiografía, pero si es una urgencia que no podemos esperar, vamos directos al TAC", explica.
La resonancia: la más completa, pero la más lenta
En la cúspide en cuanto a detalle se sitúa la resonancia magnética, "la prueba más completa de todas", según Felices. Su gran ventaja es que va más allá de la anatomía: "No solo ve la forma de tu cuerpo y de tus órganos, sino que consigue ver la actividad de tus células". Y lo hace sin radiación, porque "funciona con un imán gigante".
El inconveniente es el tiempo. El propio radiólogo lo ilustra con una comparación contundente: "Un TAC son 20 segundos, una resonancia 40 minutos". Esa lentitud condiciona cuándo puede usarse, sobre todo en situaciones que no admiten espera.
¿Cuál es la mejor?
Llegados a este punto, la pregunta se responde sola, y Felices la zanja sin quedarse con ninguna en particular: "Cada una te da información distinta y la mejor es la que responde a lo que tu médico necesita saber de ti, según lo que parece que te pasa y la prisa que tengamos". No hay, por tanto, una prueba superior a las demás, sino la más adecuada para cada caso.