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19 sept. 2019 12:16H
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MADRID, 19 (EUROPA PRESS)

Un equipo de la Universidad Técnica de Munich (Alemania) ha encontrado que la infección simultánea con trematodos sanguíneos (esquistosomas) y la bacteria 'Helicobacter pylori' resulta, entre otros efectos, en un debilitamiento del impacto adverso de los patógenos que actúan individualmente.

La equistosomiasis es una enfermedad causada por gusanos planos del género esquistosoma, comúnmente conocidos como trematodos sanguíneos, que generalmente ingresan al cuerpo humano con agua de lagos, estanques o ríos y son transportados al torrente sanguíneo. La especie 'Schistosoma mansoni' es especialmente dañina para el hígado, donde causa cirrosis.

'Helicobacter pylori' es una bacteria que coloniza el estómago humano y cuyas infecciones están asociadas con úlceras estomacales y cáncer. En lugares donde los esquistosomas están muy extendidos, como en algunos países africanos al sur del Sahara, son frecuentes las coinfecciones con Helicobacter pylori. Los investigadores utilizaron ratones para estudiar lo que sucede en una coinfección con 'Helicobacter pylori' y 'Schistosoma mansoni'.

En una infección por esquistosomiasis, la infección inicial está seguida por una fase aguda, reemplazada unas cinco semanas después por una fase crónica. En su estudio, publicado en 'Cell Reports', los investigadores muestran que se encuentran menos células T en el estómago durante la fase aguda de la esquistosomiasis. En los huéspedes infectados solo por 'Helicobacter pylori', estas células inmunes son más numerosas en el estómago y allí causan inflamación.

"Mostramos que la esquistosomiasis conduce a un aumento en los niveles de quimiocinas en el hígado. Las quimiocinas atraen las células T y, en cierto sentido, las desvían hacia el hígado", ha explicado el profesor del Instituto de Microbiología, Inmunología e Higiene Médica de la Universidad Técnica de Munich, Markus Gerhard. Tal y como ha indicado, esto lleva a una reducción en la inflamación del estómago. Sin embargo, este efecto se desvanece cuando comienza la fase crónica.

Mientras que los huéspedes infectados con esquistosomiasis a menudo sufren daño hepático durante esa fase, los nuevos hallazgos mostraron que con las coinfecciones esto es menos común. Además, los investigadores detectaron cantidades elevadas de la proteína de señalización 'IL-13dRa2' en la sangre de ratones infectados con la bacteria.

"IL-13dRa2 puede proporcionar protección contra la cirrosis e incluso puede revertir los cambios en los tejidos", ha revelado la profesora del Instituto de Microbiología, Inmunología e Higiene Médica de la Universidad Técnica de Munich, Clarissa Prazeres da Costa. "Por lo tanto, creemos que podrían desempeñar un papel decisivo para reducir el alcance de la cirrosis hepática en las coinfecciones", ha comentado.

POSIBLES EFECTOS SOBRE LAS VACUNAS

En la vida cotidiana, muchas personas se vuelven a infectar repetidamente con esquistosomas porque entran en contacto frecuente con agua que contiene gusanos. "Como resultado, no existe un límite de tiempo para el desvío de las células T al hígado porque las fases crónica y aguda ocurren simultáneamente", ha explicado Clarissa Prazeres da Costa.

A primera vista, las interacciones en caso de una coinfección pueden parecer un efecto secundario positivo: aunque el individuo infectado padece dos enfermedades, los efectos dañinos de ambas aparentemente se reducen. Sin embargo, las coinfecciones pueden tener otras consecuencias. "Por ejemplo, la respuesta inmune modificada puede limitar la efectividad de las vacunas", ha afirmado Markus Gerhard.

"Las coinfecciones están muy extendidas, especialmente en las regiones más pobres. Necesitamos urgentemente más estudios sobre sus efectos y formas de tratarlos, por ejemplo, para desarrollar estrategias de vacunación nuevas y más efectivas", ha agregado Clarissa Prazeres da Costa.

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