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19 nov. 2019 10:11H
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MADRID, 19 (EUROPA PRESS)

Alrededor de 432.000 muertes por diarrea se producen anualmente debido a enfermedades producidas por un saneamiento deficiente, esto es, la falta de inodoros, y la pérdida de productividad por las dolencias aparejadas puede alcanzar hasta el 5 por ciento del producto interior bruto (PIB), según señala la directora ejecutiva del Consejo de Colaboración para el Abastecimiento de Agua y Saneamiento de la Organización Mundial de las Naciones Unidas(ONU), Sue Coates.

Miles de personas no tienen acceso a un baño y defecan en campos, bosques, arbustos, lagos y ríos. De los 673 millones de personas que practican la defecación al aire libre, el 91 por ciento vive en zonas rurales. El aumento de población en países como Nigeria, Tanzania, Madagascar y Níger, y algunos estados de Oceanía, está llevando a un crecimiento localizado en la defecación al aire libre. No obstante, en general, la práctica está disminuyendo, y Coates estima que se terminará completamente con ella en 2030, como marca uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que requerirá avances sustanciales en el uso del inodoro, sobre todo en Asia Central y Meridional, Asia Oriental y Sudeste y África Subsahariana, lo que reportará "beneficios transformadores".

Además, se trata de una práctica "peligrosa" para la salud pública. Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), un gramo de heces puede contener 10 millones de virus, un millón de bacterias y mil parásitos. Los malos hábitos de saneamiento e higiene, como no lavarse las manos con jabón después de defecar y antes de comer, contribuyen a más de 800.000 muertes anuales por diarrea, según la Organización Mundial de la Salud, por lo que las muertes por esta razón superan a las de la malaria.

FALTA DE SANEAMIENTO EN HOSPITALES Y ESCUELAS

Se trata de un hábito que, además, trasciende el ámbito privado. Según la OMS y UNICEF, en 2016, el 21 por ciento de las instalaciones médicas en todo el mundo no tenían servicio de saneamiento, lo que afecta a más de 1.500 millones de personas. De igual forma, más de 620 millones de niños en todo el mundo carecían de servicios básicos de saneamiento en sus escuelas.

A nivel económico, la OMS estima que por cada dólar invertido (en torno a 90 céntimos) en agua e inodoros se ahorra un promedio de cuatro dólares (3,61 euros) gracias a la disminución de los costos médicos, las muertes y la mayor productividad. Así, la promoción de la higiene es una de las intervenciones de salud pública más rentables. Por el contrario, la falta de saneamiento frena el crecimiento económico.

En la actualidad, cada vez más, los gobiernos y las agencias de la ONU están creando guías para abordar el problema, y el Consejo de Colaboración para el Abastecimiento de Agua y Saneamiento lleva más de una década otorgando subvenciones a las comunidades, aunque, tal y como afirma Coates, el objetivo todavía "está lejos".

Se estima que el costo anual global para proporcionar servicios básicos de saneamiento es de 19.500 millones de dólares (unos 17.600 millones de euros), pero en este momento no se reciben fondos suficientes. El informe sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU de 2019 advierte que, si bien se están haciendo progresos en muchas áreas, la respuesta colectiva no es suficiente.

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