El progreso de las técnicas endovenosas ha reducido el riesgo de infección



04 may 2015. 18.48H
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Redacción. Madrid
Las innovaciones tecnológicas, como la implantación de catéteres con guía ecográfica o la utilización de otros subcutáneos, así como la formación en terapia venosa, contribuyen a mejorar la calidad de vida del paciente y minimizar el riesgo de infección.
Así lo han asegurado profesionales y expertos participantes en la XV Conferencia del Ciclo La aportación de la Tecnología Sanitaria sobre Innovación tecnológica en terapia intravenosa, organizada por la Real Academia Nacional de Medicina y la Fundación Tecnología y Salud.

Emilio Bouza, del Gregorio Marañón de Madrid.

La terapia intravenosa (TIV) consiste en la administración de sustancias líquidas de forma directa en una vena, con una aguja o catéter, que se inserta en la luz del vaso, lo que permite el acceso inmediato al torrente sanguíneo para suministrar líquidos y medicamentos con fines diagnósticos o terapéuticos, más utilizadas desde mediados del siglo XX.

En los últimos años, la capacidad de innovación del sector de la tecnología sanitaria ha facilitado el desarrollo de dispositivos de seguridad y materiales que implican mejoras continuas en la práctica médica y en la seguridad del paciente y del profesional sanitario, lo cual minimiza y elude los riesgos de exposición y contagio derivados del inadecuado uso de objetos rutinarios.

En este sentido, según ha explicado Emilio Bouza, jefe del Servicio de Enfermedades Infecciosas y Microbiología del Gregorio Marañón de Madrid, “las innovaciones tecnológicas más importantes en este campo, que han facilitado la mejora de la técnica y la reducción de las infecciones, se basan en la implantación de catéteres con guía ecográfica, donde el profesional no tiene que buscar la vena a ojo; así como la incorporación de los catéteres subcutáneos, que suponen una vía menos invasiva y ofrecen una mejor calidad de vida del paciente, por ejemplo, en el caso de los pacientes oncológicos a los que hay que administrar continuamente medicación intravenosa”.

Pero las innovaciones en este campo no se han quedado ahí. “En los últimos años se han desarrollado catéteres que se tapan con un apósito realizado a partir de una sustancia antiséptica, de manera que a través de una ventana se puede ver el punto de entrada del catéter con la piel. Por otro lado, existen tapones para no tener que abrir las conexiones cada vez con una jeringuilla porque es una puerta de entrada para las bacterias. Es lo que se llama sistemas cerrados para proteger de las infecciones que puedan entrar desde el exterior”, ha señalado.

Para Encarnación Fernández, directora de Enfermería del Hospital Universitario Clínico San Carlos, “los mayores esfuerzos en innovación desde los inicios del desarrollo de la técnica han estado orientados a buscar la máxima biocompatibilidad de los materiales y su armonía con las sustancias utilizadas. Otra de las cuestiones más relevantes en los últimos años ha sido la transformación de los dispositivos utilizados para aumentar la seguridad del paciente y del profesional en el ámbito de las bacteriemias y las punciones accidentales, respectivamente”.

Por su parte, Margarita Alfonsel, secretaria del Patronato de la fundación, ha destacado la importancia de la innovación tecnológica desde el punto de vista del paciente, ya que “la preocupación por la seguridad asistencial supone una línea de actuación prioritaria del sector de Tecnología Sanitaria y de la Fundación Tecnología y Salud. En esta jornada nos centramos, por tanto, en reconocer el valor de la innovación en técnicas y procedimientos capaces de cumplir su función terapéutica sin riesgos
para ofrecer una atención sanitaria de calidad, segura, accesible y eficiente”.

Elevado riesgo de infección

La terapia intravenosa es una técnica extendida en los hospitales españoles desde los años 50-60 del siglo pasado, que ha mejorado considerablemente en los últimos años. Según explica el doctor Bouza, “los pacientes hospitalizados a los que se coloca una vía endovascular superan el 70-75 por ciento de todos los ingresados”.

Pero a pesar de las continuas innovaciones en este campo, las infecciones que se derivan de la terapia intravenosa siguen siendo un problema frecuente, dada la magnitud del uso de las mismas y del tiempo de exposición a ellas. “El problema más grave es la bacteriemia relacionada con catéteres endovasculares, que representa hasta el 20-30 por ciento de todos los episodios de bacteriemia en el hospital y se asocia a una considerable morbilidad, prolongación de estancia hospitalaria y a un considerable aumento del gasto sanitario”, ha precisado este experto.

Se calcula que cada episodio de este tipo supone un gasto aproximado de 18.000 euros más del esperado en ese paciente. “Lo más importante de esto, es que una gran parte del problema es evitable y que programas de control basados en educación continuada y procedimientos de intervención sistemáticos pueden reducir el problema espectacularmente”, ha incidido Bouza.

En este sentido, “apósitos transparentes impregnados en clorhexidina, sistemas cerrados de infusión, catéteres impregnados en antimicrobianos, programas de comprobación diarios de necesidad de las vías y otros muchos sistemas innovadores, están contribuyendo a ganar esta batalla”, ha añadido.

Papel de la Enfermería

La terapia endovenosa ha incluido, entre otros, los procedimientos de instalación, manejo y retiro del catéter, procedimientos que el personal de enfermería realiza de manera frecuente en los centros hospitalarios. Según Encarnación Fernández, “se trata, sin lugar a dudas, del medio más rápido para hacer llegar el tratamiento al paciente y, en muchos casos, el único como es el caso de las transfusiones. Esta rapidez en la distribución y la posibilidad de infundir soluciones y/o fármacos que por otras vías de administración no sería posible, hacen de la vía intravenosa un recurso fundamental”.

El personal de enfermería interviene en el plan médico-terapéutico y es responsable de proporcionar los cuidados necesarios indicados y adecuados a las necesidades particulares de cada paciente. “Los equipos de terapia intravenosa están formados por un conjunto de enfermeras especialmente capacitado para la instauración de catéteres centrales o medios de inserción periférica, utilizando las más actuales técnicas de apoyo a su instauración, tales como la ultrasonografía para guiar la punción, o el electrocardiograma intracavitario para identificar la posición del catéter”, ha precisado.

Los expertos coinciden en afirmar que la formación continuada del profesional es vital, no sólo para mejorar la técnica, sino también para minimizar el impacto de las posibles infecciones. “En estos momentos la formación de los profesionales es fundamental, aunque es menor de la que debería existir y en numerosas ocasiones es el propio profesional el que la busca por iniciativa propia. Si bien es cierto que en los últimos tiempos se han extendido los programas interactivos sobre terapia intravenosa para el personal de enfermería, tanto para personal fijo como eventual”, ha apuntado Bouza.

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