La obsolescencia de la tecnología es un riesgo para la prestación sanitaria y aumenta los costes

Industria y sociedades científicas analizan la situación y aportar su visión sobre las posibles soluciones y necesidades.

dom 24 noviembre 2013. 19.05H
Enrique Pita / Imagen: Pablo Eguizábal, Miguel Ángel Escobar. Madrid
Un documento reciente de la Federación de Empresas de Tecnología Sanitaria (Fenin) ha confirmado una realidad: el problema de la obsolescencia de la tecnología de los hospitales españoles se ha incrementado en los últimos años como consecuencia de un descenso en la inversión para la renovación de equipos y por una caída en el mantenimiento de estos dispositivos. Redacción Médica ha reunido a industria y sociedades científicas para analizar la situación y aportar su visión sobre las posibles soluciones y necesidades.

¿Qué visión tienen de la situación que atraviesa la tecnología sanitaria en los hospitales españoles? ¿El problema de la obsolescencia es real?

Vicente Gómez Tello, coordinador de grupos de Evaluación de Tecnologías de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias:  La obsolescencia es real y genera problemas en la seguridad del paciente, en la práctica de los clínicos y en el coste para todo el sistema sanitario. Hay que evaluar la obsolescencia de los equipos que tenemos instalados en los hospitales, y cuál es la participación de los clínicos en un futuro organismo unificado para poder reevaluar toda la tecnología sanitaria e incluso anticipar qué tecnología sanitaria está obsoleta. El papel del clínico en la evaluación de tecnología todavía no es muy importante, y el papel de las sociedades me parece residual, y hay que potenciarlo.

Fátima Matute, secretaria general de Sociedad Española de Radiología Médica: La prevención de la obsolescencia es fundamental para gestionar la tecnología en radiodiagnóstico. La radiología es una de las disciplinas de la medicina que más se ha visto ayudada por la evolución tecnológica, cada vez tenemos equipos que son mejores, y esto influye directamente en un aumento sobre la calidad de la sanidad global de todos, pero a su vez este incremento exponencial ha hecho que el coste aumente y que la previsión y que las políticas de gestión de esa adquisición tecnológica y de la compra y del mantenimiento de esos equipos, del personal que conlleva, de las estaciones de trabajo, redes informáticas, y todo lo que globalmente afecta a este proceso, se hayan visto afectadas por los recortes sanitarios, que han incidido en la mala gestión de la adquisición y el mantenimiento de esos equipos. Hay un grave problema: muchas veces no hay unos técnicos especializados en la decisión de compra, mantenimiento y renovación de la tecnología, y esto es fundamental.

De izquierda a derecha: Vicente Gómez Tello, coordinador de grupos de Evaluación de Tecnologías de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (Semicyuc); Fátima Matute, secretaria general de la Sociedad Española de Radiología Médica (Seram); Miguel Ángel García, secretario general de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), e Ignacio López, presidente del sector de Tecnología y Sistemas de Información Clínica de Fenin.


Miguel Ángel García, secretario general de la Sociedad Española de Cardiología: Las sociedades científicas hemos ocupado un papel de florero durante mucho tiempo y debemos pasar a ser los pepitos grillo para mantener un sistema sanitario, que probablemente es el mayor logro en nuestro país en los últimos 50 años, y que en los últimos cinco años ha sufrido una caída. Debemos ser incordiantes, ser molestos, para definir lo que se está haciendo mal, que son muchas cosas.
La SEC está aquí para apoyar que una renovación inteligente es obligatoria. Nos hemos quedado muy atrasados, y nos vamos a quedar más atrasados.

Ignacio López, presidente del sector de Tecnología y Sistemas de Información Clínica de Fenin: Desde la industria nos gustaría aportar algunos datos. ¿Qué nos gastamos en tecnología inventariable? En 2012, menos del 1 por ciento del gasto en Sanidad. Por tanto, estamos hablando de una parte ridícula, mínima, que es capaz de transformar los procesos y de aportar mucho valor a la eficiencia del sistema. El problema, como hemos señalado en el documento ‘El perfil tecnológico de los hospitales de España’, es que la caída del 65 por ciento de la inversión en los últimos cinco años ha hecho que se acumule una cantidad de equipos completamente obsoletos funcionalmente o tecnológicamente que realmente va a representar un problema en el futuro para los estándares europeos.

Hay varios elementos que son la causa. Se ha hablado de un mantenimiento apropiado que consigue alargar la vida y la funcionalidad de los equipos, algo que sin embargo no ocurre cuando la tendencia es a la subcontratación de empresas generalistas. Además, la visión anualizada del presupuesto es otra de las causas. Por último, hay que poner el valor de la tecnología en los criterios de decisión y no tanto el precio.

¿Las guías de compra deben estar elaboradas por las sociedades científicas o deben incluir también a la industria y las administraciones?

Vicente Gómez: Desde nuestra sociedad consideramos que debe haber un organismo, a ser posible nacional y unificado en el que debemos participar los clínicos y también la industria. Debemos decir exactamente qué queremos de una tecnología y por qué una tecnología es buena, y debemos hacer un análisis riguroso en el que nos pueden ayudar las agencias. Hace falta una evaluación muy rigurosa de lo que el equipo puede dar, de la eficacia, de la seguridad, de la eficiencia, del ahorro de tiempo, de la monitorización en cuanto a procesos, y eso lo tenemos que decir las sociedades y las agencias de evaluación serias. No lo tienen que decir las centrales de compra.

Vicente Gómez y Fátima Matute
durante su primera intervención.

Miguel Ángel García-Fernández: Esto se tenía que haber hecho cuando estábamos en las vacas gordas. Es muy difícil hacerlo en época de vacas flacas, porque es cuando se va a ir al precio. La labor de las sociedades científicas o de las agencias de evaluación es fundamental, pero va a ser muy difícil convencer de que el factor precio es el menos importante.

Ignacio López: Hoy habrá unos 5.000 ingenieros en distintos hospitales que tienen un conocimiento de sus tecnologías del máximo nivel, que han visto diferentes formas de trabajar en distintos hospitales, y que son capaces de entender y de aportar ese conocimiento a algunos otros. Ese conocimiento mejoraría muchos procesos porque puede coger lo mejor de cada caso.

También hay que ver el ciclo de vida completo. ¿Quién mantiene el equipo? ¿La empresa fabricante u otras acreditadas que pueden dar un servicio de nivel? En tecnología sanitaria hay personas que actúan sobre equipos y que no tienen ningún tipo de cualificación. Se pierde la cadena de la calidad, y eso me preocupa mucho.

Necesariamente tiene que implicarse al profesional para el buen uso de la tecnología, para su evaluación correcta y para su implementación exitosa. Pero también la industria debe salir de un papel florero, de aportar cosas de gran potencial de innovación y de transformación, y creo que ir más al conocimiento y a la aportación de conocimiento sería un valor añadido muy relevante.

En España se compra barato, y alguien dirá que eso significa que compramos bien, porque el precio está entre un 15 y un 20 por ciento por debajo de los precios que se están pagando en Italia, en Reino Unido y en Francia, países de nuestro entorno con sistemas sanitarios muy parecidos y con fórmulas de compra parecidas. Es cierto que se ha apretado mucho el factor precio, pero la realidad es que los niveles de implicación y de servicio que se ofrecen en estos países son mucho más elevados por su concepción integral del ciclo de vida del producto. No soy partidario de poner TACs de 256 cortes en todos los hospitales, probablemente sea absurdo, pero en los lugares que se pone realmente que esté indicado y que haya detrás una visión de proceso completa para ver dónde se aporta valor y de uso eficiente.

Miguel Ángel García-Fernández: Falta también diseño sanitario, diseño de estructura sanitaria. Voy a poner el ejemplo de Madrid, y no es por meterme con Madrid, pero se han creado unos hospitales que entre otras cosas ha implicado no dotarnos al resto, porque parte de la poca inversión en tecnología ha ido destinada mayoritariamente a esos hospitales, que desde mi punto de vista, al menos desde la perspectiva cardiológica, son un fracaso entre comillas.

Fátima Matute: Nos falta tener una visión global. Está bien que haya una agencia que evalúe, pero es importante que el técnico y el profesional que vayan a usar el equipo asesoren sobre esas necesidades. Hay que adecuar el coste, poner un precio límite, tengo que saber cuánto me puedo gastar y qué requisitos mínimos técnicos se necesitan de los equipos.

El recorte sanitario lo único que hace recortar en renovación tecnológica, los aparatos se van quedando obsoletos, aumentan los riesgos, y esto va a redundar en que la gestión clínica del paciente se entorpezca. No en todos los sitios tiene que haber equipos con una máxima cualificación, no hay que dotar un montón de hospitales nuevos con una tecnología maravillosa pero que muchas veces está infrautilizada. Las sociedades científicas y los profesionales tenemos aquí una función esencial de asesoramiento que haría que ahorraría dinero y mejoraría realmente la calidad de la sanidad.

Miguel Ángel García-Fernández e Ignacio López, en su primera argumentación.

Miguel Ángel García-Fernández: Alguien tiene que planificar, y no sé si alguien en la administración está dispuesto a planificar…

Fátima Matute: La administración es un muro, pero lo que hay que intentar es, con rigor científico, demostrarles que con nuestra colaboración y nuestra ayuda, que somos los que estamos usando los equipos y los que sabemos lo que necesitamos, vamos a ahorrar dinero y vamos a mejorar la atención.

Ignacio López: En los procesos de compra, especialmente en el sistema público, hay algo muy importante que no se contempla normalmente como es la actualización tecnológica. En los equipos que tienen mucha dependencia de software o de microelectrónica, la evolución no viene por la propia tecnología sino por los componentes internos, y por tanto la actualización de estos equipos cada cierto tiempo sería una forma eficiente y económica de poder dotarlos de más vida y de poder mantener elementos básicos de esa tecnología funcionalmente.

En tecnología no tenemos patentes protectoras, hay una cadena de calidad muy importante y muy exigente para permitir que un producto salga a la calle. Posteriormente se evalúa su aportación al proceso asistencial, y son los clínicos y las sociedades científicas las que pueden dar fe de este valor. Es importante además agregar ese valor, es una pérdida de oportunidad o un coste al sistema demasiado alto que tenga que evaluarse en cada autonomía o en cada hospital.

Fátima Matute: Hay que incluir una cláusula antiobsolescencia. Por la ley ISO 12.207 el software hay que renovarlo cada tres años, y esa es una cláusula que tiene que estar en esos contratos de compra. Hay que tener también una cláusula de mantenimiento con una fórmula de riesgo total para evitar que los equipos queden obsoletos y esto redunde en una peor calidad del trato.

No solo hay que valorar el equipo que se va a comprar, sino también dónde se va a poner, si la red va a soportar todas esas imágenes y ese almacenamiento de imágenes. Además, debe haber una cláusula de compatibilidad, que todos los elementos sean compatibles, que el sistema donde se almacenen los datos sea seguro, que tenga la capacidad suficiente para el almacenaje y que la migración en el caso de que haya cambios de software y de tipos de imagen esté garantizada.

Miguel Ángel García-Fernández: Las guías están bien, pero tiene que haber acreditación de laboratorio, porque si una guía dice que hay que hacer un TAC pero lo hago en un laboratorio en el que el técnico no sabe qué hacer
 
Vicente Gómez: Las sociedades científicas y los profesionales deberíamos definir perfectamente qué queremos, dónde lo queremos, qué tiene que hacer, cuáles son los mínimos, y a partir de aquí hablar con la industria.

Ignacio López: La tecnología es una herramienta, y hay servicios alrededor de ella que hacen que funcione mejor, bien con una actualización tecnológica permanente, bien con un servicio apropiado y actualizaciones y formación, o bien con sistemas de implementación e integración de sistemas que hagan que los datos fluyan.

Cuando hablamos del coste del proceso hay muchísimos factores alrededor, y la tecnología suele ser una parte mínima en el coste y sin embargo es fundamental a la hora de hacer cambios y transformaciones en ese proceso. Pequeños aportes, ser más exacto el diagnóstico o más rápido mejoraría tremendamente el coste del proceso, bien produciendo más o bien dedicando menos recursos.

De izquierda a derecha: Vicente Gómez , coordinador de grupos de Evaluación de Tecnologías de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (Semicyuc); Fátima Matute, secretaria general de Sociedad Española de Radiología Médica (Seram); Enrique Pita, redactor de la sección de Tecnología Sanitaria de Redacción Médica; Miguel Ángel García-Fernández, secretario general de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), e Ignacio López, presidente del sector de Tecnología y Sistemas de Información Clínica de Fenin.


Vicente Gómez: Hay que decirle a los gerentes y a los economistas cómo monitorizar esos balances, porque a veces hay problemas para explicar cómo hay que colocar el valor añadido que aporta cada caso y monitorizar la calidad percibida que vas a tener en cada proceso. Esto no se hace.

Nuestra labor como clínicos, como sociedades científicas, y la de las agencias de evaluación y la industria, será decirle que realmente esto es coste-eficiente, y que al final va a ahorrar mucho dinero.

Miguel Ángel García-Fernández: El problema además es que lo más fácil de ver es que ese equipo ha costado un millón de euros, y donde se puede reducir más fácil es en ese millón de euros.

Ignacio López: En estos momentos de crisis la implicación de los profesionales es fundamental para hacer que el sistema sanitario sea más sostenible. No podemos hacer las cosas de la misma manera, y la tecnología ayuda a hacer las cosas igual o de otra forma, por lo que es importante abrir un diálogo para ver las maneras en las que se pueden hacer las cosas de manera distinta, más eficientes, con más calidad y más seguridad.

Miguel Ángel García-Fernández: Tenemos que ser responsables también del uso de la tecnología. En cardiología, el 40 por ciento de las pruebas que hacemos son redundantes e innecesarias. No echemos la culpa siempre a la Administración, porque nosotros también tenemos culpa. Sí es cierto que la imagen por sí misma lleva muchas veces a no entender lo que estamos haciendo. La imagen no es imagen si no produce un cambio en el diagnóstico y del pronóstico del paciente, lo demás es redundante.

Vicente Gómez: Ahí entramos en el rediseño de los procesos. Lo lógico es que en un mismo paciente confluyamos las distintas especialidades y todo esté perfectamente organizado.

Fátima Matute: No se concibe hoy en día la atención médica si el equipo no es multidisciplinar. Creo que tratando al enfermo de forma global, con reuniones en las que participan las distintas especialidades es como se deben tomar las decisiones.

Miguel Ángel García-Fernández: Es extraordinariamente difícil hacer guías. Establecer los procesos es pegarse, y de hecho eso explica que existan guías de cada una de las partes tecnológicas y sin embargo no existan guías transversales.

¿Cómo afecta al paciente la obsolescencia? ¿Está cuantificado, tanto en tiempos como en resultados en salud?

Vicente Gómez: En mi especialidad la obsolescencia no tiene tanto que ver con que los equipos tengan fallos, que evidentemente puede ocurrir, sino que tenemos que ir hacia un manejo más avanzado.

Ignacio López: Es probable que en una tecnología que sea más mecánica y neumática el desgaste tenga menos que ver con el hardware y el software de la microelectrónica, y por tanto la duración de estos equipos puede ser algo mayor. Funcionar, funcionan, pero ¿es apropiado?

Fátima Matute: La obsolescencia tecnológica en el campo de la radiología tiene un impacto directo sobre la salud global, es un riesgo por muchos motivos. Además, cuanto más rápidos sean los equipos, se pueden hacer adquisiciones más rápidas para hacer un diagnóstico en segundos en pacientes inestables, pero no solo eso, sino que esas adquisiciones más rápidas permiten que podamos hacer más estudios, que podamos tratar antes al paciente, diagnosticar más precozmente, con mucha más exactitud, darle muchísima información al clínico dentro de ese equipo multidisciplinar…
 
Con respecto al mantenimiento, ¿se percibe una caída?

Fátima Matute: Clarísimamente. Los gestores tienen que pensar que la falta de previsión en el mantenimiento de un equipo está costando dinero, y un buen mantenimiento es fundamental.

Vicente Gómez: El mantenimiento es capital. Tiene que ser un servicio que realmente aporte garantía de apoyo; tiene que haber formación de los profesionales a cargo de la propia empresa; tiene que haber unas garantías en el tiempo y tiene que haber una renovación. Los contratos de mantenimiento son el nudo gordiano de muchas tecnologías.

La industria tiene un estándar de un consorcio europeo que dice que vuestros fabricantes de componentes tendrían que tener una viabilidad mínima, no que de repente se le compre a una compañía que desaparece en tres años y luego no se pueda reparar. Es responsabilidad de la industria garantizar la viabilidad de los componentes y responsabilidad nuestra exigirlo.

Ignacio López: La circular 3 de 2012 de la Agencia Española del Medicamento y el Producto Sanitario (Aemps) indica que el que actúe sobre un equipamiento para mantener el nivel de calidad tiene que ser una persona cualificada, y por lo tanto el fabricante sería quien cuenta con personal cualificado u otras empresas que pudiesen hacer este tipo de acciones. Además, marca qué se debe hacer con medios apropiados y piezas originales. Es cierto que el mantenimiento está asociado a un coste, y otra cosa es si se quiere pagar el coste o si en la compra se define, que es perfectamente válido. Cuando se subcontrata, el gran problema es que esto es un caos, y un equipo parado representa un dineral. Y esa cantidad no se debe pensar que es por una pieza, sino porque se ha parado el circuito.

Cuando se pone encima de la mesa de la Administración la falta de renovación de los equipos o la falta de mantenimiento, ¿cuál es la respuesta?

Vicente Gómez: Hay un tratamiento diferencial entre el fungible, que es carísimo pero que se compra sin problema, y el resto. Si quieres comprar un equipo que va con amortizaciones al final ocurre que pagas el equipo 8 veces porque se compra por fungible y sale carísimo. Esta es una trampa que desde el punto de vista de la gestión no hemos solventado.

Fátima Matute: La situación es muy mala y todos somos conscientes de que tenemos que arrimar el hombro, y estamos dispuestos a trabajar por y para la sanidad, pero queda la sensación de que hay poco diálogo con la Administración, de que todo se ha convertido en un valor económico, que se toman decisiones en base a costes globales, sin ningún tipo de fin, sin ningún tipo de valoración, sin planificación…

Miguel Ángel García-Fernández: La SEC está definiendo los estándares asistenciales y viendo en qué situación está el panorama. Esto va a permitir tener un arma para exigirle al gerente unos estándares mínimos.

Conclusiones del debate.

Conclusiones

Vicente Gómez: Me gustaría remarcar el papel del profesional, tanto del profesional independiente incardinado en paneles de expertos independientes como en las sociedades científicas, donde tiene que haber grupos específicos que den estándares de diagnóstico y tratamiento de cualquier tecnología. Las sociedades científicas tienen que trabajar de la mano de una Agencia Española de Evaluación de Tecnologías unificada que reciba inputs de la industria. Tiene que haber trabajo colaborativo de alta calidad entre industria y sociedades en beneficio del paciente, algo que en España está poco trabajado.

Es importante también que todos los documentos que produzcamos los profesionales se lleven a las sociedades, se publiquen y se lleven a las consejerías y tengan algún tipo de valor que por desgracia ahora no tienen. Además, es importante que los clínicos nos introduzcamos en capítulos como el mantenimiento o la implementación de la mano de la industria.

Fátima Matute: Como sociedad científica tenemos que incidir en que la obsolescencia tecnológica supone un grave riesgo para la salud, que tenemos una solución, que queremos colaborar, y como Seram tenemos muy claro lo que podemos hacer y trabajamos activamente. Vamos a hacer una guía de recomendación en la adquisición de servicios y productos en radiología para ayudar en este sentido, y dejar bien claro que no es solo comprar el producto sino que hay que tener una visión de la compra, del mantenimiento, de la renovación tecnológica y de la formación del personal, que es fundamental.

Miguel Ángel García-Fernández: Una de las grandes cosas que hemos hecho en España en los últimos 40-50 años ha sido la sanidad, que es un bien que tengo la sensación que estamos viendo cómo se deshace poco a poco. Soy bastante pesimista, pero esto pasa porque las sociedades científicas sean conscientes de que tienen más fuerza de lo que creen. Tenemos que marcar cuáles son los mínimos asistenciales para que no hablemos de obsolescencia, porque eso es darle una herramienta al profesional clínico para que pueda funcionar y pueda protestar.

Ignacio López: Desde la industria pensamos que la tecnología inventariable, que representa alrededor del 1 por ciento del presupuesto sanitario, es la herramienta fundamental para transformar el sistema. En los últimos cinco años, debido a la situación económica, la inversión ha caído un 65 por ciento, lo que ha repercutido en una antigüedad acelerada de muchos de los equipos instalados. Fenin ha publicado un documento sobre el perfil tecnológico de los hospitales españoles donde se recalca que en ciertas tecnologías alrededor del 25 por ciento tienen más de 10 años y están fuera de su funcionalidad.

Proponemos una implicación mucho mayor de la industria como agente del sistema para proveer juntos soluciones que transformen los procesos. La herramienta para hacerlo es la tecnología, pero sin duda también son clave los profesionales, que son los que utilizarán la tecnología y los que van a hacer que produzca.

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