Germán Gutiérrez, director de Integrated Health Solutions de Medtronic Iberia.
El envejecimiento de la población,
el aumento de la cronicidad y la presión asistencial sobre los profesionales sanitarios obligan a repensar cómo se organiza la atención. En este contexto, los
modelos asistenciales híbridos -que combinan presencialidad, seguimiento remoto y rediseño de circuitos clínicos- se presentan como una vía para mejorar la continuidad asistencial, anticipar eventos clínicos y optimizar recursos sin incrementar la carga de los equipos.
Germán Gutiérrez, director de Integrated Health Solutions de Medtronic Iberia, defiende que la clave no está solo en incorporar tecnología, sino en transformar los procesos asistenciales para que los datos se traduzcan en decisiones útiles. "El objetivo no es generar más datos, sino
convertir esos datos en decisiones asistenciales útiles", señala en esta entrevista con
Redacción Médica.
En un sistema cada vez más tensionado por el envejecimiento y la cronicidad, ¿qué papel puede jugar un modelo asistencial híbrido para mejorar resultados sin aumentar la carga de los equipos?
Un modelo asistencial híbrido puede jugar un papel muy relevante porque permite
reorganizar la atención alrededor de las necesidades reales del paciente, y no únicamente alrededor de la visita presencial. En un contexto de envejecimiento, cronicidad y presión creciente sobre los profesionales, necesitamos modelos que permitan hacer seguimiento más continuo, anticipar eventos clínicos y priorizar mejor los recursos disponibles.
La clave es entender que la asistencia híbrida no consiste en sustituir la atención presencial por atención remota, sino en combinar ambas de forma inteligente. Hay pacientes y momentos clínicos que requieren presencialidad, y otros en los que
el seguimiento remoto, bien integrado en el circuito asistencial, puede aportar más continuidad, más comodidad para el paciente y más capacidad de anticipación para el equipo sanitario.
Bien diseñado, el modelo híbrido no añade carga al profesional, más bien al contrario. Le ayuda a trabajar con más información, mejor priorización y menor actividad innecesaria. Para lograrlo, la tecnología debe integrarse en los procesos clínicos y no funcionar como una capa paralela. El objetivo no es generar más datos, sino
convertir esos datos en decisiones asistenciales útiles.
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"Bien diseñado, el modelo híbrido no añade carga al profesional. Le ayuda a trabajar con más información, mejor priorización y menor actividad innecesaria"
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Desde Medtronic creemos que el potencial de estos modelos está precisamente en ayudar a los sistemas sanitarios a pasar de una atención episódica y reactiva a una
atención más continua, proactiva y personalizada, preservando al mismo tiempo la sostenibilidad operativa de los equipos.
Este abordaje ha mostrado reducciones en visitas presenciales, llamadas no programadas y costes. ¿Cuáles son las claves clínicas y organizativas para lograr esos resultados?
Las reducciones de actividad presencial innecesaria, llamadas no programadas o costes no se consiguen simplemente incorporando una plataforma digital. Se consiguen cuando
el modelo asistencial se rediseña de forma completa.
Desde el
punto de vista clínico, es fundamental seleccionar bien a los pacientes, definir criterios claros de inclusión y exclusión, establecer protocolos de seguimiento, fijar umbrales de alerta y acordar qué respuesta debe activarse en cada situación. Si no hay una lógica clínica clara detrás, la monitorización remota puede convertirse en ruido en lugar de generar valor.
Desde el
punto de vista organizativo, la clave está en definir bien los roles: quién revisa la información, quién responde a las alertas, qué tiempos de respuesta son razonables, cuándo se escala al médico, cuándo se programa una visita presencial y cuándo se mantiene el seguimiento remoto. Esta claridad evita duplicidades, incertidumbre y sobrecarga.
También es esencial que el modelo esté
integrado en los flujos de trabajo reales. Si los profesionales tienen que entrar en sistemas separados, registrar dos veces la misma información o gestionar alertas sin priorización, el modelo difícilmente será sostenible.Por tanto, los resultados no dependen solo de la tecnología. Dependen de una combinación de rediseño clínico, gestión del cambio, integración operativa, medición de resultados y acompañamiento a los equipos. Ese es precisamente el tipo de transformación en la que Medtronic puede aportar experiencia: ayudar a que la tecnología se traduzca en un modelo operativo viable.
Desde la experiencia de proyectos ya implantados en España, ¿qué tipo de pacientes y procesos asistenciales se benefician más de combinar atención presencial y seguimiento virtual?
Los modelos híbridos suelen aportar más valor en procesos donde hay necesidad de seguimiento continuado, riesgo de descompensación, alta frecuentación o posibilidad de anticiparse a eventos clínicos relevantes. No todos los pacientes ni todos los procesos requieren el mismo nivel de virtualización, pero hay áreas donde la combinación entre presencialidad y seguimiento remoto resulta especialmente interesante.
Un primer grupo son los pacientes crónicos complejos o pluripatológicos, especialmente cuando requieren control frecuente y coordinación entre distintos niveles asistenciales. En estos casos, el seguimiento remoto puede ayudar a detectar cambios de situación antes de que deriven en una visita urgente o en un ingreso. También son muy relevantes los procesos de
hospitalización domiciliaria y los modelos de hospital virtual, donde el domicilio se convierte en una extensión del entorno asistencial, siempre que existan protocolos, criterios clínicos y capacidad de respuesta adecuada.
Otro ámbito con mucho potencial es el seguimiento postoperatorio o post-alta, porque permite acompañar al paciente en una fase sensible, detectar complicaciones, reforzar la adherencia y evitar desplazamientos innecesarios. También puede aportar valor en determinados procesos cardiovasculares, respiratorios, metabólicos, oncológicos o de rehabilitación, siempre que el modelo esté bien diseñado.
La pregunta importante no es solo qué patología puede monitorizarse, sino en qué procesos el seguimiento remoto cambia de verdad la forma de gestionar al paciente. Ahí es donde el modelo híbrido tiene más sentido: cuando permite
anticipar, priorizar, personalizar o redistribuir la atención.
"La transformación debe ser asistencial y organizativa, no solo digital"
Uno de los grandes retos de la transformación digital es que no se perciba como una capa extra de trabajo. ¿Qué cambios son necesarios en los circuitos asistenciales para que el modelo híbrido ayude de verdad al profesional sanitario?
El primer cambio es dejar de pensar en la herramienta digital como un añadido y empezar a rediseñar el circuito asistencial completo. Si se mantiene el mismo proceso presencial y simplemente se incorpora una plataforma, sensores o nuevos canales de comunicación,
el riesgo de sobrecarga es alto. Para que el modelo híbrido ayude al profesional, hay que revisar cómo se organiza el trabajo. Por ejemplo, qué pacientes requieren seguimiento activo, qué información se revisa de forma sistemática, qué alertas son realmente relevantes, quién las gestiona y cómo se documentan las actuaciones. La información tiene que llegar filtrada, priorizada y conectada con decisiones clínicas.
También es necesario adaptar agendas, roles y responsabilidades. En muchos casos, el valor del modelo híbrido depende de equipos multidisciplinares donde enfermería, medicina, coordinación asistencial y soporte operativo trabajan con reglas claras.
Otro punto crítico es la integración tecnológica. Si el profesional tiene que trabajar fuera de su entorno habitual, el modelo se percibe como una carga. La aspiración debe ser que los datos relevantes del seguimiento remoto se incorporen al flujo clínico de forma natural,
evitando dobles registros y circuitos paralelos. En definitiva, el modelo híbrido ayuda al profesional cuando reduce incertidumbre, prioriza mejor la demanda, evita actividad innecesaria y facilita decisiones. Para eso,
la transformación debe ser asistencial y organizativa, no solo digital.
Más allá del ahorro económico, ¿qué indicadores deberían guiar la evaluación de estos programas para demostrar que también aportan valor en seguridad, adherencia, experiencia del paciente y resultados en salud?
El ahorro económico puede ser un indicador relevante, pero no debería ser el único ni necesariamente el principal. Si queremos evaluar bien los modelos híbridos, debemos
medir valor de forma más amplia. En seguridad, deberían analizarse indicadores como eventos adversos, reingresos evitables, visitas a urgencias, detección precoz de deterioro clínico, tiempos de respuesta ante alertas y calidad del escalado clínico.
En resultados en salud, es importante medir evolución clínica, control de la enfermedad, complicaciones, estabilidad del paciente y, cuando sea posible, resultados reportados por el propio paciente. La asistencia híbrida debe demostrar que mantiene o mejora la calidad asistencial, no solo que desplaza actividad fuera del hospital. En adherencia, pueden evaluarse la continuidad del seguimiento, el cumplimiento terapéutico, la participación del paciente en el programa, el uso adecuado de dispositivos y la capacidad del modelo para mantener al paciente vinculado a su plan de cuidados.
En experiencia del paciente, son importantes la comodidad, la confianza, la sensación de acompañamiento, la reducción de desplazamientos, la facilidad de uso y la percepción de seguridad en el domicilio. También debe medirse la experiencia del profesional, porque si el modelo no es asumible para los equipos, no será sostenible. Por último, hay que medir indicadores operativos: capacidad liberada, reducción de visitas innecesarias, eficiencia de los circuitos, variabilidad asistencial, tiempos de respuesta y posibilidad de escalado. La evaluación debe demostrar valor clínico, operativo, económico y humano.
"El reto es pasar de proyectos aislados a modelos estructurales"
¿Qué barreras siguen frenando la extensión de modelos como la hospitalización domiciliaria en España: cultura organizativa, financiación, interoperabilidad, capacitación profesional o evidencia clínica?
Probablemente todas esas barreras influyen, aunque no siempre con el mismo peso en cada territorio u organización. La cultura organizativa es una barrera importante. Durante décadas, el hospital ha sido el centro natural de la atención especializada. Cambiar hacia modelos donde parte de la asistencia se presta en domicilio o de forma virtual exige
confianza, liderazgo clínico y una nueva forma de entender la continuidad asistencial.
La financiación también es clave. Si los modelos de financiación y los indicadores de actividad siguen muy vinculados a la presencialidad, resulta difícil consolidar modelos híbridos o domiciliarios. La financiación debe reconocer el valor de evitar ingresos, anticipar complicaciones, mejorar continuidad y liberar capacidad.
La interoperabilidad es otro punto crítico. Muchos proyectos no escalan porque funcionan como soluciones aisladas. Para que la hospitalización domiciliaria y la asistencia híbrida sean estructurales,
los datos deben integrarse en los sistemas de información clínica y permitir coordinación entre niveles.
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"La capacitación profesional también es relevante. No basta con formar en el uso de una herramienta; hay que desarrollar competencias en gestión remota de pacientes, interpretación de datos, trabajo por alertas, coordinación multidisciplinar y comunicación con pacientes en entornos híbridos"
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La capacitación profesional también es relevante. No basta con formar en el uso de una herramienta; hay que desarrollar competencias en gestión remota de pacientes, interpretación de datos, trabajo por alertas, coordinación multidisciplinar y comunicación con pacientes en entornos híbridos. Respecto a la evidencia clínica, cada vez existe más experiencia y más conocimiento acumulado, pero todavía es necesario seguir generando evidencia robusta, comparable y orientada a decisiones de gestión. No basta con demostrar que un piloto funciona; hay que demostrar qué condiciones permiten escalarlo de forma segura y sostenible.
La barrera principal, en conjunto, no es una sola. Es la necesidad de
pasar de proyectos aislados a modelos estructurales, con gobernanza, financiación, integración, evaluación y capacidad operativa.
Desde el punto de vista de la gestión, ¿qué cambios deben asumir los servicios de salud para que un modelo asistencial híbrido deje de ser una experiencia piloto y pase a integrarse de forma estructural en la organización?
El primer cambio es tratar la asistencia híbrida como una
línea estratégica de transformación del modelo asistencial, no como un proyecto tecnológico o una innovación periférica. Mientras se gestione como piloto, tendrá alcance limitado. Para integrarse de forma estructural, debe formar parte de la planificación asistencial, de los modelos de financiación, de los indicadores de gestión y de la organización de los equipos.
Los servicios de salud deben definir un marco común: qué procesos se priorizan, qué estándares deben cumplir las soluciones, cómo se integran los datos, qué indicadores se van a medir y qué criterios permiten escalar una experiencia de un centro a otros. También es necesario crear modelos de gobernanza que conecten estrategia y ejecución. La asistencia híbrida afecta a hospitales, atención primaria, atención domiciliaria, sistemas de información, contratación, evaluación y pacientes. Si cada área actúa de forma separada, el modelo no se consolida.
Otro cambio importante es diseñar desde el principio para escalar. Eso significa evitar pilotos excesivamente dependientes de personas concretas o de soluciones locales difíciles de replicar. Hay que
codificar aprendizajes, estandarizar procesos, formar equipos y construir comunidades de práctica que permitan compartir conocimiento entre centros.
Finalmente, los servicios de salud deben incorporar una visión de largo plazo: la asistencia híbrida no es solo una respuesta coyuntural a la presión asistencial. Puede convertirse en una nueva infraestructura de capacidad, continuidad y resiliencia del sistema sanitario.
Desde Medtronic vemos este cambio como una oportunidad para acompañar a los sistemas sanitarios no solo con tecnología, sino con capacidades de diseño, despliegue, gestión del cambio y medición de valor. El objetivo final debe ser que
la asistencia híbrida deje de ser una excepción innovadora y pase a ser una forma normal, segura y eficiente de organizar determinados procesos asistenciales.
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