Un experto asegura que los beneficios de los asistentes de transcripción son "modestos" y la evidencia aún es parcial

"Ahorrar 13 minutos con IA no resuelve el burnout administrativo médico"
José Antonio Trujillo, vicepresidente del Colegio de Médicos de Málaga y experto en IA.


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Aunque los 'escribas' -sistemas digitales que funcionan como asistentes de transcripción mientras el médico habla con el paciente y que ayudan a registrar la información en la historia clínica electrónica en tiempo real- impulsados por Inteligencia Artificial prometen aliviar la carga administrativa de los médicos, los beneficios reales son todavía "modestos" y dependen del contexto. Así lo advierte José Antonio Trujillo, vicepresidente del Colegio de Médicos de Málaga y experto en IA, que asegura en Redacción Médica que esta herramienta puede ahorrar algunos minutos de documentación y aumentar ligeramente el número de visitas en la consulta, pero no constituye una solución "mágica" al agotamiento clínico ni transforma de manera estructural la jornada laboral de los profesionales de la salud.

Los resultados de un estudio, que incluyó a 8.581 clínicos en cinco hospitales universitarios de Estados Unidos -de los cuales 1.809 adoptaron el sistema de escriba con IA-, mostraron una reducción de 13,4 minutos en el tiempo total dedicado a la historia clínica electrónica por jornada de 8 horas, 16 minutos menos dedicados a documentación y un incremento de 0,49 visitas semanales. Los beneficios fueron mayores en Atención Primaria, entre profesionales de práctica avanzada, en mujeres y en quienes emplearon el sistema en al menos el 50 por ciento de sus consultas.

Magnitud del efecto


Sin embargo, Trujillo analiza los límites metodológicos del trabajo. Primero, no demuestra "causalidad fuerte". Su adopción fue voluntaria en 4 de los 5 centros, lo que "introduce sesgo de selección". "Es posible que quienes decidieron usar el escriba ya fueran más proclives a incorporar tecnología, a reorganizar mejor su consulta o a buscar activamente eficiencia", indica. Por tanto, el estudio demuestra "asociación robusta", pero no prueba "de manera definitiva" que todo el beneficio observado se deba solo al escriba.

A la vez, subraya que el estudio se centra en el tiempo de uso de la historia clínica electrónica, pero no responde con la misma fuerza a preguntas más profundas como "si mejora la calidad de la documentación, si reduce errores, si cambia la relación médico-paciente, si disminuye realmente el agotamiento, si introduce nuevos riesgos de automatización acrítica o si amplía desigualdades entre quienes saben usar bien la herramienta y quienes no". 

El segundo punto débil es el "pijama time", es decir, el tiempo que los médicos emplean fuera de sus consultas programadas y de su jornada laboral, terminando documentación desde casa, por la noche o durante días libres. En el estudio, este indicador de desgaste médico no mejoró significativamente. Así, explica que "reducir minutos de documentación dentro de la jornada es bueno, pero si no disminuye de forma clara el trabajo fuera del horario laboral, todavía no podemos decir que el escriba resuelva el núcleo del burnout administrativo". La idea que se traslada, entonces, es que "no basta con medir lo que es fácil contar", sino que hay que "medir lo que realmente importa en bienestar profesional, experiencia del paciente, equidad y calidad asistencial".

Trujillo también apunta que no se debe sobredimensionar la magnitud del efecto: "Ahorrar 13 o 16 minutos por cada 8 horas asistenciales no es irrelevante, pero tampoco supone una transformación estructural del trabajo clínico". Por esta razón, piensa que es "una mejora útil, pero todavía modesta". "Presentarlo como una revolución de productividad sería una lectura excesiva", añade.

Beneficios aún iniciales y moderados


Aún así, el experto señala que lo más positivo del estudio es su tamaño de muestra. "Hasta ahora predominaban experiencias pequeñas, pilotos aislados o estudios muy ligados al proveedor. Aquí hay una muestra amplia y multisede, lo que da más solidez externa a los hallazgos", asegura. Además, valora el "diseño longitudinal con análisis de diferencias en diferencias", algo que "no equivale a un ensayo aleatorizado", pero "mejora bastante la comparación frente a un simple antes-después".

Aparte, también resalta la prudencia del artículo: "El propio mensaje central es que los beneficios son iniciales y moderados. Esa moderación, paradójicamente, le da credibilidad". En salud digital, apunta, "un estudio serio vale más cuando menos exagera". En este contexto, el escriba con IA "aparece como una herramienta útil para reducir parte de la carga documental, no como una solución mágica al agotamiento clínico", añade.

En la misma línea, enfatiza la heterogeneidad de efectos: "No todos los clínicos ganan lo mismo. Eso es muy relevante para la práctica real, porque sugiere que el valor de estas herramientas depende del contexto, del tipo de especialidad y, sobre todo, de la intensidad de uso". Por lo tanto, opina que la IA "no genera beneficio solo por estar contratada", pero sí lo genera "cuando se integra bien" en el flujo asistencial.

En definitiva, concluye que estas tecnologías pueden contribuir a la mejora del sistema sanitario, pero "la evidencia sigue siendo desigual según el dominio que se quiera valorar".
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