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Xavier Prats: "La colegiación obligatoria es perfectamente defendible"

El DG de Salud de la CE se confiesa preocupado por la proliferación de pseudociencias y los descensos de vacunación

Xavier Prats, director general de Salud y Seguridad Alimentaria de la Comisión Europea.
Xavier Prats: "La colegiación obligatoria es perfectamente defendible"
Miguel Fernández de Vega
Sábado, 09 de diciembre de 2017, a las 18:40
Ya sea por su forma de ser o por haber sido durante varios años responsable del área de Educación y Cultura de la Comisión Europea, cada respuesta que sale de los labios de Xavier Prats Monné (nacido en Tarragona en 1956) es didáctica y va provista de contenido sin rehuir asuntos espinosos. En la entrevista que el director general de Salud y Seguridad Alimentaria de la Comisión Europea ha concedido a Redacción Médica, asegura que entre los planes del ejecutivo comunitario no está suprimir la colegiación obligatoria para las profesiones sanitarias, que se aplica en países como España, aunque sí que considera que es necesario flexibilizar las competencias que se concede a cada una de ellas.

Además, hace un amplio repaso de las preocupaciones del viejo continente en el ámbito sanitario, que a día de hoy se concentran en potenciar la vacunación y ayudar a los países miembros afrontar los desafíos que genera el envejecimiento no solo de la población sino también de la clase médica. Se muestra preocupado por la proliferación en la Unión Europea de las pseudociencias. Particularmente, sobre la homeopatía, recuerda, que “no la consideramos como un producto médico con eficacia terapéutica”. 

Xavier Prats, durante la entrevista que ha concedido a Redacción Médica.


¿Cuál es la situación de la sanidad española en Europa?
 
No es posible hacer rankings al uso. En Europa hay esencialmente tres sistemas: el inglés, que es el de cobertura universal y que comparte España, uno que proviene de los tiempos de Bismark y otro que viene de la tradición soviética, con grandes hospitales centralizados. Son tres sistemas que están convergiendo pero son distintos.
 
Con todo, se pueden decir algunas cosas muy claras sobre España. La esperanza de vida al nacer es la más alta de Europa y de toda la OCDE, solo superada por Japón: 83 años. Esto ya dice algo sobre el estado de salud de los españoles. En muertes evitables, España se sitúa también muy por encima de la media europea. Tenemos un sistema de salud donde en el que una mujer no muere de parto, que es quizá el caso más ejemplar de muerte evitable.
 
Además, España también está muy por encima de la media europea en lo que se refiere a necesidades sanitarias satisfechas.  El sistema español es sólido y, a pesar de la crisis y de la población inmigrante que ha absorbido en un periodo realmente corto, el objetivo del Estado de Bienestar de dar una cobertura universal se cumple.
 
Eso no quiere decir que el sistema sea perfecto, hay tensiones. Un problema tradicional del sistema de salud español son los retrasos en la asistencia. Y hay enfermedades que no solo son comunes sino que su frecuencia va a ir aumentando con el envejecimiento de la población, como las cataratas, cuya cirugía ya se aborda con retasos. Pero el sistema español, respecto a la media europea, funciona muy bien.
 
Se prevé un déficit de médicos de Familia en toda Europa, también en España. A pesar de que desde la Comisión no se pueden aplicar medidas, debido a una cuestión de competencias… ¿Qué recomiendan ante este horizonte?
 
Es un problema muy importante en todos los países, porque la población médica también envejece, y además la estructura de la población médica se va alejando paulatinamente de las necesidades. Es decir, cuando un joven está estudiando Medicina su primera aspiración es ser especialista: neurocirujano, cardiólogo… Hay muy poca gente que aspire a ser generalista. Y, en cambio, el perfil médico de una población que envejece es el de la multimorbilidad y de enfermedades crónicas que se acumulan. Por consiguiente, un perfil de buen generalista es realmente importante y lo va a ser más en el futuro.
 
Ahí hay un reto importante, particularmente en España, que es un país que si en algo destaca por encima de los demás es en la calidad de sus profesionales sanitarios, tanto médicos como enfermeros. Es decir, tenemos una clase médica que tiene una competencia profesional excepcional  y eso compensa un nivel de gasto sanitario relativamente bajo.  Hay muchos médicos muy competentes que pasan muchas horas en los despachos atendiendo a la gente.
 

"Hay muy pocos estudiantes de Medicina que aspiren a ser médicos generalistas, que es el perfil que va a ser realmente importante en el futuro"


¿Entonces la falta de dinero está compensada por la calidad de los profesionales?
 
Sin duda. No le veo otra explicación al nivel de resultados del sistema español cuando el gasto per cápita y el porcentaje de gasto respecto al producto interior bruto (PIB) del país no es muy alto. Esto es una variable fundamental y una razón más para que cuidemos a esos profesionales.
 
Pero no es un problema fácil. Ser consciente de él no significa que se sepa cómo abordarlo. Por ejemplo, el 40 por ciento de los médicos generalistas de Austria se jubila en 2025. Es decir, que en ocho años van a desaparecer cuatro de cada diez generalistas en este país. Eso significa repensar la estructura, la composición y la formación del sistema médico en una forma que hasta ahora no se ha concebido y, además, en mi opinión, una colaboración mucho más importante entre sistema sanitario y sistema educativo para lograr este objetivo.  
 
El sistema sanitario ha pasado por un momento delicado, sobre todo a nivel financiero. ¿Parte de este mayor atractivo para hacer carrera como médico generalista pasa también por la puesta en marcha de las OPE en España?
 
Todos los países europeos van a tener que enfrentarse a unos cambios que van a venir, esencialmente, de lo que hace la tecnología en nuestras sociedades, que no tiene precedentes en el pasado reciente, y la sanidad no va a ser ajena a esto. Más allá de unas ofertas para unos centenares de profesionales más o menos, hay que mirar realmente hacia cómo nuestras sociedades responden a necesidades modernas y complejas. Esto no se va a solventar de una forma simple. Sin duda, el sistema sanitario va a sufrir el tsunami de tecnología que ya han sufrido otros sectores, por lo que el reto va a ser mayor. Entre otras cosas porque una de las consecuencias de una población médica que envejece es que, a los 59 años, tampoco se le puede pedir que prepare un futuro innovador y que se lance a tecnologías totalmente distintas. La inteligencia artificial va a tener mucho que ver y que decir en cómo organizamos la profesión.
 
Rehúye el debate económico de la sanidad…
 
No lo rehúyo. Pero sería demasiado osado por parte de la Comisión Europea decir a los países cómo tienen que organizar y gestionar su gasto sanitario. Yo creo que es inevitable que haya a la vez un incremento del gasto sanitario y también un incremento de su eficacia. A menudo se dice que poner dinero en sanidad y educación no es un gasto sino una inversión. Pero se puede gastar mucho dinero en sanidad, con resultados muy distintos. No se puede ser simplista y creer que la solución es poner más dinero. Pero tampoco se puede pedir un esfuerzo indefinido a los profesionales y a los ciudadanos de cara a las necesidades, que son crecientes.
 
Una de las cuestiones que usted ha destacado de España es su apuesta por la Atención Primaria y la atención integrada. Sin embargo, al mismo tiempo, es un país por debajo de la media europea en los que se refiere a enfermeras por habitante. ¿Cómo afecta esto a la atención sanitaria?
 
La composición de la fuerza de trabajo sanitaria varía muchísimo entre países, y no existe una correlación directa entre esta distribución y la eficacia del sistema sanitario. Entre otras cosas porque depende de los que haga un médico o una enfermera en cada país, o un farmacéutico. Por ejemplo, en Portugal  el 99 por ciento de las vacunas de rutina lo ponen los farmacéuticos directamente.
 
La solución no está simplemente en buscar un equilibrio ideal entre médicos y enfermeros, sino en tener muy claro cuál tiene que ser el reparto de las tareas y que esto funcione de una manera eficaz y que se genere un buen feed back para modificarlo todo en función de las necesidades.
 
Entonces usted lo ve como una cuestión competencial.
 
Sí, es una cuestión competencial yo creo.
 

Para Prats, es necesario que las competencias de las profesiones sanitarias sean flexibles y se puedan adaptar a los retos que lleguen en el futuro.

En España siempre surge la polémica cuando se tratan las competencias de las profesiones.
 
Sí, efectivamente, y ese es uno de los obstáculos a superar, en el que España no es desde luego una excepción. Al igual que en otros países, hay profesiones que tienen una tradición de autorregulación y que a veces son reacias al cambio. No se trata de desmantelar tradiciones pero sí de mirar cómo podemos adaptarnos a una realidad que cambia fundamentalmente, y no hay que subestimar las oportunidades que hay y que se pueden perder si no adaptamos nuestros sistemas sanitarios a los cambios que están viniendo y que vendrán de todas formas.
 
¿Cree que el sistema de colegiación obligatoria es una de esas barreras?
 
La clase médica española es de una competencia excepcional, y esto, en parte, es también porque está bien organizada. Lo que pasa es que hay que buscar un equilibrio entre los beneficios de un colectivo profesional y los inconvenientes de una asociación corporativa. Ahí cada país debe encontrar su equilibrio.
 
¿Cómo valora el sistema de colegiación obligatoria y su posible supresión mediante medidas como el test de proporcionalidad?
 
Nosotros no vamos a emitir ningún juicio sobre esto. Hay distintos países y distintos modelos de organización. La colegiación obligatoria es perfectamente defendible. Nuestro criterio no es su eliminación. Esto tienen que decidirlo, en todo caso, los españoles.
 
Cada poco tiempo, en España se habla de que el modelo español de farmacia está sometido a las más  diversas amenazas desde Europa, con la intención de liberalizarlo.
 
No tenemos ninguna intención de desmantelar nada, porque esa no es nuestra competencia. En cualquier caso, los farmacéuticos, igual que los médicos o los ciudadanos, no pueden permanecer enrocados en un sistema si no responde a las necesidades reales. No le voy a decir si conviene un sistema cerrado o no, lo que hay que mirar es si responde a las necesidades del ciudadano.
 
Un ejemplo es el reto extraordinario que hay para combatir las resistencias a los antibióticos. No es una cosa nueva, pero la gravedad es elevadísima. Ahí sí que los farmacéuticos españoles tienen un papel que jugar asegurándose de que los que se dispensen con prescripción médica exclusivamente, cuando se presente la receta correspondiente. Eso no tiene nada ver con la colegiación, con el sistema , con la capilaridad… Tiene que ver con la responsabilidad profesional. Esto es lo que nos preocupa y lo que determina si un sistema responde a necesidades reales.
 

"Defender que las vacunas son un peligro es realmente irresponsable"


¿Qué se está moviendo en Europa respecto a las centrales de compras? Vytenis Andriukaitis ha propuesto esta alternativa para comprar productos sanitarios en varias ocasiones…
 
La responsabilidad sobre precios y reembolsos es de los países miembro. Así lo quieren y así debe ser y estamos muy tranquilos con esto, si bien es cierto que hemos ofrecido la posibilidad de juntar licitaciones. Espero poder anunciar en unas semanas una licitación extraordinariamente grande y sin precedentes en la historia de Europa para la adquisición de vacunas en caso de pandemia. Tendrá un valor de más de 1.000 millones y en ella habrá de 15 a 17 países implicados.
 
De esta manera, nos aseguraremos de tener, en caso de pandemia, los medios para generar una oferta competitiva de vacunas. El acuerdo marco se planteará para cualquier patología.
 
Pero además de esto, ofrecemos la oportunidad de facilitar a los países que lo deseen una licitación conjunta. Es una oferta, no una obligación, pero es una oportunidad en muchos casos. Lo que no se puede hacer es todo al mismo tiempo y en paquetes muy pequeños.
 
¿Ve con preocupación el incremento de casos de sarampión y otras enfermedades vacunables en países como Italia y Rumanía?
 
No lo veo con preocupación, sino con desesperación. Mire, soy relativamente nuevo en esto de la sanidad, y hay pocas cosas que me hayan chocado más que ver los beneficios extraordinarios que han representado las vacunas para la humanidad. Poca gente sabe que el último caso de muerte por viruela fue en los años 70, y que solo en el siglo XX hubo entre 300 y 500 millones de fallecimientos por esta enfermedad. Esto se ha eliminado completamente gracias a una vacuna. Que ahora haya gente que dude de las vacunas, que haya quien las relacione con el autismo, sin ninguna evidencia científica que lo sustente… Tenemos que ser responsables y vivir en sociedades que toman todas las medidas necesarias para asegurarse de que la salud pública es defendida correctamente. Defender que las vacunas son un peligro es realmente irresponsable. Somos un continente que exporta muchas cosas, pero que exportemos sarampión al resto del mundo no es buena señal.
 
Además, no es un problema de elección personal, es que cuando alguien se niega a vacunarse, sabiendo que es una medida de salud pública perfectamente válida, está creando un peligro para la sociedad. Una de las consecuencias de una tasa demasiado baja de cobertura es que, en caso de pandemia, no tendremos la capacidad de atender las infecciones que se generen en ese momento.
 
¿Qué planea la Comisión Europea para abordar esta situación?
 
En la primavera del año que viene, queremos proponer un plan de acción y cooperación entre países en materia de vacunas, precisamente para reducir el escepticismo en la población, aumentar la cooperación en materia de investigación para vacunas nuevas y mejorar la cooperación entre países.
 
Soy responsable de Salud y Seguridad Alimentaria de la Comisión, pero en estos momentos puedo hacer más por los animales que por las personas. Si hay un caso de fiebre porcina en Rumanía, podemos enviar de un banco europeo dos millones de vacunas sin ningún problema, pero no podemos hacerlo para personas. Si un país tiene una carencia en vacunas para humanos,  esto mismo no se puede hacer por diferencias en el etiquetado. Esperamos que los países nos apoyen y nos ayuden con esta estrategia.
 
La clase médica también puede hacer mucho para que los ciudadanos tomen conciencia de la vacuna como la medida de salud pública más simple que tenemos en nuestras sociedades.
 
Acaba de hablar usted de uno de los colectivos que menos se vacunan en España.
 
Exactamente. Están en un 30 por ciento, mientras que la tasa de vacunación de la población general es más alta. Es un ámbito en el que se podría hacer un esfuerzo mayor.
 

"Es muy peligroso pretender que la homeopatía pueda ser una alternativa a las terapias en enfermedades serias y graves", afirma el director general de Salud de la Comisión Europea. 

¿Obligaría, desde la Comisión, al colectivo sanitario a vacunarse?
 
Nosotros no estamos para crear obligatoriedades. Si alguien ha de tomar esa medida, deben ser los países. La Comisión no es quién para decirle a un médico español que debe vacunarse. Es una decisión que debe tomar cada país.
 
¿Qué posición tiene la Comisión Europea respecto a pseudociencias como la homeopatía?
 
Para nosotros está muy claro. Hay una norma europea que permite la comercialización de productos homeopáticos debido a tradiciones que hay dentro de algunos países. Eso lo respetamos porque, como ya he dicho, las competencias en Salud Pública corresponden a cada estado.
 
Dicho esto, nosotros, en cuanto a la clasificación de medicinas, tenemos unos criterios muy claros, que son los de la Agencia Europea del Medicamento (EMA). Y la eficacia de una medicina se demuestra de una manera muy simple: con un ensayo clínico. No hay ningún caso, de ningún medicamento homeopático, que haya sido sometido a ensayos clínicos aprobados por la EMA y los haya superado.
 
Esto lo tiene que tener todo el mundo muy claro: hay un efecto de placebo que hay que reconocer, pero es muy peligroso pretender que la homeopatía pueda ser una alternativa a las terapias en enfermedades serias y graves. Y esto hay que tenerlo en cuenta.
 
No estamos preconizando ningún cambio en las legislaciones nacionales o europea de medicinas alternativas, pero con la proliferación que hay ahora mismo de pseudociencias hay que ser muy cuidadosos y basarse en la ciencia y la evidencia. Y en mi experiencia personal, si me permite decirlo, cada día veo ejemplos de lo extraordinario de la ciencia y el avance del conocimiento. La medicina es el ejemplo más fantástico de ello. Hoy podemos hacer cosas que hace 10 años eran ciencia ficción. Cualquiera de mi edad que se hiciera una operación de apendicitis, requería estar una semana en cama y era un trauma. Hoy en día, al cabo de 24 horas, se sale del ambulatorio sin ni siquiera una cicatriz.
 
Es un ejemplo banal de lo que puede hacer y va a hacer la medicina en el futuro. Me choca muchísimo que ante estos avances y promesas que nos trae la Ciencia, se pueda plantear que algo tan simple y eficaz como una vacuna puede ser negativo o nocivo para la salud.
 
El PSOE y las academias de Ciencias de Europa han pedido medidas para restringir el uso de las pseudoterapias.

No tenemos la intención de introducir legislación europea adicional en materia de homeopatía. Dicho esto, si algún país quiere cambiar la legislación y restringir el uso de medicinas alternativas puede hacerlo perfectamente. No hay ningún impedimento a nivel europeo para que España u otro país tome medidas para ello, son perfectamente libres de hacerlo, precisamente porque no consideramos la homeopatía como un producto médico con eficacia terapéutica.
 
El debate sobre las patentes y su duración se ha vuelto a abrir en el ámbito del medicamento.
 
Es un ámbito difícil por varias razones, entre ellas un sistema reglamentario que encuentra dificultades para encontrar un equilibrio entre seguridad e innovación. Y desgraciadamente no vamos a escapar de ahí, tenemos que vivir con este dilema. Nuestra preocupación fundamental es la seguridad de los pacientes y por consiguiente las medicinas que entran en el mercado. Por otra parte, el tránsito que tiene que hacer un medicamento desde el día de su concepción hasta que llega al mercado son 13, 14 años.
 
Cuando usted habla con un paciente que tiene una enfermedad rara, que afecta a 30 millones de pacientes en Europa, lo que quiere es que el medicamento se pueda emplear. No creo que haya un equilibrio perfecto. Lo que estamos haciendo es intentar facilitar la innovación y la experimentación, y al mismo tiempo intentar garantizar la seguridad. Ese es un diálogo que tenemos al mismo tiempo con los países miembro y con la EMA.