Epidemiología, Medicina Preventiva y Salud Pública coinciden en que se debe esperar un par de meses más

Poca mortalidad e incidencia menor a 50 para quitar mascarillas en interior
Joan Caylà, Rafael Ortí y José Jonay.


15 mar 2022. 15.50H
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Una decisión prematura y que debería ser flexible y gradual. Este es el análisis en el que coinciden profesionales de la Epidemiología, Medicina Preventiva y Salud Pública, en cuanto a la posible retirada de la obligatoriedad del uso de mascarillas en interiores. Una medida que ya se ha llevado a cabo en varios países de nuestro entorno, y que Sanidad y las comunidades autónomas ya han puesto encima de la mesa. 

“Todavía es muy pronto para llevarla a cabo, estamos con incidencia acumulada de 500 o más casos por cada 100.000 habitantes en muchas comunidades y a nivel nacional por encima de 400. Además, hay que tener en cuenta que hay un subregistro y la incidencia real seguramente sea más alta”, asegura el epidemiólogo Joan Caylà, miembro de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE).

A Rafael Ortí, presidente de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene (Sempsph), le sorprende que se plantee esta medida cuando todavía hay alrededor de 200 muertes diarias por covid y aboga claramente por esperar varios meses. “Actualmente, es como si un avión se cayera todos los días. Ya hemos normalizado las muertes. Aún estamos en riesgo alto y no se debe olvidar”, reivindica.

Por su parte, desde la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas), su portavoz José Jonay respalda que dada la actual situación epidemiológica está “claro” que “no es el momento adecuado” y aboga por plantear las bases normativas para el futuro.
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¿Qué nivel de IA se debería alcanzar para retirar el uso de mascarillas?


Los expertos ligan la retirada del uso de la mascarilla en interiores a principalmente dos indicadores epidemiológicos: incidencia y fallecimientos diarios. Todos ellos coinciden en que el nivel adecuado de incidencia acumulada debería ser de riesgo bajo, es decir, de 50 o menos casos por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días.

“Me esperaría hasta tener durante 30 a 60 días la incidencia acumulada por debajo de 50 casos y una mortalidad diaria prácticamente despreciable”, detalla Ortí. Un parecer que comparte Caylà: “Esta medida se debería tomar cuando tengamos 50 casos, algo que se puede conseguir en pocas semanas si todo el mundo se esmera. Ahora lo que nos conviene es salvar la Semana Santa y llegar con una incidencia muy baja”.

En este sentido, el epidemiólogo recuerda que la pandemia aún no está acabada: “Hay que seguir bajando la pandemia. Aún estamos disminuyendo la sexta ola, tenemos una IA de casi 500 casos que si regresamos unos meses atrás lo veíamos como un gran riesgo. Ahora subvaloramos esta cifra, hay que bajar mucho más. Debemos aprender que es muy fácil subir si no se siguen las medidas adecuadas y podemos dar lugar a otra onda pandémica”.


"La norma debe ser gradual y estar ya acordada y preparada porque el escenario más probable es que mejore la situación epidemiológica"



Además, el preventivista recuerda que las sorpresas en la evolución epidemiológica existen. “Lo hemos visto con Delta y Ómicron, cuando creemos que todo va bien nos precipitamos y queremos ir muy rápido. Se requiere un poco de sosiego y valoración. Por correr más no se llega antes. Ahora con la Ómicron silenciosa podemos tener una pequeña ola pandémica que afectará a los más vulnerables”, alerta Ortí.

Abordar una flexibilización de la norma


Dentro de esta norma, desde Salud Pública entienden que sí ha llegado el momento de plantearse una modificación. “El uso de las mascarillas es de las pocas medidas que tenemos reguladas a nivel nacional en base a una ley y quizás sí es el momento de revisarla para que cuando la situación epidemiológica lo permita se pueda flexibilizar su uso. Si lo podemos hacer esta semana sería para aplicarlo en muy pocos territorios, pero si podemos plantearnos que a través de un RD se flexibilizara su uso y fueran las comunidades autónomas quien fueran cambiando la obligatoriedad de la mascarilla”, explica Jonay, quien además cree que se debería tomar en base a unos criterios epidemiológicos que marquen esta decisión y previamente consensuados por todas las comunidades.

El otro aspecto es una retirada gradual que deseche la idea del todo o nada. “Habrá ámbitos donde se deberá seguir usando por la vulnerabilidad de los que allí se encuentran como residencias u hospitales y otros donde el riesgo puede seguir siendo alto como en el transporte público o lugares interiores con poca ventilación. Estos deberían ser los últimos sitios. La norma debe ser gradual y debería estar ya acordada y preparada porque el escenario más probable es que se mejore la situación epidemiológica”, asegura el portavoz de la (Sempsph).

Una idea que comparten desde Medicina Preventiva: "En ambientes determinados, en manera puntual y en contextos adecuados, donde el riesgo de covid grave es bajo, no pasaría nada, pero como norma general es prematuro", asegura Ortí.
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