Carlos Gómez, psiquiatra en el Hospital Regional Universitario de Málaga.
El
Sistema Nacional de Salud (SNS) se está quedando rezagado en la adopción de
terapias innovadoras para tratar problemas de
salud mental. Mientras en Estados Unidos y Holanda se aplican sustancias experimentales con protocolos avanzados y la terapia electroconvulsiva (TEC) se utiliza de manera sistemática y segura en otros países, en España
las barreras legales y la falta de preparación limitan
tanto la investigación como la práctica clínica.
Así lo explica Carlos Gómez, psiquiatra en el Hospital Regional Universitario de Málaga, que revela en
Redacción Médica que la terapia electroconvulsiva, apesar de contar con una sólida base científica para el tratamiento de la depresión grave, el
trastorno bipolar y determinados cuadros psicóticos, sigue estando marcada por un fuerte
estigma social y profesional.
Terapia electroconvulsiva: eficacia y estigma
Según detalla, "generalmente es un tratamiento que, por lo que la gente ve en las películas y en las redes sociales, parece que es mucho más agresivo, mucho más lesivo, pero en realidad es uno de los tratamientos con mejores evidencias para
mejorar el diagnóstico de salud mental".
Esta percepción negativa tiene consecuencias directas en su aplicación clínica. "
Muchos pacientes tienden a rechazarlo" e "incluso muchos profesionales tienen problemas al usarlo por el estigma que genera", asegura.
Sin embargo, la experiencia clínica demuestra su eficacia "en todos los cuadros depresivos graves en general, sobre todo
aquellos que no han recibido previamente tratamiento", así como en "determinados cuadros psicóticos, la catatonía o los casos con un
grado de afectación de la depresión muy marcado". Además, subraya que se trata de un
procedimiento seguro, ya que "suele ser muy bien tolerado y tiene unos
ratios de efectividad que a veces son mejores que los propios psicólogos".
Oportunidades de las sustancias experimentales
Otro de los ámbitos en los que España se ve atrasada es en el desarrollo de terapias con psicodélicos. Entre las que concentran
mayor interés internacional se encuentran la psilocibina y otras sustancias que se están investigando para el tratamiento de la
depresión y otros trastornos graves. Según apunta Gómez, en países como Estados Unidos y Holanda, "sobre todo las sustancias ilegales, como la psilocibina,
el MDMA o el LSD, se están usando mucho en investigación", siempre
en contextos controlados y dentro de ensayos clínicos.
Pero el especialista matiza que la innovación terapéutica no se limita únicamente a este tipo de sustancias. En su experiencia, también
están apareciendo tratamientos farmacológicos que ya se emplean en otros sistemas sanitarios y que aún
no han llegado a España. Entre ellos, "antipsicóticos que no siguen la
ruta del bloqueo dopaminérgico que usan otros sistemas".
Estos fármacos, añade, ya se utilizan en Estados Unidos y han superado parte de los procesos de evaluación regulatoria por parte de la
Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA). Sin embargo, en el sistema sanitario español "no están todavía aprobados", una diferencia que atribuye principalmente a los marcos regulatorios. A pesar de ello, subraya que estos tratamientos "también suponen, por ejemplo,
una mejora en los síntomas preliminares" en determinados pacientes.
De cara a su posible incorporación al Sistema Nacional de Salud, el experto defiende que estas terapias deberían aplicarse allí
donde demuestren eficacia y cuenten con evidencia suficiente. "Sabemos que determinadas sustancias son efectivas en cuadros depresivos graves y, si bien muchos protocolos la están estableciendo como una segunda línea, lo ideal es que se establecieran en España al mismo nivel siempre que haya una evidencia disponible suficiente", explica.
Aún así, advierte de que
su aplicación requiere cambios estructurales, ya que "muchas de estas sustancias requieren hacer psicoterapias simultáneas junto a la toma de la sustancia y para eso
tampoco estamos entrenados ni tenemos dispositivos establecidos en la mayoría de lugares de España".
Barreras legales y administrativas
A las dificultades técnicas y clínicas se suman las barreras legales y administrativas, que, según el psiquiatra, siguen siendo uno de los
principales frenos para la innovación en salud mental. "Al final ninguna persona va a usar estas sustancias si no están legalmente reguladas", afirma.
En este sentido, reconoce que, incluso si estas terapias llegaran a aprobarse, no está claro
hasta qué punto se generalizaría su uso. Sin embargo, insiste en que la situación actual impide cualquier avance real.
Más allá del marco legal, el especialista subraya que la adopción de terapias innovadoras también depende de
factores éticos y de la cultura profesional de cada equipo. "Cada uno se gestiona un poco en función de sus propias características personales y sus propios dilemas éticos", señala, añadiendo que "
cada grupo de trabajo puede decidir en qué quiere ser bueno, por ejemplo un grupo de trabajo puede promover más la innovación y otros conceptos más conservadores".
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