Pediatría reclama una actualización formativa ante el cambio del paradigma asistencial en menores

Adolescente en una consulta de Pediatría.


La atención a la diversidad de género ha transformado las consultas pediátricas, que registran un aumento exponencial de casos. Es por ello que desde Pediatría se reclama  una actualización formativa urgente para hacer frente a esta nueva realidad asistencial. El objetivo es dotar a los profesionales de herramientas para evaluar, acompañar y derivar adecuadamente a los menores, evitando prejuicios e intervenciones perjudiciales ante un fenómento que "no es ni marginal ni una moda". 

Raúl Hoyos Gurrea, especialista en Endocrinología Pediátrica del Hospital Universitario Virgen de las Nieves de Granada es el primero en señalar la necesidad de avanzar hacia un cambio de paradigma, convencido de que el aprendizaje académico debe "evolucionar desde un modelo basado exclusivamente en el reconocimiento de patologías hacia un modelo de competencias en diversidad de género y desarrollo psicosexual".

Matiza que la meta no es convertir a todos los pediatras en expertos en medicina transgénero, sino garantizar que adquieran conocimientos para realizar una primera valoración "competente" que facilite "el acceso temprano a equipos especializados cuando sea necesario" y que evite "intervenciones iatrogénicas" que puedan inferir un daño al paciente. 

Este catálogo de herramientas debe incluir conocimientos básicos sobre "conceptos fundamentales de identidad de género, expresión de género y orientación sexual, desarrollo evolutivo normal de la identidad de género durante la infancia y adolescencia y detección de factores de vulnerabilidad psicosocial". Dicho manejo de información debe incluir también capacidad para una "evaluación de la salud mental y riesgo suicida, manejo de la disforia de género y de las situaciones de incongruencia de género e Indicaciones y limitaciones de la derivación a unidades especializadas". 

Comunicación como eje


Según este experto en Medicina Transgénero mes necesario además que dicho aprendizaje, además de transversal, trascienda  el plano teórico y aglomere "competencias clínicas reales" en torno a "aspectos médicos, psicológicos y sociales, toma de decisiones compartida y actualización continua de la evidencia científica", con un entrenamiento en entrevistas con menores y familias y casos clínicos simulados.  "El objetivo es acompañar, comprender y apoyar, no convencer", sentencia Hoyos, señalando como requisito el manejo de la comunicación centrada en el paciente para lograrlo. 

Este aspecto, la comunicación, resulta "especialmente importante" entre las habilidades a desarrollar por el pediatra ya que permite "explorar la experiencia del menor sin presuponer resultados ni dirigir la evolución de la identidad de género en una determinada dirección". 

Importancia del entorno familiar 


Dado que, en todo este proceso asistencial, el entorno del paciente juega un rol clínico determinante, la capacitación de los sanitarios, explica, tiene que incluir la escucha activa a los tutores legales para "diferenciar dudas legítimas de actitudes de rechazo". Teniendo en cuenta que la familia "constituye probablemente el factor protector más importante para la salud mental de estos jóvenes", según Hoyos, el profesional ha de ser capaz de "escuchar activamente las preocupaciones familiares" y "favorecer la comprensión mutua entre padres e hijos", facilitando espacios de diálogo seguros y dispensando a los familiares "estrategias de apoyo emocional". 

Él éxito de esta estrategia queda reflejado en la evidencia, la cual, "muestra de forma consistente" que los menores que perciben apoyo familiar tienen menor sintomatología depresiva, riesgo suicida y consumo de sustancias, además de un "mejor funcionamiento escolar y social". "Por ello, la consulta no debe centrarse únicamente en el menor, sino también en acompañar a la familia durante todo el proceso". 


Cambios estructurales en el SNS 


Para que este nuevo modelo funcione, todo el engranaje del sistema sanitario necesita adaptarse, desde el personal administrativo o de admisión, hasta Enfermería, trabajo social o los equios salud mental, garantizando un trato confidencial y evitando la estigmatización antes incluso de entrar a la consulta. Hoyos insiste en la importancia de contar con un ecosistema sólido y vertebrado en "circuitos asistenciales claros, equipos multidisciplinares especializados y protocolos homogéneos de derivación", con la coordinación entre Atención Primaria, Pediatría hospitalaria, salud mental y Endocrinología pediátrica como base. 

De igual forma, entre los puntos a reforzar, Hoyos destaca los programas de formación continuada y la investigación clínica "de calidad para responder a las preguntas que siguen abiertas". El objetivo final, indica, es "garantizar una atención accesible, basada en la evidencia, respetuosa con la diversidad y centrada en el bienestar integral del menor, evitando tanto las barreras injustificadas de acceso como las intervenciones precipitadas que no respondan a una adecuada evaluación individualizada". 

Gestión del riesgo



Los abordajes de afirmación de género comienzan con un bloqueo puberal reversible que busca detener el desarrollo para ganar tiempo en la toma de decisiones. La literatura disponible apunta a una mejoría en el bienestar emocional: estudios recientes reflejan una reducción del 73 por ciento en la ideación suicida tras doce meses de seguimiento especializado. Asimismo, el 98 por ciento de los adolescentes que inician tratamiento hormonal lo mantienen en la edad adulta, un registro que Hoyos califica como "incompatible con la idea de decisiones precipitadas o pasajeras".

No obstante, el especialista advierte que la práctica clínica exige comunicar con claridad las áreas de incertidumbre y los posibles efectos adversos de las terapias, como el impacto en la salud ósea, el riesgo cardiovascular o la fertilidad. Los tratamientos hormonales, asegura, no deben presentarse "ni como intervenciones exentas de riesgos ni como procedimientos experimentalmente injustificados".

Frente a las dudas médicas que aún persisten a largo plazo, Hoyos concluye el debate con una premisa clara: "La incertidumbre no debe ser una excusa para no actuar, sino una llamada a actuar mejor".
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