Consuelo Álvarez, Carlos Losada y Roberto Martín.
Los últimos datos provisionales del año 2025 del
Instituto Nacional de Estadística (INE) han vuelto a mostrar una realidad de la que no se habla: la
tasa de suicidio en mayores sigue siendo elevada, con especial incidencia en hombres. Tales cifras son el reflejo de un proceso de pérdidas, enfermedad y soledad que, en algunas personas de elevada edad, acaba generando
una profunda desesperanza. "Las revisiones sistemáticas y las guías sobre suicidio en personas mayores muestran que, en esta etapa de la vida, se juntan varios factores de riesgo importante: la depresión y otros trastornos mentales graves, las enfermedades crónicas con dolor o discapacidad y el aislamiento social", explica a
Redacción Médica Consuelo Álvarez, psicóloga y miembro del Colegio Oficial de Psicología del Principado de Asturias (Coppa).
Además, apunta que
la depresión suele ser infradiagnosticada porque "en las personas mayores no siempre se manifiesta como tristeza, sino mediante problemas de sueño, pérdida de apetito, inquietud, irritabilidad o comentarios sobre sentirse una carga, inútiles o desconectados desde su entorno". También influyen
situaciones frecuentes en la vejez, como la jubilación, el fallecimiento de la pareja o de amigos, la reducción de las relaciones sociales o las dificultades económicas, "que pueden dejar a la persona
sin proyectos ni espacios donde sentirse útil o acompañada".
Coincide
Roberto Martín, coordinador del Área 'Psicología del envejecimiento' del Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Occidental (COP-AO). Desde su experiencia como psicólogo general sanitario en residencia, ha visto en primera persona el día a día de cientos de mayores. "Los problemas que llevan a estas personas a tener una ideación suicida suelen estar centrado en los familiares y en lo relacional", anota. De hecho, sostiene que concretamente en el grupo de adultos mayores (por encima de los 59 años) los causantes pueden llegar a ser
la enfermedad física y el dolor crónico.
Eso sí, las diferencias entre el suicidio en personas mayores y jóvenes radican, sobre todo, en la impulsividad: "En el caso de los mayores, no es algo impulsivo, sino que se trata de
una respuesta premeditada al sufrimiento prolongado que se vive al deterioro funcional o incluso a la pérdida de independencia". Aun así,
Carlos Losada, psicólogo clínico con experiencia en Atención Primaria y experto en prevención del suicidio, aparte de miembro del Colegio Oficial de Psicoloxía de Galicia (COPG), insiste en que se trata de "un problema complejo,
prácticamente imposible de predecir". "A esto se suma que, desde ciertos sectores de la sociedad, reciben el mensaje de que son un estorbo, por ocupar viviendas 'que podrían ser más rentables' o cobrar pensiones que 'lastran la economía'. Son afirmaciones falsas que no resisten el más mínimo análisis, pero pueden calar en la conciencia de las personas mayores y afectar especialmente a las más vulnerables", detalla.
Aumento de psicólogos en residencias y especialistas en Primaria
Desde su punto de vista, "la prevención es claramente mejorable". "En los últimos años hemos perdido accesibilidad a las consultas de Medicina de Familia por la falta de profesionales, y eso aumenta el riesgo de
desconexión de los más mayores. A esto se suma que las mejoras en dependencia no siguen el ritmo del envejecimiento de la población: en muchos casos, quienes cuidan también son personas mayores, y los recursos residenciales o los centros de día no siempre son accesibles, porque a menudo responden más a lógicas de lucro que a derechos de la ciudadanía", apunta.
Álvarez recuerda que en los últimos años se han puesto en marcha medidas como el Plan de Acción para la Prevención del Suicidio 2025-2027 del Ministerio de Sanidad, que busca
mejorar la detección precoz, la formación de los profesionales y la coordinación entre los distintos recursos. También se han elaborado guías específicas para las personas mayores con el objetivo de ayudar a identificar los factores de riesgo y las señales de alarma.
"En la práctica, muchos mayores siguen llegando tarde a los
Servicios de Salud Mental, cuando la ideación suicida ya está muy avanzada o incluso después de haber realizado intentos previos", añade. Asimismo, igual que Losada, hace referencia a la falta de accesibilidad en el primer nivel asistencial: "Continúan existiendo problemas como los largos tiempos de espera en Atención Primaria, la falta de psicólogos en los servicios públicos y la escasa coordinación entre los recursos sanitarios y sociales, especialmente en situaciones de soledad, dependencia o vulnerabilidad económica".
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Álvarez: "En la práctica, muchos mayores siguen llegando tarde a los Servicios de Salud Mental"
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Martín, con base en su trayectoria como psicólogo en residencias, asegura que "el ingreso y la adaptación al entorno residencial es un evento vital bastante estresante". "La primera semana es importante que
tanto psicólogos como enfermeras y trabajadores sociales tengan ese primer trato con las personas. Es importante centrarnos en la evaluación continua del ajuste personal de esa persona", indica. El objetivo del psicólogo andaluz, "prevenir su aislamiento social". Pero no solo eso, destaca el abordaje del bullying o acoso entre los residentes de los centros de mayores. "Parece que ya se está teniendo más en cuenta, ya que tiene relación con la soledad no deseada o subjetiva", señala.
Los tres profesionales subrayan lo mismo: se necesita
una mayor contratación de psicólogos. "Lo más importante es que las personas mayores puedan acceder a atención psicológica cuando la necesitan. En el sistema público, la atención psicológica en Atención Primaria y Salud Mental corresponde a los especialistas en Psicología Clínica. Sin embargo, su número sigue siendo insuficiente, a pesar de que la detección precoz y el tratamiento de la depresión y otros trastornos mentales son fundamentales para prevenir el suicidio. Por su parte, el Psicólogo General Sanitario desempeña un papel relevante en otros ámbitos, como centros de día, entidades sociales o centros privados, desarrollando programas de apoyo emocional, prevención de la soledad, acompañamiento en procesos de duelo y detección de señales de alarma", advierte Álvarez.
Sin embargo, no es la única medida que se debe tomar: "La
coordinación entre estos recursos es clave para ofrecer una atención más temprana y eficaz". Martín reitera la necesidad de contratar a más profesional, pero también en residencia: "En la última en la que estuve estaba yo solo para 160 personas en nivel residencial y 30 en la unidad de día", lamenta.
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Martín: "Hacen falta puestos para el perfil de Psicología General Sanitaria en atención psicosocial, atención comunitaria y atención a la infancia y la tercera edad"
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Igual que Álvarez, el psicólogo gallego hace hincapié en la necesidad de "ordenar mejor los recursos profesionales". "Por un lado, hacen falta puestos para el perfil de Psicología General Sanitaria en atención psicosocial, atención comunitaria y atención a la infancia y la tercera edad, entre otros ámbitos, para combatir la soledad no deseada y el sentimiento de desvalorización desde la comunidad. Por otro, necesitamos reforzar la presencia de especialistas en Psicología Clínica en todos los niveles asistenciales de la sanidad pública, incluida la Atención Primaria, que es precisamente donde ejerzo ahora como psicólogo clínico", explica.
Dialogar, escuchar y compartir: la solución existe
Otra de las cuestiones abordadas por los profesionales es
la 'barrera emocional' que muchas personas mayores crean entre el psicólogo y la persona. "Muchas aprendieron a afrontar el sufrimiento desde el silencio, la resignación o el apoyo en la religión. Por eso, es frecuente que les cueste expresar cómo se sienten y que hablen más de molestias físicas, como el dolor o los problemas de sueño, que de sus emociones. En la práctica es importante respetar esa forma de entender el malestar, pero también ayudarles, poco a poco, a ponerle nombre a lo que sienten. Para ello es fundamental validar su sufrimiento, explicar de forma sencilla la relación entre la salud física y emocional y transmitir que pedir ayuda no es un signo de debilidad. También resultan útiles las preguntas abiertas, utilizar ejemplos o metáforas cercanas a su experiencia y, cuando sea conveniente, contar con la colaboración de la familia para facilitar la comunicación", detalla Álvarez.
Por ello, el trabajo en grupo puede ser de gran ayuda. "Los
grupos de apoyo en centros de día o en recursos comunitarios ofrecen un espacio donde las personas mayores pueden compartir experiencias relacionadas con la pérdida, la enfermedad, la soledad o el miedo al futuro. Escuchar a otras personas hablar de sentimientos similares ayuda a normalizar esas emociones, reduce la sensación de aislamiento y facilita que expresen su propio malestar o incluso pensamientos relacionados con el suicidio. En muchos casos, poder hablar de ello sin sentirse juzgados es el primer paso para pedir ayuda y empezar a sentirse mejor", añade.
Martín confirma que esa "reticencia se ha ido modulando". "Si que es cierto que se aprecia un cambio en la concienciación de las personas jóvenes en todo lo relacionado con la salud mental, pero, al final, las personas mayores tienen otros tipos de problemas, es diferente", incide. Según Losada, "una atención profesional, cálida, respetuosa y adaptada a los valores y a la biografía de cada persona es el marco que permite romper esa barrera y empezar a
trabajar de verdad con el sufrimiento emocional".
Si lo necesitas, pide ayuda
Si tú o alguien de tu entorno se encuentra en una situación de crisis emocional, vulnerabilidad o riesgo de suicidio, recuerda que no estás solo y que existen recursos de ayuda gratuitos, confidenciales y disponibles las 24 horas del día. Puedes llamar al 024 (Línea de atención a la conducta suicida del Ministerio de Sanidad), al 717 003 717 (Teléfono de la Esperanza) o acudir a tu centro de salud. En caso de emergencia, llama siempre al 112.
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