El internista Pablo Solís, que se encuentra haciendo su estancia en Boston.
La investigación en
enfermedades raras salva vidas. No solo por ayudarnos a conocer las patologías de cerca, sino por el gran impacto asistencial que tiene, acercándonos a
posibles tratamientos, y bien lo sabe Pablo Solís. Asturiano de nacimiento,
estudió Medicina en la Universidad de Oviedo, pero se trasladó a Santander para completar su residencia en Medicina Interna. Fue durante esta etapa cuando conoció la beca 'López Albo', ofertada por el
Hospital Universitario Marqués de Valdecilla (HUMV), lo que cambiaría por completo su futuro, y su vida.
En su
etapa como MIR ya lo tuvo claro. Su vocación clínica e investigadora por el ámbito de las enfermedades raras no paraba de llamar a su puerta. Y fue en ese momento cuando decidió su destino post-residencia. Si por algo se caracteriza el campo elegido por Solís, es por los habituales retrasos en los diagnósticos de las personas que padecen dichas enfermedades, así como en la constante necesidad de
buscar nuevas opciones terapéuticas.
La beca de Valdecilla le ha permitido al joven internista embarcarse en un proyecto propio. Su iniciativa se centra concretamente en el
síndrome de Rendu-Osler-Weber, o telangiectasia hemorrágica hereditaria (HHT), una patología poco frecuente pero con una prevalencia significativa en Cantabria. El propósito de Solís, así, es optimizar el manejo clínico de la enfermedad, impulsar un enfoque multidisciplinar y facilitar el acceso de los pacientes a ensayos clínicos.
"La idea del proyecto surgió de una necesidad muy concreta: seguir
mejorando la atención que reciben los pacientes con enfermedades raras en Cantabria", asegura a
Redacción Médica el facultativo. El desarrollo de esta investigación ha permitido a Solís realizar una etapa formativa en el Hospital Universitario Ramón y Cajal, pero también en el MassaChusetts General Hospital de Boston, donde actualmente realiza
funciones docentes y de investigación.
Tal y como ha confirmado a este medio, la sanidad española y la estadounidense son distintas: "Creo que una de las principales diferencias es el peso que
tienen la investigación y la docencia dentro de la actividad diaria de los médicos. No se trata solo de disponer de más recursos, sino también de contar con tiempo protegido para investigar, discutir casos clínicos y participar en actividades docentes", señala. Pero su camino no se queda aquí. Volverá a Valdecilla, donde le espera una nueva etapa en el Servicio de Medicina Interna del hospital que le vio crecer como médico: "Mi intención es seguir
compaginando la asistencia con la investigación", confirma.
¿Dónde hizo la residencia?
Soy asturiano y estudié Medicina en la Universidad de Oviedo. Posteriormente, realicé la residencia de Medicina Interna en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, en Santander, un centro con una larga tradición asistencial, docente e investigadora. Mi interés por las enfermedades raras comenzó durante la etapa universitaria, pero fue durante la residencia donde tuve la oportunidad de profundizar en este campo y orientar mi actividad asistencial e investigadora hacia estas patologías.
¿Por qué decidió solicitar la beca ‘López Albo’?
Solicitar la beca ‘López Albo’ fue un paso natural dentro de mi proyecto de formación. Desde el Servicio me animaron a presentarme porque conocían mi interés por las enfermedades raras, y me pareció una oportunidad excepcional para seguir formándome tras la residencia sin desvincularme de mi hospital. Además, el programa ofrece unas condiciones muy competitivas que permiten combinar una estancia formativa en un centro de referencia internacional con el desarrollo de un proyecto asistencial e investigador a la vuelta, algo que encajaba perfectamente con mis objetivos profesionales.
¿Cómo se le ocurrió su proyecto?
La idea del proyecto surgió de una necesidad muy concreta: seguir mejorando la atención que reciben los pacientes con enfermedades raras en Cantabria. Durante la residencia pude comprobar que todavía existen importantes retos, como el retraso diagnóstico, la complejidad del manejo de muchas de estas patologías y la incorporación de nuevas opciones terapéuticas. El proyecto fue tomando forma gracias a la implicación de muchos profesionales de mi servicio, especialmente de mi tutor y de otros compañeros que me animaron desde el principio a desarrollar esta iniciativa. Asimismo, fue fundamental el apoyo del profesor José Antonio Riancho, como responsable de la Unidad de Enfermedades Raras, y del profesor José Luis Hernández, jefe del Servicio de Medicina Interna, que apostaron por este proyecto desde sus inicios. El objetivo final es que todo lo aprendido revierta en una mejor atención y en nuevas oportunidades de investigación para los pacientes con enfermedades raras en Cantabria.
¿Nos podría detallar en qué consiste?
Hemos centrado el proyecto en una de las enfermedades raras con mayor prevalencia en Cantabria y en la que nuestra comunidad cuenta desde hace años con una amplia experiencia asistencial e investigadora: el síndrome de Rendu-Osler-Weber o telangiectasia hemorrágica hereditaria (HHT). El objetivo es impulsar la creación de un centro nacional de referencia para esta enfermedad en nuestro hospital, ofreciendo a los pacientes una atención multidisciplinar altamente especializada, acceso a las opciones terapéuticas más innovadoras y la posibilidad de participar en ensayos clínicos.
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"El objetivo es impulsar la creación de un centro nacional de referencia para esta enfermedad en nuestro hospital"
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Para ello, el proyecto incluye estancias formativas en centros con un reconocido liderazgo en la asistencia e investigación de esta enfermedad, como el Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid y el Massachusetts General Hospital de Boston. La idea es conocer de primera mano modelos asistenciales consolidados, participar en proyectos de investigación de alto nivel e incorporar ese conocimiento a Valdecilla.
¿Ha estado ya en el Ramón y Cajal? ¿Cómo valora su experiencia en el hospital madrileño?
Sí, ya he completado mi estancia en Madrid. Durante ese periodo tuve la oportunidad de formarme tanto en investigación básica como en la práctica clínica. Por un lado, trabajé en un laboratorio del Instituto de Investigación Margarita Salas del CSIC, donde participan en el estudio de modelos celulares de telangiectasia hemorrágica hereditaria. Por otro, realicé una rotación en el Hospital Universitario Ramón y Cajal, donde pude profundizar en el manejo clínico de esta enfermedad y de otras enfermedades raras, tanto en pacientes pediátricos como adultos. Ha sido una experiencia muy enriquecedora porque me ha permitido integrar la visión de la investigación con la asistencia clínica, algo fundamental para avanzar en el abordaje de estas patologías.
¿Cuál fue su reacción al enterarse de que podría irse a Boston?
Fue una noticia muy emocionante. Tener la oportunidad de formarme en el Massachusetts General Hospital de Boston, hospital universitario de la Harvard Medical School y uno de los centros de mayor prestigio del mundo, supone un privilegio y una enorme responsabilidad. Es un referente internacional tanto por la excelencia de su asistencia clínica como por su investigación y su modelo docente.
¿Cómo está siendo su estancia?
Está siendo una experiencia extraordinariamente enriquecedora, tanto desde el punto de vista profesional como personal. Estoy teniendo la oportunidad de integrarme en equipos multidisciplinares con una gran experiencia en enfermedades raras, asistir a consultas altamente especializadas y conocer de primera mano cómo se desarrollan ensayos clínicos internacionales. Además, estoy complementando esta formación con cursos de la Harvard Medical School, lo que me permite ampliar conocimientos en el abordaje de enfermedades complejas.
¿Qué aprendizajes saca en limpio de su estancia en Boston?
Además del conocimiento científico, me llevo una forma diferente de entender la asistencia, muy integrada con la investigación y el trabajo en equipo. Creo que conocer cómo funciona un centro de referencia internacional me ayudará a aportar nuevas ideas y seguir mejorando la atención a los pacientes con enfermedades raras en Valdecilla.
¿Qué cambios destacaría entre la sanidad estadounidense y la española?
Creo que una de las principales diferencias es el peso que tienen la investigación y la docencia dentro de la actividad diaria de los médicos. No se trata solo de disponer de más recursos, sino también de contar con tiempo protegido para investigar, discutir casos clínicos y participar en actividades docentes. Esa integración entre asistencia, investigación y formación favorece que los avances lleguen antes a la práctica clínica. Creo que en España contamos con profesionales de un altísimo nivel y que seguir potenciando estos aspectos puede contribuir a mejorar aún más la atención a los pacientes.
¿Cree que deberían impulsarse más iniciativas como estas becas? ¿Por qué?
Sí, creo que este tipo de contratos post-residencia tiene un gran valor. Permiten que los médicos completen su formación en centros de referencia internacional sin desvincularse de sus hospitales de origen. De esta forma, el conocimiento y la experiencia adquiridos revierten posteriormente en nuestro sistema sanitario, favoreciendo la incorporación de nuevas formas de trabajar, y, en definitiva, una mejor atención a los pacientes.
De cara al futuro, ¿cuál es el siguiente paso? ¿Prefiere lo asistencial o la investigación?
El siguiente paso será reincorporarme al Servicio de Medicina Interna de mi hospital y continuar mi actividad en la consulta de Enfermedades Raras. Mi intención es seguir compaginando la asistencia con la investigación, aunque siempre con la práctica clínica como eje principal de mi trabajo. Creo que ambas facetas son complementarias y que la investigación tiene sentido cuando ayuda a responder preguntas que surgen en la consulta y contribuye a mejorar la atención a los pacientes. Además, me gustaría finalizar mi tesis doctoral y continuar desarrollando proyectos de investigación clínica, básica y traslacional en enfermedades raras.
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