"El Covid-19 aumentará la demanda de los servicios de Psicología Clínica"

Patricia Fernández impartirá una webinar desde APIR para formar sobre la OPE en Psicología Clínica

Patricia Fernández Martín.
"El Covid-19 aumentará la demanda de los servicios de Psicología Clínica"
lun 30 noviembre 2020. 16.10H
La Psicología Clínica se ha convertido en una especialidad más que esencial durante los meses de la pandemia del coronavirus Covid-19, y así lo han constatado tanto profesionales como pacientes del hospital. Patricia Fernández Martín es psicóloga clínica del Hospital Ramón y Cajal y durante el coronavirus Covid-19 ha experimentado experiencias que difícilmente podrá olvidar. Ella revindica el papel del psicólogo clínico en el hospital, “ahora más que nunca”, y reclama un aumento “importante” de plazas PIR. Y es que, tal y como reconoce, “en los últimos años ha aumentado la demanda de servicios de Psicología Clínica.  Si a esto le sumamos el impacto que está ocasionando en la población general la pandemia, sería esperable que esta demanda aumentará”. Por todo ello, Patricia Fernández Martín es Psicóloga Clínica impartirá una webinar el próximo 3 de diciembre sobre cómo prepararse la OPE de Psicología Clínica, a través de la academia APIR, y poder así acceder al sistema sanitario. Puedes inscribirte en esta webinar, pulsando aquí.  


¿Cree que el número de plazas OPE que se están ofertando en Psicología Clínica se adaptan a las necesidades actuales?

Considero que son insuficientes. Desde La Asociación Nacional de Psicólogos Clínicos y Residentes (ANPIR), a la que pertenezco como miembro, se ha solicitado que se oferten más plazas de psicólogo interno residente (PIR). El anuncio del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de aumentar las plazas de formación sanitaria especializada (FSE) para el 2021 no puede obviar el incremento de las plazas PIR.

En los últimos años ha aumentado la demanda de servicios de Psicología Clínica.  Si a esto le sumamos el impacto que está ocasionando en la población general la pandemia, sería esperable que esta demanda aumentará. Durante estos meses, se ha visto amenazada la seguridad de las personas alterando el funcionamiento normal de la vida cotidiana.

¿Qué se están encontrando en los hospitales?

Nos estamos encontrando tanto en las encuestas a la población general como en nuestra práctica clínica habitual, un aumento creciente del estrés psicológico junto a un incremento en la sintomatología ansiosa y depresiva que evidencian la magnitud del problema al que nos enfrentamos.  Necesitamos medidas concretas para asegurar una cobertura sanitaria a nivel de salud mental, actual y futura, a los diferentes tipos de colectivos a los que irremediablemente impacta esta pandemia y cuyas necesidades puedan requerir una actuación psicológica.

¿Qué opina sobre el número actual de plazas PIR ofertadas en comparación con otras especialidades como el MIR o el EIR? En la última convocatoria hubo un total de 189. 

El incremento de esta última convocatoria ha sido histórico.  189 plazas significan un 30 por ciento más de plazas, respecto a las anteriores convocatorias. Desde ANPIR, hemos solicitado que se oferten en esta convocatoria próxima, todas las plazas acreditadas en las Unidades Docentes, que como sabemos, no corresponden al número total de plazas ofertadas.


"Desde el inicio de la pandemia vivimos en el hospital una situación crítica de gran gravedad y desbordamiento"


¿Qué papel desempeña un psicólogo clínico en un hospital de la seguridad social como es su caso?

En mi hospital, el Ramón y Cajal, somos cuatro psicólogas clínicas Facultativas (una ha sido contratada como refuerzo durante la pandemia) y formamos a un residente por año, aunque esperamos que en la próxima convocatoria salgan dos plazas ofertadas. Las funciones que desempeñamos son asistenciales, docentes, investigadoras y de coordinación.

En la Unidad de Hospitalización se realiza atención psicológica a pacientes agudos que experimentan una exacerbación de su trastorno mental. Estas intervenciones son muy útiles en la evolución de los trastornos mentales; ya que este periodo supone una oportunidad para poder iniciar, continuar o consolidar algunas intervenciones terapéuticas encaminadas a la mejoría del paciente. Las intervenciones son individuales y grupales; y también se atiende a las necesidades y dudas de los familiares.

¿Cuál es vuestra actuación diaria?

La actuación en la Interconsulta Hospitalaria, donde yo trabajo, se dirige a pacientes con patologías físicas que son atendidos en otros Servicios como Dermatología, Neumología o Rehabilitación Cardiaca (Servicio que cuenta con un programa multidisciplinar muy consolidado); y que necesitan un apoyo emocional en relación al proceso de enfermedad. En el hospital contamos con diferentes dispositivos para atender a estos pacientes: de forma presencial cuando están ingresados; a través del seguimiento ambulatorio en las consultas externas o en grupos de terapia. Trabajamos en coordinación con nuestros compañeros psiquiatras.

El trabajo en el Hospital de Día, consiste en un abordaje individual y grupal para el mejor manejo clínico y seguimiento de pacientes con trastorno mental grave. El papel de la psicóloga consiste en implementar programas psicoeducativos y de prevención de recaídas para garantizar una mejor la integración social, familiar y laboral de los pacientes que asisten a este dispositivo asistencial.

¿Ha tenido que actuar activamente durante la pandemia del Covid-19?

Sí. Desde el inicio de la pandemia (sobre todo los meses de marzo, abril y mayo) vivimos en nuestro hospital una situación crítica de gran gravedad y desbordamiento. En ese momento, el Servicio de Psiquiatría del que formamos parte los psicólogos, actuó a través del desarrollo y la implementación de programas específicos de apoyo a pacientes (básicamente a través de la interconsulta), familiares y profesionales.

Pude colaborar activamente desde el inicio en el programa de asistencia a familiares de pacientes ingresados en la UCI, mediante un apoyo telefónico sistematizado; en colaboración con el personal de las UVI y de la UCQ y del equipo de profesionales del Servicio de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Ramón y Cajal. El impacto emocional que representa para una persona la enfermedad grave de un ser querido, se incrementa en grado máximo en la situación de pandemia de Covid-19, por la suma de varios factores: el aislamiento del paciente, las medidas de restricción y  el confinamiento de los familiares.

Hemos atendido a 250 familiares aproximadamente, entre los meses de marzo y octubre. Ha sido un trabajo muy satisfactorio tanto por la valoración positiva objetivada en una encuesta que hemos administrado a los familiares; como la subjetiva por los mensajes de agradecimiento de las familias en las llamadas. Nuestros objetivos prioritarios están siendo acompañar a la familia en el proceso de asimilar el impacto emocional del ingreso del paciente.; proporcionar sensación de protección, seguridad y disponibilidad a las familias, por parte de los profesionales y movilizar recursos adaptativos, fomentando el autocuidado y habilidades de afrontamiento.

¿Ha sido difícil esta etapa para usted?

En más de una ocasión me ha emocionado con el intercambio de mensajes con los que terminábamos las llamadas. Nosotros les consolábamos, y al despedirnos, ellos nos consolaban. Era como una simbiosis de halagos y de mensajes de agradecimiento que te llenaba de energía para continuar con el trabajo del día siguiente. Debe de ser eso lo que llaman resiliencia. Las familias, y los amigos de los pacientes nos han dado demasiadas lecciones. Ha sido admirable.  No podemos olvidarlo, ni ahora ni en el futuro.  La sensación de gran solidaridad, no se ha quedado sólo en un aplauso.


"La OPE en la que obtuve plaza fue la última ofertada por el Servicio de Salud de la Comunidad de Madrid"


También, pusimos en marcha un programa de atención telefónica a pacientes ingresados en la Unidad Macrocovid, en los que se detectara la necesidad de apoyo emocional, debido a la angustia de ingresos prolongados y a la ausencia de red social de apoyo, junto a otros factores externos estresantes o cualquier otra circunstancia que agravara el proceso clínico y la recuperación (otros familiares ingresados o fallecidos, etc…)

¿Y cuál es su papel en estos momentos?

Ahora, nuestra actuación está orientada a la asistencia de profesionales del Hospital, que han trabajado de manera incansable durante los peores meses de la pandemia, dando un ejemplo de ética profesional a la sociedad española.  Muchos presentan síntomas de estrés postraumático, secundarios a las vivencias de la pandemia y solicitan nuestros servicios a nivel individual. También estamos poniendo en marcha actuaciones grupales de descarga emocional, como medidas preventivas.

Este trabajo durante la pandemia, lo he vivido como un reto personal, y me siento muy orgullosa del Servicio de Psiquiatría al que pertenezco y del Hospital Ramón y Cajal, porque soy consciente del esfuerzo colectivo que ha supuesto sacar el trabajo adelante.

¿Como fue su preparación para la última OPE?

La OPE en la que obtuve plaza fue la última ofertada por el Servicio de Salud de la Comunidad de Madrid. La decidí preparar de manera semipresencial, en una academia de Madrid. Estuve acudiendo a clase todos los sábados, durante los de febrero, marzo, abril y mayo del 2016. El 29 de enero de 2017 fue el examen y el 12 de marzo de 2018 fue la fecha en la que se adjudicaron las plazas.

Recuerdo difícil de conciliar el estudio y el trabajo; pero en seguida me puse en formato “estoico” a por ello, ya que es complicado conseguir un objetivo sin esfuerzo. Además de la suerte, que no depende de nuestro control, me dispuse con actitud adecuada a organizar el material. Me planifiqué tres horas de estudio todas las tardes; y lo que me más me sirvió fue hacer muchos exámenes, tanto simulacros como exámenes de todas convocatorias PIR. Recuerdo haberme dividido el temario por bloques, y contestar a las preguntas de ese temario inmediatamente tras estudiar cada bloque, para reforzar los contenidos. Y por supuesto, la ayuda del deporte para desconectar todos los días del esfuerzo. Realmente, me lo planteé como un mini-PIR.

Cuatro años después, puede decir que ha merecido la pena; no sólo por la seguridad laboral que supone tener una plaza fija, sino por el compromiso y responsabilidad que se adquiere trabajando en un organismo público y el deber moral que supone estar a la altura todo el día.

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