Lilisbeth Perestelo, presidenta de la Red Española de Evaluación de Tecnologías Sanitarias y Prestaciones del SNS (RedETS).
La Red Española de Agencias de Evaluación de Tecnologías Sanitarias y Prestaciones del Sistema Nacional de Salud (
RedETS) ha dado un giro significativo en su plan de trabajo para 2026, consolidando una
estrategia marcada por la digitalización, la inteligencia artificial (IA) y el abordaje de patologías complejas.
Lo que
contrasta con las prioridades más centradas en cribados clásicos y tecnología quirúrgica del ejercicio anterior. Tal y como ya adelantó este medio, Sanidad estudiaba desde enero la
creación de una guía de buenas prácticas para integrar la inteligencia artificial en esta red.
La IA y la telemedicina marcan el salto tecnológico en 2026
Según el análisis comparativo entre ambos planes, 2026 introduce no solo nuevos contenidos, sino también cambios estructurales relevantes. Destaca especialmente la
incorporación formal de las Guías de Práctica Clínica (GPC) como categoría independiente, lo que evidencia una mayor sistematización del conocimiento y una apuesta por reforzar la toma de decisiones clínicas basadas en evidencia.
Uno de los principales ejes de transformación es la
evolución de la salud digital. Mientras que en 2025 la telemedicina se orientaba a ámbitos concretos como el seguimiento post-ictus o la prevención de caídas, el nuevo plan amplía su alcance hacia soluciones más avanzadas. La IA irrumpe con fuerza, especialmente en la predicción de sepsis en adultos, y se abren nuevas líneas en telerrehabilitación para pacientes con lesiones medulares o residentes en zonas rurales. Además, se incorpora la
evaluación de sistemas de telemonitorización domiciliaria integral, lo que apunta hacia un modelo más autónomo y descentralizado de atención sanitaria.
En paralelo,
el ámbito de los cribados mantiene su relevancia, aunque con un cambio en las patologías prioritarias. Si el pasado año el foco estaba en enfermedades como la de Pompe o la hipercolesterolemia familiar, en 2026 la atención se desplaza hacia patologías lisosomales y deficiencias de carnitina, reflejando una actualización del enfoque en genética y enfermedades raras.
La
salud mental también experimenta una evolución notable. Y es que el documento de este año introduce un enfoque más orientado a situaciones críticas, con evaluaciones centradas en la salud mental en
contextos de emergencias y desastres naturales, así como en los cuidados informados por el trauma.
Salud mental y covid persistente ganan peso en la evaluación sanitaria
Otra de las novedades más destacadas es la
inclusión de temas emergentes y postpandemia. El covid persistente entra por primera vez en la agenda de evaluación, con especial interés en biomarcadores que faciliten su diagnóstico y manejo. Asimismo, se actualizan tecnologías para el tratamiento de la diabetes avanzada, como los sistemas de páncreas artificial de asa cerrada, y se incorpora el cribado de bacterias multirresistentes al ingreso hospitalario, en línea con la
creciente preocupación por las resistencias antimicrobianas.
Pese a estos cambios, el plan mantiene la continuidad en la
evaluación de tecnologías de alta complejidad, como los ultrasonidos focalizados de alta intensidad (HIFU) para trastornos del movimiento o los dispositivos de asistencia ventricular izquierda (DAVI), lo que evidencia la necesidad de monitorizar a largo plazo este tipo de innovaciones.
En conjunto, el plan de trabajo de 2026 refleja una RedETS más orientada hacia la innovación tecnológica, pero también hacia la humanización de la asistencia, incorporando evaluaciones sobre intervenciones en rehabilitación de larga estancia. Una combinación que anticipa
un modelo sanitario más digital, pero también más centrado en el paciente.
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