La SEEN insiste en que la probabilidad de mortalidad "por todas las causas" aumenta con el consumo de alcohol

La narrativa 'favorable' al vino omite "evidencia de riesgos a largo plazo"
Carmen Aragón, vocal del comité gestor del área de nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).


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Beber vino con moderación ha sido durante décadas un tema de controversia en salud cardiovascular. De hecho, la evidencia científica respalda que no existe un consumo seguro o beneficioso de alcohol y que los supuestos beneficios cardiometabólicos carecen de respaldo sólido, subrayando que términos como "consumo moderado" o "responsable" no son adecuados desde la perspectiva de salud pública. Pero ahora, un reciente estudio del Instituto de Nutrición y Salud de la Universidad de Navarra, en colaboración con el Hospital Clínic de Barcelona, ha reabierto el debate poniendo sobre la mesa que el consumo moderado de vino dentro de una dieta mediterránea puede asociarse a una reducción de mortalidad.

Por esta razón, Carmen Aragón, vocal del Comité Gestor del Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y esta especialidad (SEEN), lanza un mensaje claro: esta bebida alcóholica eleva el riesgo de muerte por todas las causas y los resultados del estudio no cambian los problemas de salud que puede causar, entre ellos el cáncer.

Efectos a largo plazo


Analizando a más de 18.000 participantes de las cohortes españolas del ensayo Predimed y el estudio Seguimiento Universidad de Navarra (SUN) durante más de 20 años, los investigadores de este trabajo han observado que quienes seguían la dieta mediterránea sin incluir vino presentaban ya una reducción del 23 por ciento en la mortalidad total. En cambio, si se añade un consumo moderado -al menos siete copas por semana, sin superar las tres copas diarias- la reducción de mortalidad aumentaba hasta un 33 por ciento, además de comprobarse una menor incidencia de eventos cardiovasculares. Sin embargo, los efectos desaparecían al superar las tres copas diarias y la esta reducción del riesgo no se apreciaba fuera del contexto de una dieta saludable.

En este contexto, Aragón recuerda que los resultados se refieren "a un periodo corto de tiempo -menos de 5 años- y sólo se evalúan eventos cardiovasculares". De hecho, apunta que en el propio estudio "el riesgo de mortalidad por todas las causas se va incrementando con el mayor consumo de alcohol diario" y recalca que los resultados del trabajo "no influyen sobre el conocimiento actual de los efectos del alcohol a largo plazo" como cáncer, cirrosis o alteraciones de comportamiento por dependencia a sustancias.

Otro factor clave: la dieta mediterránea


La facultativa también aclara que los beneficios observados no provienen del vino por sí solo. Estos se dan en "pacientes con alta adherencia a la dieta mediterránea", un "patrón alimentario" que se basa principalmente "en plantas cuya característica distintiva es el consumo de aceite de oliva como fuente principal de grasa y la forma de cocinar", utilizando el sofrito que lo combina con "vegetales ricos en antioxidantes" como la cebolla, el ajo y los pimientos.

Así, señala que la interpretación de estos resultados en la opinión pública es delicada. Aunque los investigadores advierten que no deben leerse como una invitación genérica a beber vino, la forma en que los medios transmitan la noticia podría influir en la percepción de la población. Aragón puntualiza que "todo depende de la parcialidad con que se transmitan los mensajes" y que el efecto sobre los hábitos de vida dependerá directamente del "tratamiento que reciba la noticia desde los medios de comunicación".

Consumo bajo y moderado 


Respecto a la cantidad segura de consumo, el análisis de la cohorte Predimed indica que los mayores efectos protectores se observan en niveles bajos y moderados de consumo, mientras que superar las tres copas diarias elimina cualquier beneficio, reforzando la importancia de la moderación. En esta línea, Aragón insiste en que "el estudio no contempla el consumo de vino" tal cual, si no su ingesta "en el seno de dieta mediterránea". "Los resultados en baja adherencia o no adherencia  y consumo de alcohol son peores", recalca.

En definitiva, el mensaje que deja el estudio y la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición es que el vino no es una bebida milagro ni un protector cardiovascular por sí mismo. Su consumo solo puede considerarse parte de un estilo de vida saludable que incluya alimentación equilibrada, actividad física regular, control del peso y abstención de hábitos nocivos. Más allá del vaso de vino, la prevención de enfermedades y la promoción de la salud siguen dependiendo de hábitos globales y sostenibles, no de un único alimento o bebida.

Siguiente paso: proyecto Unati


Para aportar una evidencia más sólida, los investigadores de este estudio han impulsado el proyecto Unati (University of Navarra Alumni Trialists Initiative), "el mayor ensayo de intervención" sobre consumo de alcohol y salud realizado hasta la fecha "a nivel mundial". Desarrollado junto a más de 500 médicos de todo el país, prevé alcanzar los 10.000 participantes, de los que ya forman parte más de 7.000 personas en España.

Unati comparará el consumo moderado de alcohol frente a abstención "para esclarecer si los efectos observados en estudios previos se deben al alcohol o a otros hábitos saludables asociados al estilo de vida mediterráneo". El estudio sigue abierto a la incorporación de nuevos voluntarios, hombres y mujeres de entre 50 y 75 años que consuman alcohol de forma habitual. Además de analizar la salud cardiovascular y el riesgo de cáncer, el ensayo incorpora "pruebas objetivas y controles sistemáticos para garantizar la máxima precisión y fiabilidad de los datos".
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