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26 de septiembre de 2018 | Actualizado: Miércoles a las 17:20
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Estos son los 12 hallazgos que por casualidad revolucionaron la Medicina

El avance científico en sanidad no siempre ha sido un camino premeditado

Los descubrimientos casuales en medicina siguieron a lo largo del siglo XX.
Estos son los 12 hallazgos que por casualidad revolucionaron la Medicina
Redacción
Sábado, 21 de octubre de 2017, a las 11:00
La trayectoria de la profesión médica no siempre ha discurrido por la recta vía del método ciéntifico. Especialmente en sus fases iniciales, la Medicina serpenteó por los vericuetos de la prueba-error y dependió en gran medida de los hallazgos casuales, como fue por ejemplo el de la penicilina. Un reciente artículo de la publicación MedScape recopila 12 descubrimientos accidentales que revolucionaron la ciencia médica.
 
Este recorrido comienza con el holandés Anton van Leeuwenhoek, quien a mediados del XVII se fabricó un microscopio casero para, en principio, analizar la calidad de la tela, ya que era comerciante. Leeuwenhoek, sin embargo, no pudo sustraerse a su curiosidad y comenzó a escudriñar toda clase de cosas con el aparato: granos de pimienta (para saber por qué picaban), lengua de vaca… pero la sorpresa llegó al observar el agua de un charco. “Estos pequeñísimos animales a mis ojos eran más de 10.000 veces más pequeños que la mosca del agua, o el piojo del agua, que se pueden ver vivos y moviéndose en el agua”, dejó escrito. Acababa de descubrir los protozoos y abrir el campo de la Microbiología.

Siglo XIX
 
También fue más o menos casual el descubrimiento del óxido nitroso como anestésico que Humphry Davy (1778-1829) realizó a principios del siglo XIX. O el de las vacunas. En Reino Unido la sabiduría popular venía desde hacía siglos afirmando que quien enfermaba de la viruela vacuna, nunca contraía la viruela convencional, muy prevalente y con una altísima mortalidad. Basándose en ese mismo conocimiento, tanto el Imperio Otomano como la China de la dinastía Ming ya practicaban rudimentarias vacunaciones para la viruela siglos atrás. El médico rural británico Edward Jenner (1749-1823), dando crédito a las creencias de sus paisanos, fue el primero en probar científicamente cómo funcionaba la inmunización.
 
La naturaleza da pistas y el científico es aquel que sabe interpretarlas. Es también el caso de Robert Koch, que hacia 1881 dio con la clave del cultivo selectivo de bacterias observando como un trozo de patata podrida tenía zonas de distintos colores. Cada color correspondía a una colonia de bacterias. Muy similar y, aún más célebre, es el descubrimiento de Alexander Fleming (1881-1955), quien observó que staphylococcus aureus se había desarrollado en una placa de Petri que se había quedado a temperatura ambiente, excepto en zonas que se habían contaminado, de manera totalmente fortuita, por esporas de penicillium notatum, presentes en el aire.

Siglo XX
 
Los descubrimientos casuales en medicina siguieron a lo largo del siglo XX. La warfarina, que inició en 1940 la era de los anticoagulantes orales, se usó en principio como veneno para ratas. Se conocían sus propiedades sobre la coagulación, pero, obviamente, se descartaba que fuera apta para consumo humano. Un extremo que se descartó cuando un soldado intentó suicidarse tomándose un frasco de ese matarratas, sin ningún éxito. De manera muy similar, Harold Ridley postuló tras la Segunda Guerra mundial la posibilidad de implantar lentes intraoculares al observar como un piloto de guerra herido no había desarrollado reacciones adversas en sus ojos pese a tener incrustados pequeños fragmentos de plástico.
 
El descubrimiento de que el helicobacter pylori estaba detrás de la gastritis y úlcera péptica, en 1982, también tuvo importantes dosis de casualidad. Sus autores, Barry Marshall y Robin Warren, ya sospechaban que la causa de estas enfermedades podía ser una bacteria –una teoría que era ampliamente discutida por la comunidad científica–, pero hizo falta que mediase un largo puente festivo y unos cultivos bacterianos que se quedaron incubando más tiempo de la cuenta para que el patógeno quisiera mostrarse. Este descubrimiento, y el resto de los mencionados, se suma a una amplia lista de hallazgos médicos que también tuvieron elementos más o menos azarosos, como la angioplastia transluminal percutánea, las benzodiacepinas, la conexión páncreas/diabetes o los rayos X.