Taller práctico sobre RCP impartido por la SEMG en la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid.
El hall de la
Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid se transforma por unas horas en un aula poco habitual. Cinco esterillas ocupan el centro del espacio y, sobre ellas, varios
muñecos de bebé y de niños se convierten en protagonistas. Padres, abuelos y otros asistentes forman pequeños círculos de aprendizaje alrededor de ellos, reproduciendo las
maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) clave en casos de atragantamiento bajo la supervisión de distintos médicos de Familia de Castilla y León, que han acudido a compartir sus conocimientos y experiencia.
El objetivo de este taller organizado en la
VI edición de las Jornadas de médicos residentes y tutores de la
Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) es claro: dotar a las familias de
herramientas para actuar ante situaciones de emergencia comunes, como un atragantamiento infantil. "Es fundamental que en los centros de salud se organicen este tipo de talleres
para que la población sepa reaccionar cuando es necesario", subraya Beatriz Torres, médica de Familia del centro de salud de Roa (Burgos) y responsable del Grupo de Residentes y Jóvenes Especialistas de esta sociedad.
En la misma línea, Rodrigo Santos, médico de Familia en el centro de salud de Cantalejo (Segovia), afirma que deberían aumentarse porque los facultativos de esta especialidad detectan en general
"una falta de conocimiento" importante sobre estas maniobras acerca de lo que "se debe o no se puede hacer en este tipo de casos", destacando la figura de los
padres y abuelos como "primeros intervinientes" que los presencian, sobre todo en el hogar. Por este motivo, es primordial que sepan como reaccionar. "
Los primeros isntantes son fundamentales para sobrellevar la situación", insiste.
Beatriz Torres, responsable del Grupo de Residentes y Jóvenes Especialistas de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG).
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Torres explica cómo identificar correctamente
una obstrucción de la vía aérea. Hay señales de alarma que es fundamental reconcoer como "una tos muy intensa, un llanto débil o inexistente, posturas extrañas,
dificultad para hablar o llorar" e incluso que el tono de la piel comience a ser azulado.
Las dudas de los padres, arrodillados al rededor de las esterillas, son parecidas: ¿
Cuánta fuerza hay que aplicar las compresiones torácicas o escapulares? ¿Durante
cuánto tiempo? ¿
Cómo colocar correctamente su propio cuerpo y al pequeño? Los facultativos insisten en un punto clave: siempre hay que poner al bebé o niño sobre una superficie dura. Si el ahogamiento ocurre en la cuna o en la cama, lo primero es trasladarlo con cuidado al suelo o a otra
superficie firme antes de iniciar las maniobras. Solo así las compresiones serán efectivas y seguras.
Una madre junto a su bebé aprendiendo cómo identificar un atragantamiento.
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Entonces, ¿cuándo comenzar la RCP?
Uno de los mensajes más repetidos es
aprender a diferenciar cuándo intervenir y cuándo no. Si un niño tose mientras está sentado, por ejemplo en la trona,
no hay que tocarlo. En esos casos no existe una obstrucción completa y manipularlo podría empeorar la situación. La recomendación es animarle a toser,
sin golpearlo en la espalda.
Cuando la obstrucción ya es total,
las técnicas varían según la edad. En bebés de hasta un año, se colocan sobre el antebrazo del adulto, inclinado y con la cabeza hacia abajo. Se aplican
cinco golpes firmes entre las escápulas, siempre en dirección hacia la boca, y luego cinco compresiones torácicas agarrando al pequeño con dos dedos sobre el centro del pecho. Tras cada maniobra, se comprueba la boca y se retira el cuerpo que está dificultando la respiración "solo si es claramente visible".
Un momento durante el taller 'RCP pediátrica para padres y abuelos'.
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En niños un poco másmayores, la técnica consiste en cinco golpes en la espalda y
compresiones abdominales, colocando los puños entre el ombligo y el esternón y empujando hacia dentro y hacia arriba,
similar a la maniobra utilizada en adultos.
Los padres y abuelos presentes, algunos con bebés de apenas unos meses,
siguen cada explicación con atención y participan activamente en las prácticas. Cada movimiento, cada corrección individualizada,
refuerza un aprendizaje vital: saber actuar correctamente en los primeros minutos de una emergencia puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Madre practicando una RCP.
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Pérdida de conocimiento: cómo actuar
La formación continúa con la RCP en caso de pérdida de conocimiento. Si el niño respira, se coloca en
posición lateral de seguridad hasta la llegada de los servicios de emergencia. Si no respira, se inicia la reanimación:
cinco respiraciones de rescate seguidas de 30 compresiones y dos ventilaciones. En bebés pequeños, estas maniobras se realizan boca-nariz; en niños mayores, boca a boca, con compresiones efectuadas con el brazo estirado.
Rodrigo Santos, médico de Familia en el centro de salud de Cantalejo (Segovia).
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La prevención también comienza en casa
Torres también enfatiza en la prevención desde el propio hogar. Recomienda
no dar frutos secos enteros hasta los cinco años y extremar la precaución con caramelos, uvas, aceitunas o
alimentos cortados en trozos pequeños. Además, advierte sobre la necesidad de educar a los niños para que no se lleven a la boca
objetos cotidianos o de material escolar, como gomas, tapas de bolígrafos o pegatinas, que pueden provocar atragantamientos graves.
Un taller práctico, necesario y cercano, que convierte un espacio universitario en un
aula de aprendizaje vital, donde el conocimiento médico se traduce en
seguridad para los más pequeños y tranquilidad para las familias.
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