El fundador de la ONG Ayúdame 3D, Guillermo Martínez, explica a Redacción Médica cómo se organiza la cooperación

Ayúdame 3D envía prótesis  a Gaza para niños regugiados. Su fundador, Guillermo Martínez, lo cuenta en Redacción  Médica
Guillermo Martínez Gauna-Vivas.


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"No te acostumbras a esa sensación. Cada vez que cambiamos una vida, cada vez que entregamos un brazo y un niño puede volver a abrazar, a jugar con sus amigos o simplemente a vestirse solo, sentimos una adrenalina que permanece", relata Guillermo Martínez, fundador de la ONG Ayúdame 3D, en una entrevista con Redacción Médica. Está describiendo lo que para él es el mayor logro de su trabajo.

Martínez es Ingeniero Industrial y, hace casi una década, cuando todavía cursaba la carrera, una impresora 3D que apenas estaba aprendiendo a manejar dio un nuevo sentido a su vida profesional. “Me di cuenta que además de poder hacer dispositivos que me servían o que podía utilizar en casa, podía ayudar a la gente”, explica.  Fue entonces cuando sus conocicimientos pasaron a ponerse al servicio de las necesidades sanitarias de alguas personas.


El viaje a Kenia: un antes y un después


Fue un viaje  a Kenya lo que cambió todo. "En ese viaje no había personas amputadas de mano, sino de brazo completo. Uní la tecnología de la impresión 3D con mis conocimientos para crear el primer brazo para personas sin codo, con articulación por encima del codo. No existía nada similar desarrollado con impresión 3D", recuerda. Una vez allí, entregó cinco prótesis gratis a cinco personas distintas. A día de hoy aún las recuerda con especial cariño, ya que fueron el gérmen de algo que no ha parado de crecer. “Decidí que no se podía quedar en eso, sino que tenía que seguir ayudando en todo el mundo”, asegura.

A día de hoy, lo que comenzó en su habitación se ha convertido en un proyecto global que aspira a ser un "referente en tecnología social". De aquella impresora que Martínez guardaba en el armario han pasado a contar con una granja de 50 impresoras de alta calidad. Los materiales también han evolucionado: ahora son más elásticos, más resistentes, más rígidos y más ligeros, lo que permite fabricar dispositivos cada vez más precisos y adaptados a cada persona.

Pero la gran revolución ha sido la nube. "Tenemos laboratorios en países como Tanzania, Kenia o Sudáfrica. Desde aquí, desde Madrid, podemos activar el proceso y realizar el análisis a distancia. Es una especie de teletransporte de procesos que antes era impensable", explica. Además, en cada sede se ha formado a estudiantes en diseño y fabricación en centros 3D. "Ellos fabrican las prótesis para las personas de allí y se las entregan directamente. Eso nos facilita mucho el trabajo, reduce la huella de carbono y, además, ofrece oportunidades a jóvenes de distintos países para formarse en diseño 3D", afirma.

En la actualidad, Ayúdame 3D cuenta con una red de entidades repartidas por todo el mundo. Asociaciones, centros sociales, embajadas e instituciones se encargan de dar a conocer el trabajo y buscan personas que puedan necesitan este tipo de dispositivos. “Ellos saben cómo tomar medidas, cómo hacer las fotos y nosotros lo que hacemos es recibir información y crear el producto a medida”, cuenta

El equipo está formado por 12 personas, entre ingenieros biomédicos y mecánicos, además de profesionales sanitarios. "Nuestro trabajo consiste en crear el producto perfecto para cada persona que lo necesita. Lo diseñamos y fabricamos en España, desde cero. En ocasiones partimos de un modelo previo y rediseñamos alguna pieza, pero siempre lo adaptamos de forma personalizada", explica.

"Después lo enviamos a cualquier parte del mundo y, cuando es posible, viajamos para entregarlo en mano y enseñar cómo se utiliza y se ajusta. Si no, formamos a profesionales locales para que puedan acompañar a quienes lo necesitan", añade.


Cómo fue llevar la ayuda a Gaza


En este sentido, el auxilio de Ayúdame 3D ha llegado también a los afectados de Gaza.  Aquí el gran reto era entrar al territorio. “Fue la mayor barrera y al no conseguirlo en ese momento lo que hicimos  fue colaborar con entidades que ayudaban a niños refugiados que habían recibido amputaciones en el Cairo, Gaza y diferentes países y les entregaron directamente la prótesis”, recuerda.

En estos casos, lo más complejo fue lidiar con la parte traumática de la situación: había que convencer a los niños de que ese iba a ser su nuevo brazo. "Trabajamos mucho la parte psicológica. Es importante que el dispositivo sea lo más humano posible y que el tono de piel se asemeje al del niño, pero muchas veces es frustrante y doloroso, sobre todo al ver de dónde vienen estos niños y la injusticia de que no tengan brazo por algo tan terrible", confiesa.

Las noticias sobre ellos llegan cada mes o cada dos meses. Las ONG con las que colaboran son las encargadas de informar si el dispositivo se adapta bien, así como de solicitar nuevas pautas para que los niños puedan agarrar objetos. "Intentamos mantener el contacto desde el punto de vista de la terapia ocupacional, para ayudar a estos chicos a adaptarse al día a día", remarca. "No se trata solo de tener un brazo a nivel estético, sino de que ese brazo les sea útil en su vida cotidiana", sentencia.

Para él, ahí está el verdadero sentido de todo. El cambio no es solo el dispositivo, sino la mejora real en la calidad de vida de las personas. "Muchos niños que antes pedían en la calle ahora pueden asistir a la escuela. Hay adultos que antes no tenían trabajo y ahora pueden desempeñar un empleo básico, estándar o incluso profesional. También ha cambiado la dinámica familiar: antes no podían trabajar porque dependían totalmente de otros, y ahora también pueden tener empleos que mejoran su calidad de vida", concluye.
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