jue 23 abril 2020. 14.50H
La Oficina Europea de Patentes (EPO, por sus siglas en inglés) ha publicado el último EPO Patent Index donde se refleja que el sector farmacéutico fue en 2019, y por segundo año consecutivo, el que más solicitudes de patentes presentó en España.

Según recoge Farmaindustria, fueron 165 las patentes presentadas por este sector, seguido por el transporte y la tecnología sanitaria. Las solicitudes de patentes farmacéuticas suponen el 9 por ciento del total de las presentadas en nuestro país y se colocan a la cabeza de los 35 campos tecnológicos existentes.

En el contexto europeo, España es el octavo país de la Unión Europea en materia de patentes farmacéuticas solicitadas y concedidas; mientras que en la UE de los 27 estas solicitudes crecieron de media un 1,6 por ciento el año pasado, en nuestro país lo hicieron un 2,5 por ciento.

Asimismo, las realizadas en España representan el 7,2 por ciento de todas las solicitudes de patentes farmacéuticas en Europa. Este porcentaje es casi 3 veces mayor que el 2,8 por ciento por ciento de la cuota de nuestro país en el total de solicitudes de patentes.

Del mismo modo, las solicitudes de patentes farmacéuticas en España representaban hace una década el 5,9 por ciento del total de la UE, es decir, 1,3 puntos porcentuales menos que los datos de 2019 arrojados por este nuevo informe.

“El sector farmacéutico es estratégico para la sociedad, tanto por la naturaleza de su actividad, basada en el compromiso con la salud a través del medicamento, como por su aportación industrial y económica. Las administraciones públicas deben realizar una apuesta decidida por un modelo productivo basado en la I+D, y el ámbito farmacéutico es esencial para ello”, analiza Pedro Luis Sánchez, director del Departamento de Estudios de Farmaindustria.


La patente, motor de la innovación


“El crecimiento y el bienestar económico de España y del resto de países de la UE sólo será posible con una economía sólida e innovadora, basada en el conocimiento, con políticas que incentiven y protejan adecuadamente la propiedad industrial, ha añadido Sánchez.

Este es un aspecto que “no deben perder de vista los gobiernos, y ahora más que nunca, cuando hemos sido golpeados por una crisis sanitaria casi sin precedentes y cuando todas las miradas están puestas en la aparición de un tratamiento o vacuna contra el coronavirus”.

En este sentido, el director de Estudios de Farmaindustria recuerda que “la patente es el gran motor de la innovación”. No sólo porque la protección industrial estimula a las compañías a asumir el riesgo que implica la inversión en I+D, que en el caso de los medicamentos es especialmente alto (desarrollar un fármaco implica 10-12 años de investigación y más de 2.500 millones de euros), sino “porque la concesión de una patente conlleva hacer público ese conocimiento, lo que permite a otras compañías disponer de él y abrir nuevas líneas de investigación”.
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