Inés critica la falta de medios técnicos y el desplazamiento forzoso a Madrid para hacer la prueba médica

El MIR del silencio: la médica que exhibe un sistema que ignora la sordera
Instantes previos al inicio del examen MIR 2026 en las aulas habilitadas por el Ministerio de Sanidad en la propia sede ministerial.


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El examen MIR no empieza con la primera pregunta para todos los aspirantes; para Inés, comenzó con un viaje forzado a Madrid y la ansiedad de no escuchar su propio nombre en los llamamientos. Esta joven médica, con discapacidad auditiva y usuaria de prótesis, relata una carrera de obstáculos donde la logística ministerial y la falta de medios técnicos empañaron la prueba más decisiva de su vida. Mientras sus compañeros se examinaban en sus sedes habituales, Inés tuvo que pelear por la información entre el ruido del tráfico y la ausencia de subtítulos, evidenciando que, en el sistema sanitario español, la igualdad de condiciones sigue siendo una asignatura pendiente.

La logística representa el primer obstáculo. Mientras que los aspirantes sin discapacidad realizan el examen MIR en sus provincias de origen, todos los opositores con discapacidad de la península e islas son obligados a desplazarse al Ministerio de Sanidad en Madrid. Inés, que habitualmente reside en Albacete, lamenta haber perdido la última jornada de repaso en desplazamientos y llegó a la prueba con el cansancio acumulado del viaje. "Que cada persona con discapacidad de la península e islas tenga que desplazarse a la capital para ejercer su derecho a examinarse no me parece adaptar adecuadamente ni de forma igualitaria", explica a Redacción Médica. El agravio comparativo aumenta para quienes viajan desde las islas; la joven relata casos de compañeras que renunciaron a convocatorias previas al no poder costear el vuelo.

Barreras acústicas


A pesar de contar con un tiempo extra de 2 horas y 15 minutos, Inés aclara que no existieron adaptaciones específicas para su discapacidad auditiva antes ni durante el examen. La falta de megafonía y de subtítulos durante la lectura de instrucciones generó una "ansiedad innecesaria" en un momento de alta tensión. "Había tres personas gritando nombres y sin micrófono moviéndose por toda la sala", recuerda sobre el momento del llamamiento, donde tuvo que depender de la ayuda de otros opositores para no perder su turno. Aunque destaca el trato amable del personal, matiza que la accesibilidad no debería depender de la voluntad individual, sino de un protocolo establecido.

De cara a la residencia, Inés optará por una plaza 100% vocacional, aunque reconoce que su integración dependerá en gran medida de su capacidad de negociación y de su propio bolsillo. Para ejercer con seguridad, detalla la necesidad de herramientas como fonendoscopios adaptados con conexión a audífonos o teléfonos de guardia con Bluetooth. La futura residente lamenta que el Sistema Nacional de Salud no esté preparado institucionalmente para su incorporación. "Siento que tengo que demostrar mi validez como médica más que mis compañeros y que, a pesar de ser sorda, soy buena profesional", argumenta.

Inés anticipa que su formación como MIR será una prolongación del esfuerzo realizado durante la carrera y el instituto. Para ella, la discapacidad en el entorno sanitario añade una presión extra de excelencia que el sistema no compensa con recursos. "Las personas con discapacidad auditiva no podemos permitirnos el lujo de simplemente ser", concluye.
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