Gonzalo Mariscal, director del Departamento de Computación y Tecnología en la Universidad Europea de Madrid.
Las gafas de inteligencia artificial (IA) han llegado al
MIR 2026. Así lo ha confirmado el Ministerio de Sanidad a
Redacción Médica. El pasado 24 de enero, día que tuvo lugar la prueba, en una de las sedes de Santiago de Compostela en las que se realizaba el MIR,
expulsaron a un aspirante cuando detectaron que llevaba unas gafas con esta tecnología. Cuando los interventores se dieron cuenta, le retiraron las gafas y se calificó su examen con un cero. Desde Sanidad afirman que
es el único caso detectado en la convocatoria.
Esta noticia no sorprende a docentes como
Gonzalo Mariscal, director del Departamento de Computación y Tecnología en la
Universidad Europea de Madrid. “Aquí vemos en el día a día muchas de las cosas que luego pueden pasar en exámenes más oficiales como el MIR. Y nos hemos encontrado alguna circunstancia de estudiantes que llevan este tipo de gafas inteligentes y
hemos intentado remediarlo desde antes de que comience el examen, evidentemente”, afirma. Aunque darse cuenta de quién hace un uso fraudulento de estos dispositivos no es siempre fácil: “Al final, cuando nosotros nos enteramos que existe esto,
probablemente ya haya estudiantes que lo hayan utilizado sin ni siquiera percatarnos”, puntualiza Mariscal.
El director del departamento piensa que la utilización de estas herramientas recuerda a la época en la que
se tenía una preocupación especial por los pinganillos, pero en “una versión más avanzada”. Esto se debe a que
estas gafas pasan bastante desapercibidas:
“Es normal que cada vez ese tipo de tecnología pase más inadvertida. Tiene grandes capacidades para leer textos, traducirlos, mandar información al móvil que con una IA generativa te da la solución al problema por unos altavoces que solamente escucha la persona que las lleva puestas”, puntualiza.
¿Qué se puede hacer para detectarlos?
A raíz de que se dieran a conocer estos dispositivos, Mariscal cuenta que los propios docentes del departamento
empezaron a fijarse más en sí estas herramientas estaban presentes en sus aulas. “Algún profesor me ha transmitido que ha detectado que algún estudiante llevaba este tipo de gafas y
automáticamente les dijo que no las podía llevar durante el examen”, explica, alegando que, aún así, las diferencias son casi imperceptibles. Cuando se le pregunta qué se puede hacer para evitar su uso en clase, opina que
“la labor del docente no es ser policía”. Aún así, piensa que las personas que evalúan tienen que intentar garantizar, dentro de las herramientas que se les pueda proporcionar,
“que estas pruebas sean lícitas y que se apruebe de la misma forma”.
Uno de los obstáculos que se encuentran para comprobar si están usando dispositivos como las gafas con
IA, es que
los estudiantes pueden escudarse en su privacidad para impedir que se les inspeccione. “A un estudiante le dices que se quite la gorra y se puede entender, pero decirle a otro que se quite las gafas y que alegue que son graduadas pues, o lo tienes muy claro o tampoco te puedes meter en esa polémica.
Es un tema complejo”, admite.
Para paliar esta situación, Mariscal piensa que
habría que dotar a los docentes de una serie de instrumentos para detectar más fácilmente estos dispositivos, como
inhibidores de frecuencia o poder poner los móviles en algún “artilugio” donde no tengan cobertura. “Estas gafas se conectan a través de un dispositivo móvil. Entonces, realmente, si no tienen acceso al móvil, no pueden utilizar esas gafas”, estima. Pero todo esto, insiste,
tiene que tener un soporte legal para poder realizarse sin problemas.
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