Dispensación con cupón precinto en una oficina de farmacia.
Durante décadas, el sonido del cúter recortando
cupones precinto ha formado parte de la trastienda de miles de farmacias españolas. Un trabajo invisible para los pacientes, pero imprescindible para
justificar ante la Administración los medicamentos dispensados y garantizar su posterior cobro.
La aprobación del nuevo sistema de verificación digital supone el principio del fin de esa imagen cotidiana y abre
una nueva etapa marcada por la trazabilidad electrónica.
Redacción Médica ha consultado a dos
farmacéuticos titulares que valoran positivamente el cambio, aunque advierten de que el éxito de la medida dependerá de una implantación tecnológica sin fallos.
Del papel al código QR: menos tijeras, más trazabilidad
Joaquín Ramírez, farmacéutico titular en Canarias, considera que
la medida supondrá una simplificación evidente de muchos procesos administrativos que hasta ahora consumían tiempo y recursos. "No vamos a tener que estar escaneando los precintos, recortando los precintos y poniéndolos en las hojas. Luego revisando las hojas de precinto de que no falte ninguno", explica.
En realidad, buena parte de la infraestructura necesaria ya existe. Desde hace años, las farmacias escanean los códigos identificativos únicos de los envases para verificar su autenticidad antes de dispensarlos. Según Ramírez, la diferencia es que
ahora desaparecerá el paso adicional asociado al cupón precinto físico. "Todas las cajas son validadas con el QR, así que realmente va a ser bastante sencillo", señala.
La digitalización también pone fin a la
gestión mensual de miles de cupones físicos. "Una farmacia tiene que entregar a final de mes todos los precintos que se han dispensado durante ese mes. Cualquier precinto que se pierda luego el sistema sanitario no te lo paga o no te lo abona", recuerda. Con el nuevo modelo, ese riesgo administrativo desaparece prácticamente por completo.
Además del ahorro de tiempo, Ramírez destaca el
impacto medioambiental de una medida que reducirá significativamente el consumo de papel y simplificará los procedimientos de control por parte de la Administración. "Se van a ahorrar millones de hojas de papel", afirma. Un optimismo que viene acompañado de una condición y es que la tecnología funcione correctamente. "La importancia va a ser
que el sistema informático esté a la altura de las circunstancias", resume.
Que ningún fallo informático retrase una dispensación
Esa misma idea aparece en el análisis de Gerino García, farmacéutico titular en Madrid, que ve en la reforma una oportunidad para
liberar a las farmacias de tareas burocráticas y dedicar más tiempo a la atención sanitaria. "Es un gesto que mis pacientes ni siquiera ven, pero que se ha llevado un montón de horas que podrían haber ido a otra cosa: a atenderles mejor", explica al recordar los años dedicados a recortar cupones precinto.
Para García, "la farmacia tiene que modernizarse si quiere seguir siendo el punto sanitario más cercano y accesible para el ciudadano", por lo que considera que
los sistemas digitales aportan ventajas en seguridad y trazabilidad "que nos protege a todos frente a las falsificaciones y nos quita tareas mecánicas de encima"
No obstante, advierte de que
el cambio introduce nuevos riesgos. Si antes el problema podía ser un cupón perdido o mal recortado, ahora la preocupación se traslada al ámbito digital. "La primera, que el cobro depende ahora del dato y no del papel", subraya. En consecuencia, "un medicamento mal escaneado o sin desactivar puede convertirse en un problema de facturación".
La principal inquietud de ambos farmacéuticos es que
posibles incidencias técnicas acaben afectando a la dispensación o a la viabilidad económica de los establecimientos. García insiste en que "la transición tiene que garantizar que ninguna farmacia deje de cobrar lo que dispensa por un fallo técnico"y reclama que la implantación sea homogénea y no genere desigualdades entre oficinas de farmacia. "Todo descansa sobre nuestro software y su integración con los sistemas de cada comunidad autónoma", apunta.
En cualquier caso, los titulares comunitarios coinciden en que
el verdadero beneficiario del tiempo ganado debe ser el paciente. Menos burocracia y menos papel deberían traducirse en más atención farmacéutica. "El tiempo que ganemos quitándonos papeleo tiene que volver al paciente", concluye García.
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