Más del 80% de los adolescentes, según la OMS, no alcanzan los niveles mínimos recomendados de actividad física

"El sedentarismo afecta a la salud física y emocional de manera silenciosa"
Susana Moral, profesora en la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte.


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El sedentarismo se ha consolidado como uno de los principales problemas de salud pública del siglo XXI. Las largas jornadas frente a pantallas, el uso excesivo de dispositivos electrónicos y la falta de movimiento son factores que contribuyen al incremento de enfermedades crónicas evitables. “Es una situación que afecta progresivamente la salud física y mental”, destaca Susana Moral, profesora en la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte.

Los efectos del sedentarismo se manifiestan a corto plazo con la pérdida de masa muscular, dolores articulares o fatiga generalizada. A largo plazo, sin embargo, el riesgo se incrementa con el desarrollo de enfermedades como la diabetes tipo 2, hipertensión arterial, obesidad e incluso osteoporosis y sarcopenia. “La inactividad física deteriora el metabolismo, reduce la sensibilidad a la insulina y debilita el sistema inmunológico, generando un entorno propicio para las patologías crónicas”, explica la experta.

En este contexto, Susana Moral subraya que no es necesario comenzar con entrenamientos intensos para romper con la inactividad. Actividades simples, como caminar, subir escaleras o hacer pequeñas pausas activas durante el día, pueden ser un primer paso significativo hacia la transformación de la salud. “Realizar pequeñas ‘píldoras’ de movimiento es una estrategia muy útil para personas que llevan años sin entrenar. Lo importante es que se convierta en hábito”.

Con el tiempo, se recomienda adoptar un enfoque más estructurado que incluya ejercicios de fuerza varias veces por semana, así como actividades que fomenten la movilidad, el equilibrio y el trabajo cardiovascular. Este tipo de rutinas son esenciales, ya que ayudan a preservar la masa muscular y la densidad ósea, aspectos clave para mantener la autonomía en la edad adulta.

Además de los beneficios físicos, el impacto sobre el bienestar mental es igualmente significativo. “El ejercicio regular estimula la liberación de endorfinas, serotonina y dopamina, que mejoran el estado de ánimo y combaten el estrés y la ansiedad”, añade la profesora de la Universidad Europea. Por lo tanto, incorporar actividad física no solo mejora la salud física, sino que también fortalece la autoestima, la calidad del sueño y la capacidad de concentración.

En su experiencia profesional, Moral ha comprobado que, incluso tras años de vida sedentaria, los cambios positivos son evidentes, porque “mejora la energía, la movilidad, la postura y la motivación para adoptar otros hábitos saludables, como una mejor alimentación o descanso”.

La clave para lograr estos beneficios radica en la constancia, la progresión adaptada y el acompañamiento profesional. Susana Moral afirma que “la evidencia científica demuestra que nunca es tarde para empezar. Incluso pequeños cambios diarios pueden marcar una diferencia significativa en la salud física, mental y emocional”.
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