Redacción Médica
19 de julio de 2018 | Actualizado: Jueves a las 10:05
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Enfermería da 7 claves a los profesionales para los campamentos de verano

Protegerse del sol, hidratarse de forma asidua y respetar el descanso de los menores, son algunas de ellas

Máximo González Jurado, presidente del CGE.
Enfermería da 7 claves a los profesionales para los campamentos de verano
Redacción
Jueves, 06 de julio de 2017, a las 15:20
El Consejo General de Enfermería (CGE) ha lanzado una serie de recomendaciones para garantizar la seguridad y la salud de los niños durante su estancia en los campamentos verano, especialmente en aquellos donde no se contemple la figura de una enfermera en la plantilla. Y lo ha hecho en colaboración con la Escuela Internacional de Ciencias de la Salud (EICS) dirigido especialmente a padres, profesores, monitores y niños.

En estos casos, alerta la institución, es posible que “se incremente el riesgo de que cualquier percance de salud acarree graves consecuencias y secuelas” que pueden evitarse si un profesional sanitario de estas características proporciona la asistencia al menor. El CGE habla de ahogamientos, traumatismos, heridas graves, quemaduras solares y shock anafilácticos como los principales riesgos a los que se exponen los más pequeños. 

La presencia de Enfermería da seguridad a los menores

“Campamentos y colonias suelen tener lugar en localidades pequeñas, a veces alejadas de núcleos urbanos y las actividades físicas y lúdicas que se llevan a cabo no están exentas de riesgo, desde pequeños cortes o traumatismos a picaduras o intoxicaciones”, alerta Máximo González Jurado, presidente del Consejo General de Enfemería. “Para padres y monitores, la presencia permanente de un profesional de Enfermería significaría que los menores están más seguros. Sin embargo, sólo en los campamentos con niños que sufren alguna patología se suele contar con esta figura”. “De hecho y por desgracia, no es la primera vez que un menor sufre un grave accidente –o incluso pierde la vida- por una causa evitable, asegura. La elevada prevalencia del asma infantil, las alergias o intolerancia o dolencias crónicas como la diabetes requieren de un control riguroso por parte de un profesional”.

En primer lugar, estas recomendaciones hablan de contar con protecciones adecuadas (casco, rodilleras, coderas…) a cada actividad para prever heridas y traumatismos. “Como es inevitable que los niños se hagan heridas, es esencial lavarlas con agua y jabón”, explica Alejandro Blanco Aoiz, enfermero y profesor de la Escuela Internacional de Ciencias de la Salud experto en Urgencias y Emergencias, quien también recomienda a monitores o padres observar la gravedad de la herida y si se considera de importancia o se ve infectada debemos acudir a la enfermera para que nos oriente en el tratamiento adecuado.

Asimismo, se deben potenciar los periodos de descanso (tanto físico como mental) de los niños, porque en verano hay más horas de luz. Además, recomienda a los padres estar seguros que los hijos naden perfectamente cuando acudan a una piscina o playa, además de que se aseguren de que siempre estarán vigilados por un adulto.

Protección contra la radiación del sol

Otros de los grandes protagonistas del periodo estival son el calor y el sol. Por esta misma razón, se pide proteger a los menores con gorras, camisetas finas de manga larga y crema solar de alta protección. De hecho, el enfermero recomienda elegir bien la crema y consultar a la enfermera del campamento si no se tiene información para comparar entre productos.

Por otro lado, los responsables del campamento y los padres no deben olvidar que los niños tienen menos reservas de agua, por lo que es esencial enseñarles a hidratarse de manera asidua (con comidas frescas y ricas en agua y proporcionarles siempre una botella en la mochila).

En cuanto a los desplazamientos, el experto recomienda utilizar sillas adecuadas al peso de los menores y concienciarles de que son imprescindibles a la hora de subirse al coche. Por último, recuerda contar con un repelente pediátrico para reducir la envergadura de las picaduras de los insectos –muy frecuentes en esta época–.