Paula Roma, enfermera.
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Si tuviera una pesadilla sería volver a ser enfermera". Con estas duras declaraciones arranca su relato
Paula Roma, quien hace un año tomó la drástica decisión de abandonar la Enfermería. No lo hizo por falta de pasión, cuenta a
Redacción Médica, sino por dos aspectos que considera negativos y que rodean a la profesión:
el clima laboral "hostil" y el nulo reconocimiento de su especialidad EIR en los contratos. Por eso, marcharse ha sido un "alivio" con el que ha logrado mejorar su salud física y mental. "Espero no volver nunca", se ha sincerado.
Desde que tomó la decisión de
abandonar la Enfermería, Roma se ha dedicado a viajar, una actividad que, como enfermera, casi no ha podido disfrutar. "Estoy ahora mismo en Indonesia", afirma entre risas, mientras recuerda el momento en el que decidió convertirse en profesional sanitaria.
"Me gustaba Magisterio y
Enfermería. Mi familia está plagada de profesores, pero no de sanitarios. No tenía ninguna referencia sobre esta profesión más allá de lo que veía en series, como Anatomía de Grey", ha explicado. Sin embargo, era demasiado aficionada
del mundo sanitario como para no decantarse por él y decidió formarse como enfermera. "No solo quería realizar técnicas con los pacientes, sino trabajar con ellos en el día a día", ha subrayado.
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La universidad fue una etapa maravillosa y por aquel entonces nadie podría adivinar que Roma acabaría sintiendo rechazo por esta profesión. "
Me encantaron las prácticas de salud mental", ha subrayado, y por esta experiencia, una vez que terminó la facultad, decidió
preparar el examen EIR.
Prepararse el examen EIR tras terminar Enfermería
La
desilusión por la Enfermería no tardó en llegar. Mientras estudiaba la preparación aceptó su primer contrato como enfermera, donde descubrió una realidad que ella no se imaginaba. "
Encontré un clima laboral muy hostil", ha aseverado, recordando que ella solo tenía 22 años cuando comenzó con su trayectoria laboral.
No fue el único rechazo que sintió durante su primera experiencia laboral. Además de las actitudes de algunos de sus compañeros, esta enfermera descubrió que el sistema de contratos no era el que esperaba, lo que le llevó a aumentar esa decepción por la profesión. "
Cada semana tenía uno distinto y todos eran inestables. Me contrataban en una planta y cuando llevaba un mes y me había hecho, esta cerraba y me mandaban a otro lado. Incluso hubo una temporada que cada día, cinco minutos antes del turno, me mandaban a un servicio totalmente distinto”, ha lamentado. Fue una época en la que Roma lo pasó realmente mal. "
Me sentía insegura, y reforzó mi idea de querer especializarme", ha enfatizado.
La realidad de las enfermeras después del examen EIR
El objetivo ahora era aprobar el examen EIR y obtener una plaza. Si lo lograba, Roma creía que sus problemas quedarían atrás y disfrutaría de lo que realmente es la Enfermería. Y así lo creyó tras conseguir su meta y formarse durante dos años como residente en Salud Mental. "Estuve muy feliz.
Gané incluso el premio a la mejor residente del hospital", ha reconocido. Sin embargo, en cuanto tuvo su título de especialista y quiso que la contrataran, se volvió a dar de bruces con la "realidad" de la profesión.
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Mi servicio de Psiquiatría me dijo que me contratarían, pero que no me pagarían ni me reconocerían mi título como especialista. Y eso también me perjudicaba en la bolsa de empleo, porque si no ejerzo como tal, no consigo puntos de especialista, y nunca podría conseguir otro contrato de ello", ha lamentado.
Decepción de una enfermera con la profesión
Aun así, intentó que esa decepción no la afectase más de la cuenta y buscó otras alternativas.
Decidió cambiar de comunidad autónoma en busca de un contrato que sí reconociera su especialidad. "Parecía que lo había encontrado. Me ofrecieron uno para ejercer en la planta de Psiquiatría como enfermera especialista, pero tras esperar un mes me volvieron a decir que eso no iba a ser posible, y
que si quería el puesto sería sin reconocer mi titulación", ha subrayado.
Este fue un punto de no retorno. "Hasta aquí", pensó Roma. La frustración que sentía tras haber dedicado siete años de su vida en formarse era indescriptible. Así que, tras poner en una balanza los aspectos positivos y negativos de la profesión, terminó decidiendo
que esa vida no estaba hecha para ella y abandonó la Enfermería. "Demasiado sacrificio para algo que es un trabajo. No puede girar tu vida en torno a ello", ha resaltado.
La salud física y mental de una enfermera al dejar la Enfemería
Una decisión de tal magnitud no es fácil tomarla. Roma se sintió "mentalmente triste". No obstante, también físicamente mejor y, sobre todo, más "aliviada". "La situación me estaba pasando factura. Tenía muchos nervios.
Me llegó a salir un herpes en la espalda”, ha contado. Sin embargo, no ha querido desperdiciar el conocimiento que ha adquirido durante todos estos años. Por eso, en la actualidad,
está terminando un máster de profesorado para convertirse en docente de FP de grados sanitarios.
Aunque el futuro de Roma es incierto, por ahora está aprovechando el tiempo disponible que tiene para viajar y ver mundo. Estos últimos meses ha recorrido el
Sudeste Asiático mientras termina de forma telemática su máster, pero lo que espera es
no volver a ejercer en la Enfermería "nunca más".
Este sentimiento de Roma no es un caso aislado. Aunque por motivos diferentes,
más del 60 por ciento de las enfermeras españolas ha pensado en dejar la profesión, en su caso, por la falta de conciliación. Así lo demuestran los datos de una macroencuesta organizada por Satse, que revela una realidad poco visibile pero que requiere ser abordada para mejorar tanto las condiciones de las profesionales como el sistema sanitario en general.
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