La hipertensión, la diabetes y el tabaquismo producen más infartos en ellas que en los hombres

La enfermedad cardiovascular mata a 8.000 mujeres más que hombres cada año
Antonia Sambola y Milagros Pedreira.


08 mar 2022. 12.00H
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Con motivo de la celebración este martes, 8 de marzo, del Día Internacional de la Mujer, el Grupo de Trabajo de Mujeres en Cardiología de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) recuerda que la enfermedad cardiovascular continúa siendo la primera causa de muerte en la mujer en Europa y Estados Unidos. En España, en 2020, último año del que hay datos disponibles, fallecieron casi 8.000 mujeres más que hombres por esta causa, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

La detección temprana y el manejo de los factores de riesgo cardiovascular siguen siendo fundamentales para mejorar la salud cardiovascular de las mujeres y reducir la mortalidad precoz. Sin embargo, tal y como recuerdan desde el Grupo de Trabajo de Mujeres en Cardiología de la SEC, estos son más prevalentes en las mujeres que en los hombres que ingresan en los hospitales. Se sabe, por ejemplo, que el 50 por ciento de las mujeres ingresadas por infarto agudo de miocardio tiene más de tres factores de riesgo.

Además, “cada vez hay más evidencia de que las diferencias biológicas pueden afectar la expresión clínica de los factores de riesgo cardiovascular, lo que puede suponer una mayor probabilidad de enfermedad cardiovascular para las mujeres en comparación con los hombres”, recuerdan desde el Grupo de Trabajo de Mujeres en Cardiología de la SEC.

La hipertensión, la diabetes mellitus tipo 2 y el tabaquismo son factores de riesgo más potentes de isquemia miocárdica en las mujeres que en los varones. “Así, por ejemplo, el tabaquismo y la diabetes confieren a la mujer un 45 por ciento y un 25 por ciento más de riesgo cardiovascular que al hombre respectivamente”, detalla Antonia Sambola, una de las coordinadoras del Grupo de Trabajo de Mujeres en Cardiología de la SEC.

Más allá de los factores de riesgo clásicos


Pero además de la fuerte evidencia de que los factores de riesgo clásicos; es decir, la hipertensión, la dislipemia, la diabetes, la obesidad, el sedentarismo, la dieta poco saludable y el tabaquismo, contribuyen al desarrollo de la enfermedad cardiovascular; existen otros importantes, pero poco conocidos, que contribuyen a la aparición de enfermedad cardiovascular en la mujer. “Factores psicosociales como la depresión, el aislamiento o el estrés inciden con mayor dureza en la mujer confiriéndoles el doble de riesgo de desarrollar enfermedad coronaria que a los hombres”, dice Milagros Pedreira, también coordinadora del Grupo de Trabajo de Mujeres en Cardiología de la SEC.

Por otro lado, no hay que olvidar la existencia de factores de riesgo exclusivos del género femenino que pueden aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, como son los antecedentes obstétricos y ginecológicos, entre ellos la preeclampsia, la eclampsia, la diabetes gestacional, el parto prematuro, la menopausia prematura y el síndrome de ovario poliquístico. Los trastornos autoinmunes sistémicos, que afectan más frecuentemente a la mujer, también incrementan el riesgo cardiovascular.

La salud cardiovascular de la mujer, responsabilidad de todos


A pesar de todas estas evidencias, el Grupo de Trabajo de Mujeres en Cardiología de la SEC constata que “no hay información sobre la prevalencia de las patologías cardiológicas más importantes en la mujer” y que “existe una inequidad manifiesta en la aplicación de las guías de práctica clínica en comparación con el hombre”. Tampoco se dispone de datos suficientes sobre los resultados de diferentes procedimientos terapéuticos en la mujer con enfermedad cardiovascular.

Sambola y Pedreira coinciden en que reducir la carga de enfermedades cardiovasculares en las mujeres es un objetivo “ambicioso, pero imperativo y valioso”, especialmente porque, a pesar de los patrones heterogéneos de enfermedades y factores de riesgo entre países y contextos, con intervención, gran parte del riesgo puede modificarse y mitigarse.

No obstante, en muchas ocasiones y por múltiples condicionantes, entre otros la asunción de un rol social y familiar de cuidadora o la baja percepción de la enfermedad cardiovascular como una amenaza real, el autocuidado y el conocimiento de los factores de riesgo no son una prioridad en la atención a su propia salud. “Contribuir al cambio de actitud en las mujeres es responsabilidad de todos: las propias mujeres, los profesionales sanitarios, los medios de comunicación, la administración sanitaria y toda la sociedad”, concluyen desde el Grupo de Trabajo de Mujeres en Cardiología de la SEC.
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